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La gran
mentira del arte
“Es cierto que hay un gran manierismo
en el arte contemporáneo”
Dos
mujeres, María de Corral y Rosa Martínez, comisarías, rompen la
tradición. Por primera vez en los más de cien años de vida de la
Bienal de Arte de Venecia estas dos mujeres estarán encargadas
de este gran evento del arte contemporáneo. A continuación una
síntesis de un reciente dialogó de estas dos españolas con P.
Aciaga y J. Hontoria de la prensa de su país.
- ¿Cómo va a ser la Bienal de Venecia 2005?
- Todavía no hay proyecto. Hace quince días nos hemos reunido
las dos en Venecia por primera vez. Yo estuve estudiando las
posibilidades del espacio, del recorrido, con todo ese material
ahora tengo que empezar a pensar. Es muy complejo porque ellos
quieren que la exposición del Pabellón Italia sea una muestra
del presente con mirada hacia el pasado y que la del Arsenale
sea una exposición del presente que mire al futuro. Pero esto es
muy difícil porque conseguir piezas históricas para Venecia es
imposible, por un lado, por el poco tiempo del que disponemos y
por otro, por las cualidades del pabellón, la humedad ambiental,
etc. Como mucho nos remontaremos a los 60-70, pero no creo que
llegue tan atrás.
- Yo creo mucho en lo local pero huyo del localismo. La
globalización está borrando las fronteras de una forma alarmante
y el lugar en el que uno nace siempre tiene una gran influencia
en su visión del mundo. En todas las exposiciones
internacionales que he comisariado siempre ha habido, en mayor o
menor medida, artistas españoles. Tanto María como yo seremos
conscientes de nuestra realidad y trataremos de integrar a
algunos de nuestros mejores artistas en el contexto
internacional.
- Hay ahora una creciente tendencia a dirigir las bienales
entre varios comisarios, ¿por qué?
- Es cierto que hay mucha co-dirección. La Bienal de
Moscú, en la que estoy participando, está formada por un equipo
de seis comisarios. Los diez comisarios que formaban parte de la
Bienal de 2003 tenían cada uno su propia exposición, lo que
constituía un collage fragmentado. En nuestra última reunión en
Venecia se nos ha dicho que la Bienal se había convertido en un
gran contenedor en el que todo cabe y nos han pedido que
realicemos una interpretación fuerte del tiempo en el que
vivimos. Una interpretación atrevida, más radical, quizá, de lo
que pasa a nuestro alrededor.
-
En la Documenta siempre ha habido más un director y un equipo de
asesores, es una exposición mucho más grande que Venecia y
necesita recibir una mayor información. Yo tengo información y
estos primeros meses voy a recabar toda la que pueda: iré a São
Paulo, a Latinoamérica, a Seul... Pero no hay que pretender que
haya gente de todo el mundo, eso te acaba obligando a
seleccionar artistas por catálogo y para mí no es válido. Me
preocupa la honestidad hacia la exposición, hacia los artistas,
hacia las obras, hacia el espectador. Tampoco puede haber siete
muestras de siete comisarios, eso tampoco es una Bienal, son
siete exposiciones colectivas. En Venecia tiene que haber un
espíritu común y eso es muy importante.
- Ya se ha anunciado que será Robert Storr (ex-conservador
del MoMA) quien dirija la Bienal de 2007.
- Se anuncian tres años de trabajo. Habrá un gran
simposio en septiembre de 2005 que será como el pistoletazo de
salida para los actos que se van a celebrar hasta 2007. El
presidente de la Bienal tiene mucho interés en que Venecia
recupere el papel predominante que ha tenido en el arte
contemporáneo, de lugar de creación, de riesgo, de aglutinar
tendencias.
-
Se quiere hacer algo parecido con encuentros intelectuales en
diferentes partes del mundo. En esta sociedad global se quieren
escuchar las voces de muchos lugares. Es lo que hizo Enwezor en
Documenta. Y lo que quiere hacer Storr. Esa base intelectual es
ciertamente un privilegio del que nosotras no dispondremos, un
ejercicio privilegiado de reflexión.
- ¿A qué atribuyen la escasa participación de los españoles
en las grandes citas?
- Es cierto que resulta extraño porque tenemos muy buenos
artistas. Lo cierto es que tenemos la feria de ARCO, a la que
vienen muchísimos comisarios y críticos extranjeros, así que el
arte que se realiza en España sí es conocido fuera. Quizá desde
su perspectiva, los lenguajes con los que se trabaja en nuestro
país tienen una cierta falta de concordancia con otros contextos
en los que se analizan las tensiones del tiempo en que vivimos.
España tiene una rémora histórica muy dura en nuestra
incorporación a la vanguardia y, por consiguiente, a las
tendencias más actuales. Quizá nuestras plataformas educativas y
nuestras estrategias de promoción institucional no están tan
articuladas como en Alemania o Inglaterra. La parte educativa,
las becas e intercambios están bien pero tienen que tener más
continuidad. Todo ello hace que no estemos tan presentes en la
escena internacional. Espero que sólo sea cuestión de tiempo.
-
Yo creo que el problema está en las estructuras, en las
estructuras oficiales, de la crítica, de los artistas, de las
instituciones. Es todo, no se puede individualizar el problema.
El Ministerio de Exteriores no cuenta con el tipo de
instituciones que hay en Europa, pero también es problema de la
crítica, de los comisarios, de los artistas. Hay que estudiarlo
en general, no se puede achacar sólo a uno de los organismos que
se dedican al arte. Hay muchos extranjeros que vienen y dicen
que lo que falta es un discurso y eso es problema de los
comisarios, todos estamos implicados. Hasta ahora tampoco se
había estudiado el problema total. Pero ahora, y a partir de la
reunión en Ifema el pasado julio, todos hemos tomado conciencia.
Ahora es cuando se puede y se debe empezar a buscar soluciones.
- En cambio los gestores y comisarios españoles triunfan en
el extranjero (Todolí, Juncosa, Giménez, ustedes...) y no hay un
gestor en España (a la vista está lo que costó encontrar un
director para el MNCARS) ¿Somos muy localistas?
- Desconozco si el cargo de director del MNCARS fue ofrecido
a algún gestor internacional. Lo que es cierto es que los
profesionales extranjeros están acostumbrados a trabajar desde
un gran respeto a sus criterios. En España gran parte de la
cultura está determinada por la política. Esto ahoga la
posibilidad de desarrollar programas coherentes. Opiniones las
tiene todo el mundo, pero criterio no. Yo no he tenido problemas
fuera de España y sin embargo podría citar algunas tristes
experiencias, como la sufrida en mi propia ciudad, en Barcelona,
donde, en 2001 se quería hacer una Trienal que finalmente fue un
fracaso por culpa de los embates políticos.
-Creo que, de momento, nuestros museos nacionales son organismos
muy complicados de gestionar, no tienen una estructura como el
MoMA, el Pompidou o la Tate, que son instituciones mucho más
abiertas. Lo primero que hay que hacer es cambiar el organigrama
y la forma de trabajar.
- ¿Y el tipo de gestión museística? ¿No es mejor insertarse
en los circuitos internacionales, participar en coproducciones?
- Primero hay que cambiar las gestiones, clarificar las
instituciones, decidir si se llaman museos o centros, determinar
las labores que deben hacer, como las kunsthalles, el tipo de
exposiciones, de relaciones con otras instituciones. Aquí se
dice mucho y como con orgullo que se ha hecho una exposición de
“producción propia”, ¿qué quiere decir eso? Hay que colaborar, y
traer de fuera, eso sí, mirando muy bien qué tipo de
exposiciones son: viene entera o no viene, o viene con lo mejor.
Yo prefiero traer una exposición de calidad que anunciar una de
producción propia, provinciana y sin pies ni cabeza porque no se
ha podido conseguir lo mejor. Lo importante es que el Reina
Sofía entre en los circuitos de la Tate, del MoMA... No es una
nunca una cuestión de dinero, es de relaciones y de prestigio,
el director debe ganárselo a pulso, tienen que confiar en tí,
negociar de igual a igual. Hay que hacer la más rabiosa
actualidad siempre que los artistas y las obras tengan calidad.
- Profesionalmente a mí me ha interesado más el
circuito nómada de las bienales porque en él se respira más
libertad. Lo de las programaciones es una cuestión compleja pero
es cierto que no es tan difícil establecer conexiones con
centros internacionales del mismo nivel. La producción es más
barata, el catálogo es más barato, etc. Pero ser
internacional no quiere decir bendecir y consumir ciegamente lo
que viene de fuera, sino que nuestra producción cultural y
nuestras visiones sean también requeridas por otros centros
- La galería Fúcares celebra su trigésimo
aniversario con una exposición llamada La gran mentira del
arte. Para muchos, el arte contemporáneo es una tomadura de
pelo. ¿Es cuestión de ignorancia, o deben los artistas realmente
dar más?
- Todo esto son vueltas que dan las cosas.
Cuando apareció Duchamp con su urinario ya era la tomadura de
pelo del arte. Creo que el arte y las propuestas vuelven una y
otra vez. Las performances de los 60 causarían ahora un
escándalo. No creo que haya ahora más tomadura de pelo. Quizá
haya una mayor superficialidad en la mirada de las cosas, quizá.
Pero hay que tener en cuenta que en la vida diaria utilizamos
con naturalidad una serie de medios (avión, internet, móvil) y
en cambio nos cuestionamos que un artista utilice estos mismos
medios para realizar un arte de su tiempo.
-
Los impresionistas pintaron lo que pintaron hace 100 años y la
prensa fue implacable con ellos. Quizá hagan falta 100 años para
ver lo que vale y lo que no vale. Para eso estamos los
profesionales, para, desde una coherencia crítica, desde las
Universidades, los Museos y las exposiciones, decir qué es lo
que es verdad. Es cierto que hay un gran manierismo en el arte
contemporáneo, una superproducción a veces alarmante. Por eso
hay que cribar porque hay mucho ruido al igual que lo hay en la
prensa, en la televisión o en la literatura. Vivimos en un mundo
de ruido y hay que tratar de buscar los espacios de sonoridad
adecuados para entender y disfrutar el mundo contemporáneo, para
perfilar el sentido dentro de la cacofonía.
- ¿Ha crecido la distancia entre público y arte
contemporáneo?
- No creo. Lo que hay que hacer es presentar las cosas de otra
forma, hay que inculcar a la gente que tienen que ir a un museo
sin prejuicios. Hay muchos prejuicios a la hora de mirar el arte
contemporáneo y yo creo que es un arte que tiene que ver
absolutamente con su tiempo. Vemos muchas cosas en la televisión
que están más lejos de nosotros que el arte contemporáneo. Hay
que lograr que el público vaya a disfrutar del arte que se hace
hoy.
- Yo tampoco lo creo así. Si miras las cifras de visitantes en
los museos o las grandes citas, éstas son cada vez más
importantes. La gente quiere obtener respuestas. Es cierto que
hay lenguajes muy herméticos y que hay artistas que se complacen
en eso. En ese sentido el arte contemporáneo ha tenido unas
derivaciones que hacen que el espectador necesite estar
preparado. Pero para leer a Lorca hace falta saber el abecedario
y atreverse a ir más allá de la superficie. Mucha gente admira
Las Meninas de Velázquez y cree que lo entiende pero si lee el
ensayo de Focault se dará cuenta de la complejidad de su juego
de espejos
LA
ONDA®
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