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Latinoamericanismo
I – El triángulo filosófico uruguayo
por Héctor Valle
Hundir
las manos en la tierra para percibir su textura y peculiaridad.
Tal la tarea de nosotros, latinoamericanos que, desde el
pensamiento filosóficos y afincados en este Uruguay, nos cabe
mirar en torno a aquel triángulo filosófico cuyos ángulos están
conformados por Carlos Vaz Ferreira, Arturo Ardao y Carlos
Quijano. Pensadores que van desde el Uruguay premoderno al de
fines del siglo XX, esencialmente.
Triángulo sin cuyo conocimiento y comprensión, mal podremos
avanzar en el esclarecimiento de una identidad que, conjugada
con los otros pueblos de la región, permita avanzar hacia la
otra fase de la integración del crisol de pueblos que componen
esta nuestra América Latina.
Claro está que al hacerlo, habremos de realizar la otra tarea,
la de recabar en el hacer político y en la gesta de de nuestros
pueblos hacia tal estado de madurez, una exploración de aquellos
grandes hombres y mujeres que supieron dan lo mejor de sí y
plasmarlo en acciones societarias de especial alcance y
proyección, dando un marco referente que permita espejarse a
nuestra juventud, y construir su propio destino, bien como
atender el desencanto profundo que aun notamos, por qué no
decirlo, en la mayoría de las gentes que los componen.
Así también lo expresa el maestro Leopoldo Zea, al advertirnos
hace ya largo tiempo que a la filosofía latinoamericana le toca
encontrar su propia identidad particular, manifestando que
únicamente después de realizada tal labor se podrá ingresar a
una visión más vasta, más abarcadora. Aspecto éste sobre el cual
volveremos pues a nuestro entender es importante recrear esta
afirmación si bien coincidimos con el ilustre pensador en que
América Latina es un claro ejemplo de síntesis racial y
cultural, que merece sea creado un proyecto cultural que
atienda, aquí sí desde sus orígenes y basado en ellos a un
presente que abarque su relación con el mundo, desde una salida
tan tolerante como desmitificador, sin preconceptos ni
prejuicios.
América Latina antes que sustantivo es morada de un pueblo
variado en etnias y dialectos pero con una historia y un destino
común. Independiente en lo cultural, muestra también en su
música, como en su narrativa y ni qué hablar en su poesía, unas
tonalidades desconocidas para el mundo. Porque, a diferencia de
otros, parten de la forja del crisol de sus gentes que pese a
una miseria tan ancha como matizada, aprendieron a ser libres
sin antes haber sido domesticados.
Incluso su mensura del tiempo, su andar cansino, habla de una
presencia ante la vida, en la cual antepone el “estar” del indio
–recordando al antropólogo argentino Rodolfo Kusch- al “ser” del
europeo.
La latinidad, como expresara la profesora venezolana Ledys Lima,
es una fuerza mayor que nace y se proyecta del mismo pueblo que
la posee, expresándose en una presencia ante la vida, lo
reiteramos, descontraida y austera; alegre y abierta; sin
puertas con tres cerraduras y sin horas fijas para el disfrute
de lo mejor de lo humano: la amistad.
Arturo Ardao: Razón e Inteligencia
Para entender la propuesta de Zea hay que escuchar primero a
Ardao cuando promueve una filosofía primera con bases en una
antropología filosófica que tanto la sustente como nutra en su
identidad sin que con ello, repito, la condicione y menos la
encorsete, algo que invalidaría, por ser justamente su opuesto,
a toda filosofía que pretenda el despliegue del espíritu en el
vasto horizonte del presente activo.
El maestro Arturo Ardao, que desarrollara la idea de
“espacialidad de la psique”, al conectar “espacio” con
“inteligencia”, diferenciándola a su vez de la razón. Es que el
filósofo uruguayo expresa y encuentra en su “lógica concreta”, a
la que da lugar en la historia de la lógica y a través de la
cual se ocupa de la relación entre el orden racional y el orden
práctico. Resultado entonces, como bien alega Jorge Liberati, de
la evolución de la inteligencia a partir de la experiencia
humana.
Para Ardao, vale enfatizarlo, la inteligencia es el dominio
contenedor de la razón que da causa, tanto en su obra como en su
prédica docente, a la lógica latinoamericana, especialmente.
Siendo que para él, una cosa es la razón, facultad del sujeto en
tanto que sujeto racional; y otra, la inteligencia,
facultad del sujeto en tanto que sujeto inteligente,
inmediata aprehensora supralógica de toda la compleja relación
viviente –intelectual, pero además activa y afectiva- entre el
objeto conocido y el sujeto que conoce .
Como buen latinoamericano y hombre sensible que fue, Arturo
Ardao asignaba un rol por demás destacado en el campo del
conocimiento y de la comunicación, a la poesía.
En estas pocas frases, las suyas y las nuestras, ya podemos
dibujar el semblante del librepensador, del hombre sin
cortapisas ideológicas que elabora su reflexión desde una
realidad tal que abarca en la llanura de su tierra, un horizonte
tan vasto como seductor.
Tenemos, pues, al exponente de la inteligencia sensible que se
apoya en una lógica concreta para existir racionalmente y en
sociedad, no olvidando, luego, al maestro Carlos Vaz Ferreira y
su tenaz magisterio por la indagación puntual, serena y abierta,
remarco, de cada asunto que se nos presente, desde la
contextualización de la hora en que lo vive.
Sólo que Ardao avanzó en la ponderación de lo sensible, más allá
del maestro en tanto éste profundizó, magistralmente, en la
indagación misma de las cuestiones que el hombre se plantea, en
su formulación y en el despeje de aquellas partículas que
impiden ver el problema en su dimensión más cruda y real.
Uno y otro, ambos maestros del pensar libre, hablan de la
condición latinoamericanista, de la persona que en la inmensidad
de la llanura, se para ante la vida y ante sí misma, irguiendo
consigo su pensamiento desde que el mismo conlleva la voz de su
conciencia: el imperio de la ética.
Lógica de lo concreto, retomando la idea de Ardao, que busca
atender antes que al objeto, al sujeto en su modo de razonar.
Dice el maestro que en la marcha de las partes al todo, la razón
articula y la inteligencia abraza. Otorga, a su vez, a la razón
la explicación lógica, en tanto que a la inteligencia, la
comprensión psico-lógica.
En el pensamiento de Ardao, como ya podemos apreciar, está
presente el “estar” latinoamericano, lo sensible, en unión con
lo racional. Hablo de ese espíritu que partiendo del indígena y
su relación con la vida, hoy nos impregna a todos los habitantes
de este espacio latinoamericano.
Enseña Arturo Ardao que si el orden lógico tradicional es el
orden de la razón identificadora, el otro orden es el de la
inteligencia creadora, cuya tarea de ordenamiento comienza antes
de la lógica, para luego generarla, asumirla, incorporársela y
sobrepasarla en su misma dirección, sin dejar de seguir
conteniéndola dentro de sí.
Lejos estamos, ciertamente, de despejar incógnitas bien como
reflexionar sobre la obra de Ardao, cuando apenas lo que hemos
hecho fue decir su nombre y enumerar algunos conceptos por él
vertidos.
El maestro del pensamiento filosófico uruguayo, en suma, lejos
de oponer razón e inteligencia, complementa y armoniza los
conceptos, dando sí, énfasis y alcances diferentes a uno y al
otro:
- ”La razón asume el movimiento –externo e interno- desde fuera
de él; la inteligencia es, ella misma, movimiento”.
- “La cantidad, dominio favorito de la razón; la cualidad, de la
inteligencia”
- “La razón contrasta con la vida; la inteligencia no sólo
armoniza sino que fraterniza con ella.”
- “La inteligencia posee siempre, en mayor o menor grado,
tonalidad (afectiva) y entonación (activa); la razón debe
excluirlas.”
Van estos conceptos de nuestro maestro, bien para ser pensados y
trabajados en su complejidad como en su llaneza, bien para
demostrar lo meramente inaugural de estas líneas.
Carlos Vaz Ferreira y el racionalismo razonable
El filósofo Carlos Vaz Ferreira fue, si me permiten, el
exponente de la libertad sensible. Fue, también, o
principalmente, el ejemplo de lo que la ACTITUD puede, máxime si
la confrontamos con las IDEOLOGIAS.
Iniciada su actividad docente a fines del siglo XIX, en igual
época comienzan a aparecer sus obras, desde lo psicológico a lo
lógico,ambas obras de carácter didáctico, alcanzando en 1910 el
punto más elevado de su obra con la publicación de la LOGICA
VIVA, que tuvo su génesis en otras dos elaboraciones realmente
magistrales, cuales fueron Los Problemas de la Libertad (1907),
Conocimiento y Acción (1908), Moral para intelectuales (1908) El
Pragmatismo (1909) y Lógica Viva (1910)
Convenimos con Ardao en que por debajo de aquellas hay un
movimiento único del espíritu, un mismo ritmo de la conciencia,
que los crea y los relaciona. Por tanto más que de varias obras
hay que hablar de variados tiempos de una sola creación del
pensamiento vazferriano.
La maravillosa más elevada tarea de Carlos Vaz Ferreira fue la
de separar aquellas cuestiones que permanecían difusas,
incomprendidas, al distinguir y analizar, desde la formulación
misma del asunto. Desapego, pues, a anteojeras y a sistemas que
escatimaran espacio para el respiro del espíritu que indaga sin
cadenas y sin pasado condenatorio, menos aun, determinista en
los objetos a alcanzar o a percibir.
Tenemos ante nosotros a un espíritu que interesado en la
docencia, fundamentalmente con los jóvenes busca sepan
distinguir y para ello no ofrece un catálogo sino el uso
irrestricto de la mente y del espíritu. Ejercita el maestro una
y otra vez junto con los alumnos, el librepensamiento, haciendo
cuestión de una crítica fortísima a todo dogmatismo que se
interponga entre el hombre y la mujer y la realización de sus
vidas en plenitud de razón y de sensibilidad.
Filósofo de la experiencia le llamaba Ardao a Vaz Ferreira, y
razón tenía para hacerlo. Pero no cualquier experiencia
convalidaba la acción del hombre, no. Vaz Ferreira marca el
rumbo, deja nítida la huella desde Moral para intelectuales,
donde preconiza una moral que sea, ante todo, un “estado de
espíritu” un “estado vivo”. Moral donde explora la conciencia
moral no separada de la conciencia psicológica, como es dable
que aparezca en situaciones puntuales y vitales de la existencia
humana.
Anhela, entonces, infundir un modo de pensar que abra los
espíritus, les dé amplitud y comprensión, y más aun:
autenticidad y sinceridad, alega Ardao de su –y nuestro-
maestro.
Vaz Ferreira que en su docencia como en su obra filosófica,
preconiza también, pero especialmente, no el pensar por sistemas
cerrados sino por ideas a tener en cuenta. Y esto es de capital
importancia, aspecto que deberá ser trabajado y que entendemos
tenemos que asumir como propio para desarrollarlo y elaborarlo
en sus distintas vertientes filosóficas y psicológicas, una vez
que el centro mismo de la ACTITUD VAZFERRIANA anida en esto: en
la libertad del pensamiento, en la augusta majestuosidad de la
persona que deviene persona humana al darse libertad asumiendo
su responsabilidad para la conducción de su pensar desde una
realidad que lo atienda y abarque para poder proyectarse, desde
el hoy activo, hacia el porvenir.
Otra máxima vazferriaba: Graduar la creencia.
Esto lo advertimos a través de toda la obra y la acción del
filósofo Vaz Ferreira, definiendo, incluso, su sentido de lo
trascendente, marcándolo fuertemente.
Es decir, la esencia de su doctrina de la graduación de la
creencia la vemos con nitidez conceptual en su obra Conocimiento
y Acción (pág.13):
“Saber qué es lo que sabemos, y en qué plano de abstracción lo
sabemos; creer cuando se debe creer, en el grado en que se debe
creer; dudar cuando se debe dudar, y graduar nuestro
asentimiento con la justeza que esté a nuestro alcance; en
cuanto a nuestra ignorancia, no procurar ni velarla, ni
olvidarla jamás; y, en ese estado de espíritu, obrar en el
sentido que creemos bueno, por seguridades, o por probabilidades
o por posibilidades, según corresponda, sin violentar la
inteligencia, para no deteriorar por nuestra culpa, este ya tan
imperfecto y frágil instrumento, y sin forzar la creencia.”
Defensor permanente del primado de la razón en la esfera del
conocimiento, Vaz Ferreira alegaba que debía sustentarse en la
experiencia vital, árbitro y criterio de la verdad, llegando
así, a la conceptualización, por él utilizada, en este sentido,
de su racionalismo que apunta a ser un racionalismo razonable.
La graduación de la creencia, pues, para ser coherente, debe
también aplicarse a la creencia en el valor y en la capacidad de
la propia razón.
En fin, Carlos Vaz Ferreira, además de librepensador, maestro de
la Actitud por sobre las ideologías y defensor de la libertad
ante cualquier tipo de dogmatismo fue, además, cultor del
esfuerzo y su permanencia, estoicamente, en pro de objetos para
él vitales como ser, por ejemplo, la creación de la Facultad de
Humanidades. Algo por lo que luchó, incansablemente, durante
decenios hasta obtenerlo.
Trabajó hasta el momento previo a su muerte, viéndosele caminar
de la facultad a su casa, bien como al Ateneo de Montevideo, esa
otra Casa del Uruguay moderno.
No hemos hablado de su cátedra de conferencias, como de tantas y
tantas cuestiones hermosas y vitales, pero es que esta nota
tiene, en su humilde concepción, el objetivo de despertar a una
acción en pro del reconocimiento de nuestro pensamiento.
He hablado de dos ángulos del triángulo filosófico uruguayo.
Falta el tercero.
Carlos Quijano: Periodismo y Filosofía
Seré breve, no tanto por alegar desconocimiento sino por respeto
a quienes mejor y con más solvencia en la materia, han escrito
respecto de este otro prohombre del Uruguay.
Pero digo sí, que la labor por excelencia de don Carlos Quijano
fue, si me permiten, tan inaugural como excepcional: dar cabida
al pensamiento vivo de nuestra gente sin precondición de clase
alguna, salvo de la coherencia en la expresión de las ideas, y
la altura elevada –no rastrera- en su fundamentación.
Quijano fue, ese aliado indispensable del filósofo: el
periodista que tanto ambienta a que aquel escriba bien como que
él mismo –porque Quijano es un pensador de fuste- exprese en el
magisterio de un periodismo liberador, las ideas que un país
tomó como propias, así como también fuera de fronteras, fueron
captadas en su esencia como la manifestación de otro espíritu
libre.
Hombre docto, riguroso tanto con los demás como consigo mismo,
tuvo una vida rica en experiencias y si bien su lema era
“Navegare necesse. Vivere non necesse” (navegar es necesario,
vivir no), Quijano, navegador en el mar de las ideas, vive en el
pensamiento oriental y latinoamericanista.
Su semanario Marcha fue la casa que cobijó a lo mejor del
pensamiento y de las artes del Uruguay como de América Latina.
Ardao dijo de Quijano algo muy cierto que yo meramente
transcribo: Definía los editoriales de Quijano en el cruce mismo
del artículo y el ensayo de ideas. Porque fue un moderno, un
hombre ilustrado.
Exponentes los tres: Carlos Vaz Ferreira-Arturo Ardao-Carlos
Quijano, de un Uruguay tan joven como promisorio que lejos de
quedarnos en la contemplación de sus logros que son sus ejemplos
mismos de vida, debemos asumir nuestra responsabilidad y saber
que ahora somos nosotros, tanto usted como yo, los hacedores de
nuestras realidades, al estar del maestro Vaz Ferreira.
Debemos no ya estudiar a Ardao, lo cual es tan obvio como
indispensable, sino a su vez, elevarlo desde la búsqueda y
publicación de toda su obra, y hacerla accesible a toda las
gentes. Para esto nos falta Quijano, para divulgar la palabra,
pero como también tenemos su verbo de vida, excusa no hay para
que nosotros mismos dejemos de asumir tan elevada tarea.
Es con don Carlos Quijano, y desde la condición -si no de
periodista, al menos de hombre que está en la faena del pensar-
junto a quien quiero cerrar este triángulo, no para dogmatizar
sus ángulos sino para que ellos sean la base sobre la cual se
asiente el pensamiento filosófico uruguayo y desde él partir a
la busca de los otros colores del crisol filosófico de nuestra
América Latina para actuar, no por reacción sino desde nosotros
junto a nuestra gente en la construcción de la casa
latinoamericana que ya debe dejar paso al adobe y al quincho y
pensar en mejorar las condiciones de vida de los suyos, de
todos, sin excluidos, sin distingos. Porque poder se puede.
Ellos pudieron.-
1)Ardao, Arturo – Lógica
de la razón y lógica de la independencia, Biblioteca de Marcha,
Montevideo, año 200, pág. 11
Idem, pág. 140
LA
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