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¿Qué
conocemos sobre suicidio en el Uruguay? Al estar de la información que llega desde las autoridades de la Salud Pública en el Uruguay, respecto a la conformación, en un futuro próximo de una comisión multisectorial para el análisis de la situación en materia de suicidios y la convergencia en acciones para enfrentar este flagelo, parece oportuno retomar una reflexión que hiciéramos no hace mucho y desde esta misma publicación. Bienvenida sea, aunque ya casi al culminar el período de gobierno, esta iniciativa, ante la ausencia desde siempre, de políticas coordinadas, concertadas y convergentes para atender esto que, modestamente pienso está en la raíz misma de nuestra identidad: el suicidio. Quizá hasta por esa veta ácrata que creo tenemos los uruguayos. Las cifras que fragmentariamente ahora se divulgan hablan de un número elevado, que a su vez aumentó pasado el año 2002, donde ya fue notoriamente superior a lo históricamente conocido. Pero, yo me pregunto ¿Qué conocemos sobre suicidio en el Uruguay? Muy poco. Y es así porque hasta ahora no hay cruce de información, sistematizado y confiable, entre los distintos actores societarios: Ministerio del Interior (los datos más fiables, porque constatan un hecho), Ministerio de Salud Pública, Poder Judicial, etcétera. Hacia allí debemos confluir, al armado de una estadística que recoja un mapeado global y particular de esta situación e incluso, de ser posible, lo que comprendemos puede ser harto difícil constatar fehacientemente en no pocas situaciones, como el intento no logrado de suicidio.
Lugares, edades, situaciones y
causas Geográficamente en el Uruguay no sabemos dónde es más grave, si en la capital o en el llamado “interior” del país. La gravedad está en la singularidad de un caso pero está también en la pluralidad de ambientes y condiciones donde se expresa con el adiós definitivo. La familia o los allegados de quien lo intenta –lo logre o no- también debe ser materia de estudio para una mejor comprensión y posibilidad de asistencia. Porque es algo que conmueve hondamente el entorno en el que se produce, de cuyo impacto no pocas situaciones derivan en otros males. Y desconocemos, científicamente, tales actitudes y sus consecuencias. No sólo la psicología y la psiquiatría, tanto como la estadística, tienen que aportar al estudio del suicidio y a sus causas y derivaciones que son, repito, multicausales, sino que también debemos visitar este que es nuestro flagelo, con el estudio desde la antropología y la sociología. Asimismo, y desde el llano del conocimiento científico, uno siente que esta sociedad, tanto la nuestra como la contemporánea en su generalidad occidental, tiene en su propia condición postmoderna, en su carrera alocada en pos de nadie sabe qué, uno de los mayores motivos para propiciar salidas como esta que hoy nos ocupa: el suicidio. Vano es argumentar desde la lógica pura, el por qué de que fulano o sutana hayan tomado tal medida, “si lo tenían todo”, por ejemplo, cuando esa persona no tenía quién la escuchara, sin esto querer transformarse en una acusación para quienes con ella compartieron su vida.
Desencanto y falta de referentes Están también los que ni siquiera un empleo tienen o lo tuvieron y ahora, en no pocos casos, no salen ni de su habitación por estar o sentirse, que para ellos es lo mismo, aplastados por las circunstancias. Esto ya lo hemos dicho pero no por ello dejaremos de reiterarlo cuantas veces sea necesario. Los niños: ellos también están en esas planillas. Ellos también se suicidan. Son nuestros hijos, son nuestro presente, son el sentido mismo de nuestro hacer cotidiano y no pocos abandonan la vida de su propia mano.
La voz de la conciencia Debemos, a su vez, cuidarnos y cuidar muy mucho de las actuales asistencias aisladas y personales que hay hacia quien intenta o desea intentar suicidarse: ¿Están capacitados? ¿Basta con exhibir un título? Cuidado, por favor, porque hay casos en que debiera ahondarse desde el ámbito, aquí sí, de las autoridades para ver en qué medida están capacitados –hasta me refiero a lo obvio: su condición psíquica- para atender tales casos. Que no sólo con buena voluntad se arregla esto. A veces la buena voluntad, produce horrores. Seamos responsables. Vayamos al encuentro de los nuestros y no esperemos horrorizarnos si en la radio o en el informativo anuncian de un nuevo caso. LA ONDA® DIGITAL |
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