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Sobre promesas, ética y
corrupción, a 34 días de la elección
por Carlos Zapiola
En cualquier campaña
electoral uno va a escuchar a los más diversos candidatos intentando
convencer mediante promesas de buenas obras, como mejorarán la vida de
los ciudadanos.
Como es una carrera y no una competencia contra el reloj o individual,
los candidatos interactúan, cruzan argumentos y se enfrentan o apoyan
según les parezca que les sea más útil para lograr el apoyo en las
urnas.
De cualquier forma, la meta es la Presidencia de la República para
solamente dos de los candidatos, el senado para unos cuantos, y la
cámara de Diputados para algo mas de un par de cientos. Y dependiendo
del resultado, se puede pensar en embajadas, directorios de entes y
organismos públicos y cargos de menor jerarquía como secretarías,
auxiliares, consejeros, etc.
Todo eso está en juego el 31 de octubre, y por ello a veces los que
pretenden la Presidencia juegan fuerte, los medios que los apoyan
publican noticias que pueden parecer escandalosas y que creen que le
harán daño al rival más fuerte.
Y aquí es dónde queremos hacer algunas salvedades: no todo lo éticamente
reprobable es delito o corrupción. Tanto que si alguien se acoge a los
beneficios de una ley existente, no puede por ello ser cuestionado.
Puede serlo con cierto grado de validez si los argumentos usados parecen
una burla a la inmensa mayoría de la población, pero será ésta la que
debe juzgar.
Muchas veces los dueños de los medios, tan cuestionados últimamente como
los que hacemos encuestas, titulan lo que no se encuentra luego en la
nota, o no se recoge el espíritu de un hecho en esa forma de incentivar
la lectura que puede ser la tapa en un semanario.
Esto tampoco es delito ni corrupción. Son formas de ver la vida, de
intentar formar opinión, teniendo con qué entre manos.
Como esta campaña al igual que la anterior puede tener un final en el
que blancos y colorados se enfrenten a los encuentristas, llama la
atención que el Dr. Larrañaga lance al ruedo una cifra de 3.000 pesos
para las jubilaciones y reciba de sus futuros aliados una respuesta dura
de parte de nada menos que uno de los referentes políticos más activos
en estos días como lo es Isaac Alfie, a la sazón Ministro de Economía en
ejercicio. Eso no se puede pagar, no hay rubros ni de donde obtenerlos.
Que en pocos días el Partido Nacional, que no supo aprovechar para
lograr una imagen de unidad por encima de las divisas los homenajes a
Saravia y terminó partidizando el tema a tal punto que los colorados
salieron a defender a sus propios líderes de la época, vuelva a caer en
un error de este tipo, demuestra una falta de lógica en el asesoramiento
del líder, o una patriada de este, que no le ha salido bien.
Muy pocas horas después se publica su carta renuncia a la banca del
Senado, en la que se acoge al beneficio que rige que le otorga por tres
años el 85 % de su salario si pierde la banca “porque no tengo otra
forma de mantener a mi familia”.
No es delito ni corrupción. Quizás el argumento no sea el adecuado y
menos aún que la solicitud sea del 14 de julio y no del 15 de febrero o
1 de marzo del 2005.
Parecería que muy pocas esperanzas tenía de conservar su lugar, o no le
interesara más, pero que de antemano se sabía perdedor de la elección
presidencial y por ello para subsistir necesitaba de ese subsidio. Poco
tiene que ver el mismo con reducir el gasto del Estado, y no hay que
olvidar que está vigente una ley posterior, que cubre a quienes fueron
legisladores por mucho menos tiempo, y que les cubre solamente por un
año la reubicación social.
Quizás otros no necesiten de esos subsidios, o no les haya parecido el
momento oportuno para lograrlos, y eso ni pone ni quita razón al que lo
pide.
Sin embargo, políticamente es un craso error, el mismo que comete
diciendo que el tema corrupción se trata y menciona en la carta que
encabeza el programa del Partido, al ser acusado por Vázquez de
salteárselo en los diferentes discursos.
Otra vez asistimos a hechos en los que el Partido Nacional es acorralado
y contesta, con mayor o menor acierto, pero lo hace a la defensiva, sin
poner ideas fuerza primero en la discusión, y cuando lo hace son sus
socios de coalición hasta el 2002, o los actuales en los entes (aquí
acepto que se me diga que se mantienen para controlar), quienes les
discrepan y contestan.
Otra vez la iniciativa la tiene Vázquez, al igual que en julio, donde
reafirmó sus mas que claras posibilidades de quedarse con la Presidencia
en octubre.
Muy poco está haciendo Larrañaga, más allá de hablar del cambio para el
futuro Uruguay para mostrarse como un líder con mayor capacidad, más
iniciativas y mejor perfil que el que le lleva notoria delantera en las
preferencias populares. Y esto se está notando en muchos lugares, tanto
que muchos colorados que pensaban apoyarle en octubre lo están
repensando o ya han decidido volver a su partido de origen, haciendo que
la caída de éste sea un poquito menos estrepitosa.
Falta un mes y tres días para saber si habrá balotaje, en puridad para
saber si Vázquez gana en octubre o en noviembre. La tendencia hoy es
clara: noviembre será el primer mes de la transición hacia el nuevo
gobierno. LA
ONDA®
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