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Bush nunca leyó a
Tolstoy y a Rousseau
Profesor Bernardo Quagliotti de Bellis
El
pasado 6 de octubre/2004, el equipo estadounidense encargado de
buscar armas de destrucción masiva en Irak, presentó al Senado
de su país un detallado informe, indicando que SADDAM Hussein no
podía ni tenía planes concretos para desarrollar ese tipo de
armamentos cuando el presidente George Walker Bush ordenó la
invasión de ese país árabe en 2003. El titular del equipo de
inspección -Charles A. Duelfer- dará a conocer sus
conclusiones en un reporte de mil páginas y en un testimonio
ante el Congreso. Lamentablemente, el presidente Bush sigue
diciendo durante su campaña electoral que Irak representaba una
“amenaza creciente”.“Todos creíamos que hallaríamos
arsenales en Irak y no fue el caso”, expresó McClellan,
Secretario de prensa de la Casa Blanca. Aunque olvidó
informar que las tropas de EE.UU. que dejaron miles de
inocentes niños, mujeres y ancianos muertos y un país
totalmente destrozado.
Tolstoy produce el
efecto de un reto. Y, a pesar del respecto y la admiración que
suscitan sus conquistas literarias, acompañadas por el impacto
de sus polémicos tratados ético-políticos y de la poderosa
fuerza que trasmite la consistencia intransigente de sus puntos
de vista, vale la pena reflexionar respecto al pensamiento de
Tolstoy con una perspectiva crítica, muy oportuna hoy cuando
asistimos a un debate pre-electoral en los Estados Unidos, dado
que sus puntos críticos tendrán gran repercusión en la política
mundial. Desde la primera ronda (30/octubre/04), las
contradicciones del presidente George Walker Bush y la serenidad
de J.F. Kerry dejan en claro que el primero en la
tranquilidad su Salón Oval, nunca ha leído las reflexiones
filosóficas que Tolstoy, Rousseau y otros filósofo-políticos,
que han evaluado, serenamente, respecto a la guerra y de la
paz.
En su “Diario”, Tolstoy escribió en
una ocasión lo siguiente: “Me
parece imposible describir a un hombre, pero sí creo posible
describir el efecto que tiene sobre mí”.
:
La figura de Tolstoy es tan imponente, sus logros literarios tan
fecundos, su postura moral y política tan desafiante que resulta
difícil aproximarse a su estudio sin sentirse abrumado por su
talento y su coraje espiritual.
Viene al caso
destacar que la interpretación tolstoyana de la historia y de la
naturaleza de la guerra, su análisis del poder y la concepción
entre ética y política y, mismo basado en un pacifismo de base
religiosa, constituyen posiciones extremas que a lo largo de las
luchas históricas han llevado a resultados no deseados por la
sociedad mundial.
Maquiavelo, que vio la política como un
ejercicio en el control y el uso creativo del poder, escribió:
“Los hombres cometen la falta de
no saber limitar sus esperanzas y ambiciones, Se entregan a
ellas sin medir sus fuerzas y corren así a su pérdida”.
Considero que la
historia del pensamiento y los combates políticos ofrecen
ejemplos tanto de hombres que no han sabido apreciar
acertadamente la correlación de fuerzas en un momento dado, (
caso del demoníaco cuarteto Bush, Cheney, Rumsfeld, Rice ) al
excederse en cuanto a sus aspiraciones bursátiles; así como
también se han dado casos de hombres que han deseado la
desaparición de lo político y han querido alcanzar esta meta a
través de un acto de conversión moral basándose en la prédica
de un mensaje de salvación espiritual. (Gandhi), a favor de la
paz universal .
Tolstoy pertenece a este segundo grupo y
sus excesivas esperanzas no han podido materializarse ante la
inevitable complejidad de la dinámica histórica y el carácter
trágico, imperfecto y cambiante que reviste la relación entre la
política como intento perenne de construir un orden justo
de convivencia y la política como lucha por el poder.
Considero que es ésta la “antinomia de lo político” de
que hablar Ritter
,
el hecho de que la política es a la vez , lucha por el
poder e intento de instaurar y mantener un orden pacífico y
duradero en la sociedad humana.
El orden justo -
la paz perpetua -como soñara Kant- si bien se
encauza en la lucha frontal contra el terrorismo; pero nada
tiene que ver la injustificada segunda guerra a Irak. No se
encauza tal orden mediante las calificadas “guerras
preventivas”, que en los tiempos de la alta tecnología , la
aviación “aliada” por error (¿) masacra hombres, mujeres y
niños inocentes. En este aspecto, Tolstoy no pierde vista
-como lo ocurrido en Medio Oriente- la tensión irresoluble entre
poder y lucha por un lado y paz, orden y justicia por otro. El
escritor y filósofo ruso se ubicó en el campo de los que movidos
por valores trascendentes, continúan rechazando indignados, e
camino imperfecto de la política; condenando de plano la guerra
como el terrorismo y todas las formas ilegales de poder.
“Guerra y Paz”
“Guerra y Paz”, además de ser una
de las más grandes obras de la literatura universal, puede ser
considerada como una novela épica de extraordinaria riqueza
artística por la caracterización dramática de los personajes y
el dinamismo descriptivo de las acciones colectivas, se
constituye también, como un tratado teórico sobre el fenómeno de
la guerra.
Pero, además, y lo considero como lo más sustancial, contiene
profundas reflexiones cuando llega la hora de tomar decisiones
de política trascendente, donde la acción bélica es considerada
como la “gran” solución para finalizar conflictos entre
naciones. En ese aspecto, el pensamiento de Tolstoy se levanta
sobre una filosofía de la historia, que evoluciona a través de
una compleja y tortuosa reflexión ético-política hacia el
pacifismo, actitud totalmente contraria a la que viene
realizando el “establishment” de G.W. Bush, al continuar
practicando su política internacional, conforme a los antiguos
esquemas que emplearan, los mismos jerarcas (anteriormente
integrantes del equipo de Bush padre) en el primera guerra del
Golfo.
La teoría de los grandes hombres
de la historia
En evento que sirve de panorama fundamental para la formulación
de la filosofía de la actual administración G.W. Bush podría
ser la invasión napoleónica a Rusia en 1812 (hoy a los Balcanes
europeos, como paso para llegar a Oriente cercano). El blanco
clave de los ataques que presenciamos, más que ataques
genocidios, lo constituye lo que algunos denominan “la teoría
de los grandes hombres de la historia”, que fueron en siglos
pasados plasmadas en las obras de Thiers, Mikhailovsky, Fouché,
Talleyrand y otros historiadores “oficiales” del siglo
XIX, quienes otorgaron una importancia desmesurada al papel del
individuo en la generación y desarrollo de los acontecimientos
históricos de sus tiempos.
“El hombre
-escribe Tolstoy en “Guerra Paz”-
viveconscientemente para sí mismo, pero es un instrumento
inconsciente en el logro de propósitos universales e históricos
de la humanidad”.
Este pensamiento nunca lo
profundizaron o concientizaron ni los terroristas de todos los
tiempos (anarquistas, políticos, militares, inquisidores civiles
y religiosos), ni en los siglos XX y XXI los líderes que
provocaron las guerras mundiales; ni en esta lamentable y
penosa situación que actualmente vive la sociedad mundial, por
culpa de unos y otros; porque aquí no se trata de hablar
solamente de inocentes que
“dicen”
actuar para establecer la paz , o culpables con ambiciones
enfermizas de poder. Las mezquinas razones económicas de los “lobbies”,
lamentablemente pesan, también y mucho, en la balanza de poder
mundial.
“Los así llamados “grandes
hombres”
no sólo rótulos que se dan a los eventos y como tales tienen la
más pequeña conexión con los eventos mismos. Sus actos, que a
ellos parecen el producto de su propia voluntad, son en un
sentido histórico involuntarios, se relacionan con todo el curso
de la historia y está predeterminados desde toda la eternidad.”
El movimiento de las naciones
no es causado por el poder de “grandes
hombres”, su
actividad intelectual o -como suponen muchos historiadores-
por una combinación de ambos factores, sino por la actividad de
todos los que de una manera o otra participan en el quehacer
pacífico nacional.
En síntesis, cuando
someramente analicé el pensamiento de Tolstoy saqué como una
primera conclusión que su “gran ilusión” ataca con la toda
fuerza de sus convicciones, aquella que sostiene que los
individuos pueden, con sus propios recursos, entender y
controlar el curso de los eventos. Y así lo expresa:
“El individuo que
juega un papel en los acontecimientos históricos nunca entiende
su significado, sólo la Providencia, independiente a todo, puede
por su propia voluntad determinar la dirección del movimiento de
la humanidad.”
La guerra es
totalmente contraria a la razón
Años después de concluir su
novela, ya convertido al pacifismo, Tolstoy condenó la guerra y
cualquier acto de violencia como moralmente indefendibles. Por
un lado, él identifica el deseo de poder como factor que
corrompe a los individuos y que colectivamente genera la guerra.
Esto es lo que viene
sucediendo en Oriente Medio. Estados Unidos con la cumbre de su
“establishment”, se viene preocupando tenazmente, más que
derrotar al terrorismo -de por sí condenable- en obtener el
control absoluto de las grandes reservas energéticas mundiales
y las próximas del Mar Caspio. El fundamentalismo evangélico y
la agresividad patriótica de los “grandes” de la Casa Blanca los
lleva a defender a Washington como la capital del Imperio
contemporáneo, donde se ubica y desarrolla el control de la
sociedad global.
“El mando imperial ya no se ejerce a través de las modalidades
disciplinarias del Estado moderno, sino que se ejerce
fundamentalmente a través de las modalidades del control
biopolítico”.
La firme protesta de
grandes centros políticos y sociales mundiales y de Estados
Unidos, contra el genocidio en Irak, como lo fue previamente en
Kosovo y en Afganistán; la estrategia de la CIA en la década
del ´70, a través del plan Cóndor, (base de las dictaduras en
Argentina, Chile, Uruguay), me recordó el capítulo en que
Tolstoy se dedicó a narrar la batalla de Borodino en su libro
“Guerra y Paz”.
La descripción imaginada de las impactantes escenas del citado
conflicto estremece al lector. Vencido en dicho conflicto,
el príncipe Nicolás Andrés Bolkopnski reflexiona sobre el
significado de la acción humana, el carácter trágico de la
historia y la vanidad de los que pretenden dominar y dirigir
eventos tan masivos plenos de crueldad y de imprevisibles
consecuencias. Actualmente la sociedad mundial reflexiona sin
poder encontrar válidas razones ante las sin-razones de la
guerra en Medio Oriente , provocada por los modernos “cruzados”.
Cuando expreso que Bush nunca leyó a Tolstoy me baso en que
nuestro grado de conciencia sobre la libertad y la necesidad
depende de tres factores, que el presidente de Estados Unidos no
sabe interrelacionar pues su fatalismo le impide pensar que
somos libres y sobre la base de esa toma de conciencia de
libertad podremos vivir. No alcanza a equilibrar que la
capacidad de poder depende de:
*
La relación que tenga con el mundo exterior el individuo que
actúa y de su equilibrada percepción sobre los vínculos que le
unen a todo aquello que le rodea.
*
Del mayor o menor tiempo que haya transcurrido entre el momento
de actuar y del propio juicio que se tenga sobre la misma.
*
Del concepto sobre la libertad y la necesidad, que dependen
de la percepción de una infinita cadena de causas que
forzosamente demanda la razón, por lo cual cada acción debe
responder con relación a lo ocurrido anteriormente y como causa
de lo que vendrá después.
* “De comprender que la
guerra es una locura, o bien que los hombres que llevan a cabo
esa locura no son los seres racionales que por alguna causa
creemos que son. “
*
De que un gran gobernante, máxime de una Nación con perfiles
imperiales, está obligado a integrar la realidad y la
experiencia y someterlas dentro de un marco rígido de
inflexibles principios y rechazos totales.
La política como instrumento para
construir un orden de convivencia
Existe en la política una inevitable dimensión polémica, que
gira en torno a un poder siempre cuestionado. Pero el conflicto
no agota la idea de la política, ya que ésta también incluye
propósitos que trascienden los enfrentamientos y se dirigen a un
fin superior.
La política se mueve entre dos
polos: de un lado, la lucha y el conflicto; de otro, el orden,
la armonía, la convivencia pacífica de la comunidad
internacional.
Existe una cuestionabilidad
originaria de la relación entre ética y política y, por tanto,
la idea misma de política es problemática.
J.L. Aranguren
, en su libro “Etica y política”, considera que esa
cuestionabilidad puede ser vividas y pensada en dos modos
fundamentales:
- a).- para el
“realismo político” , moral y política son términos
incompatibles y la intromisión del elemento ético dentro de,
terreno político puede ser perturbador.,
- b).- para entender la relación entre ética y
política es necesario poder superar el carácter antinómico de
la idea política mediante el rechazo del poder. Pero, dado que
no es posible eliminar de la política el elemento de poder, y
que poder significa violencia abierta o velada , esta segunda
postura repudia la política sobre la base de principios morales
absolutos. Para Tolstoy -aunque Bush no se haya dado cuenta o
lo disimula bien- la política “es
un dominio de suciedad moral”.
Los dilemas analizados por la literatura contemporánea
Jean Paúl Sartre, a través de su personaje Hugo,
en “Las manos
sucias”,
describe al típico revolucionario lleno de ideales, que actúa
ansioso por purificar el mundo, pero que a la hora de pasar a la
acción se paraliza al constatar que las eficacia a veces exige
comprometer la limpieza de los principios. Le hace expresar:
“no todos los medios son buenos”.
Otro personaje de la misma obra -Hoederer,
un político considerado “práctico” le responde a Hugo:
“Todos los medios son buenos cuando son
eficaces. ¿Qué miedo tienes de ensuciarte las manos?”.
Si analizamos con seriedad, sin engaños,
en la historia universal existieron “revolucionarios”, que han
actuado -y actúan- procurando establecer una política que
exige eficacia. Maurice Merleau-Ponty,
en su libro “Humanismo y Terror” comparte la visión de
Tolstoy: “La acción política
es en sí impura, porque es acción de uno sobre otro y porque es
acción entre varios . . . Nunca dijimos que toda política que
triunfe fue buena. Hemos dicho que una política, para ser buena,
tiene que triunfar. Nunca dijimos que el triunfo significase
todo. Hemos dicho que el fracaso es una falta o que en política
no existe el derecho a equivocarse y que sólo el éxito torna
definitivamente razonable lo que al principio era audacia y fe.
La maldición de la política consiste precisamente en esto: que
debe traducir los valores en el orden de los hechos”.
“El bien contra
el mal”
Desde 1991 , finalizada la “guerra fría”, Estados Unidos al
sentirse hiperpotencia única, marginó a las Naciones Unidas y,
fundamentalmente a su Consejo de Seguridad. Alzando su voz al
mundo, prometió instaurar un nuevo orden internacional más justo
y para lograrlo , dirigió y ganó la primera guerra del Golfo
contra Irak, defendiendo a Kuwait y ofreciendo una clara
parcialidad a favor de Israel, en detrimento del pueblo
palestino.
Pero es importante recordar que mientras
se mantuvo la guerra fría entre 1948-1989, Estados Unidos
practicó una intensa “cruzada” contra el “enemigo del momento”:
el comunismo. Fueron escenarios Guatemala, Indonesia,
Afganistán Vietnam. “Apoyar a determinados terroristas no
era necesariamente inmoral”. “Los luchadores por la libertad
estaban en Arabia Saudí y Pakistán en la zona de Oriente
Medio.”. Washington consideró como importantes aliados a
favor de la “causa justa”, a dirigentes que pocos meses antes
los consideraba indeseables: el golpista Pervez Musharrad de
Pakistán, al dictador Islam Karimov de Uzbekistán La CIA
reclutó y entrenó en aquel entonces al hoy célebre Osama Bin
Laden; apoyó y armó a Saddam Hussein como socio para luchar
contra el gobierno de Moscú. en Afganistán Mundialmente, estos
personajes , sus hechos, la amistad entre los mandatarios de
Estados Unidos y los zares saudí del petróleo, (entre ellos la
familia de Bin Laden) han sido fielmente documentados a través
de la reciente película de Michael Moore: “Fahrenheit 9/11”
“Quien opera conforme a una ética de la
convicción -dice Weber-
no soporta la irracionalidad ética del mundo. ésta fue
precisamente la tragedia íntima de Tolstoy, quien en su
posterior libro “Confesión” –libro verdaderamente
admirable por su sinceridad y poder expresivo, describe el
camino que lo llevó a adoptar una férrea ética de la convicción.
Pero George Walker
Bush no puede actuar como el filósofo ruso, o bien como Gandhi
el más descollante discípulo de éste, pues no podrá jamás
comprender que la política exige compromiso, aceptación de la
diversidad del mundo; que la pretensión de verdad absoluta es un
rechazo al fluir de las relaciones humanas y una simplificación
de los procesos históricos.
Es así, que con tono
que califico de cínico o de ignorante el presidente Bush,
azorado ante el terrible e injustificable atentado del 11 de
setiembre , que mató a inocentes como los que los que él y sus
asesores han mandado matar en Irak, Kosovo, Afganistán,
ancianos, mujeres, niños;
destruido edificios
civiles, escuelas, templos; con el propósito de “instaurar
un nuevo orden mundial más justo”; asombrado, llegó a
declarar: “Me impresiona que exista tal desconocimiento
respecto a lo que es nuestro país y que haya gente que pueda
odiarnos. Soy como la mayoría de los norteamericanos, no puedo
creerlo, porque sé que somos buenos”.
El poder y la paz
Niebuhr -nos recuerda el
profesor venezolano en Ciencias Políticas-
La politica será hasta el
fin de la historia un área de encuentro entre conciencia y
poder, donde los factores éticos y coercitivos de la vida humana
se interpretarán para producir sus difíciles y tentativos
compromisos”.
A
ello agrega Niebuhr: “la
acción política, en el plano interno e internacional, debe
asumir entonces un carácter diagonal y los fines éticos deben
hacerse más ambiciosos a medida que se incrementa la capacidad
política. Mientras mayor sea el poder del actor político, más
elevada debe ser su conciencia moral”.
G.W.Bush debería comprender que la política y la
guerra no son solamente potencias destructivas, sino que son
realidades históricas capaces de operar creativamente en
determinadas condiciones. “Este
hecho no debe idealizarse, ni convertirse en la base de una
teoría belicista de la guerra como “partera de la historia”,
sino que debe ubicarse dentro de una visión política como
resultado de un impulso de poder y un proyecto moral.”
Similar observación
se merece el premier inglés Tony Blair, pues resulta muy
cínica su declaración ante el Congreso del Partido Laborista
realizada en la ciudad de Brighton: “Las pruebas de que
Sadamm Hussein tenía realmente armas biológicas y químicas en
contraposición a la capacidad de desarrollarlas han resultado
ser equivocadas. El problema es que no puedo pedir perdón por la
información que terminó ser errónea; pero, sinceramente, no
puedo pedir perdón por haber removido a Sadamm. El mundo está
mejor con Sadamm en prisión y no en el poder. Los ataques del 11
de setiembre de 2001 contra Estados Unidos me cambiaron como
líder”.
Un espacio para la reflexión
El Secretario General de la ONU -Kofi Annan- al iniciarse el
debate anual de la Asamblea General de la ONU (setiembre,2004)
criticó la política hacia Irak practicada por el gobierno de
Estados Unidos. Annan, defendiendo al multilateralismo y el
imperio de la ley, entre otros conceptos recalcó:
“En estos tiempos difíciles, las Naciones Unidas
son el indispensable hogar común de toda la familia humana, por
lo cual es necesario un mundo en el que, en lugar de que derecho
se derive de la fuerza, la fuerza se derive de la ley”. . . .
“Hoy el estado de derecho está en peligro en el mundo. En Irak
son masacrados a sangre fría civiles, trabajadores humanitarios,
periodistas y otros no combatientes son secuestrados y
asesinados de manera bárbara. Prisioneros iraquíes se han visto
convertirse en víctimas de abusos escandalosos” . . . “Es la
ley, incluyendo las resoluciones del Consejo de Seguridad la que
ofrece la mejor base para resolver loas conflictos prolongados,
en Oriente Medio, en Irak y en todo el mundo”.
Para Rousseau, los
postulados generales en que se basa el derecho político ,
fundamentalmente se pueden resumir en tres:
- Ningún hombre
puede ejercer sobre otro hombre autoridad alguna sin su
consentimiento.
-Todo el pueblo
es titular de la soberanía y tal derecho es indivisible y no
puede ser cedido por el pueblo a ningún individuo.
- El
ejercicio del poder ejecutivo por parte de los gobernantes
legítimamente elegidos no es una delegación ni una cesión, sino
una simple comisión, provisional y revocable”.
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