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En la semana de la elección
por Carlos Zapiola
Escribir sobre encuestas
es algo que hacemos habitualmente. A lo largo del año, que para nosotros
comenzó en abril, le fuimos presentando mes a mes la evolución en la
intención de voto de los uruguayos de cara al 31 de octubre.
Mes a mes, le fuimos dando un estado de situación, que siempre nos llevó
a marcar que no había Segunda Vuelta en noviembre si las tendencias se
confirmaban.
Durante meses fuimos los únicos que lo escribimos. Luego de las
internas, que tanto engañaron a algunos políticos que no supieron leer
las entrelíneas de ese resultado y se engañaron por un canto de sirena,
el 23 de julio repetimos que el EP-FA-NM seguía en el 51 %.
Luego los colegas, lentamente fueron marcando un ascenso del EP-FA-NM
que les llevó a valores cercanos o al mismo en las semanas siguientes.
Cuando marcamos 52 % (3 de setiembre) otra vez nos adelantamos a todos.
La tendencia se mantenía, los movimientos políticos eran correctos para
tener un crecimiento pequeño pues es muy difícil escalar porcentualmente
a esa altura, y vislumbramos antes que nadie que el Partido Nacional
había comenzado a caer, que su techo ya lo había alcanzado en agosto y
la espuma que le sobraba comenzaba a retirarse.
Todo esto nos llevó a dejar de preguntar sobre un hipotético balotaje,
puesto que nuestros datos descartaban la posibilidad de realización del
mismo.
A pesar de todo, algunos colegas no logran ver al EP por encima del 50 %
en Primera Vuelta. Son los mismos que el año pasado marcaban que había
cerca o más de 30 % de indecisos en el Referéndum por ANCAP, cuando
estos nunca pasaron de 15 %.
Pero todo esto no es más que el prolegómeno de un dato que el lector
también debe conocer: Se dijo por parte del Dr. Larrañaga que una
importante consultora del medio tenía una encuesta que indubitablemente
le aseguraba que habría Segunda Vuelta. Se especuló cuál era la misma, y
cuando únicamente Cifra no había publicado valores, los informados nos
dimos cuenta sobre qué empresa estaba hablando.
Mas en la explicación sobre los resultados obtenidos, el Dr. González
estuvo muy lejos de afirmar lo que el candidato blanco había anunciado
públicamente. Lo más que aproximó fue que no estaba seguro si Vázquez
ganaría o no en octubre. Muy poco para la expectativa despertada.
Perdió muchos días intentando poner en el centro del debate que hubiera
debate. No lo logró. Y perdió el rumbo que le hacía crecer mes a mes.
Quiso ponerse a la cabeza de la posibilidad del triunfo gracias a UNA
encuesta, como si las demás no existieran. Nadie niega que si ocurren
dos terremotos políticos puede ganar el 31 y si hay uno solo puede
hacerlo en noviembre.
Lo malo es que las heridas que está dejando la campaña no son fáciles de
restañar, y que ello es necesario porque el nuevo gobierno precisa
mayorías que le permitan llevar adelante las transformaciones que ha
prometido.
Todo hace pensar que la fuerza política que nació unida por un Programa,
con grandes diferencias ideológicas y un objetivo común hoy tiene la más
clara posibilidad de ser gobierno por primera vez en la historia.
La semana próxima le contaremos que pasó el 31 de octubre con una
encuesta, como las de todo el año, representativa del 100 % del país,
urbano, suburbano y rural, hecha cara a cara en el hogar de los
encuestados. LA
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