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(ll) Mientras Haití va en busca de su dignidad, América Latina, al asumir con madurez y solidaridad, su labor en tal procura, busca asegurar, al mismo tiempo, su condición libre y una proyección que haga del suelo latinoamericano un espacio donde lo humano tenga cabal expresión, toda vez que las condiciones de vida de los suyos mejore sustancialmente. Es así que, Haití, este país devastado hoy por una historia que fundamentalmente registra desolación de un pueblo y una tierra arrasada, bien como brutalidad y despotismo en sus gobernantes de turno, va camino, trabajosamente, a un encuentro con la posibilidad cierta de revertir esta sangría y comenzar la construcción de una nación libre y justa. Estamos hablando, mis amigos, de un pueblo que en su 80 por ciento vive por debajo de la línea de pobreza, con una renta per capita de menos de un dólar diario; estamos hablando de un nivel de alfabetización que sólo alcanza a apenas el 50 por ciento de su gente, mientras que las condiciones de salubridad e higiene son, las más de las veces, inexistentes y, al decir de una haitiana, hace pocos días a medios de comunicación internacionales. “las más de las veces el mejor baño es un agujero en el suelo de la vivienda”. Nos referimos a una tierra, otrora hermosa y de cielos increíbles que apenas muestra hoy un 2 por ciento, sí, dije bien, un 2 por ciento de su vegetación original, en tanto que los siete millones y medio de sus habitantes. En este contexto, permanece en su suelo el contingente de más de tres mil soldados de las Naciones Unidas, pero fundamentalmente oriundos de nuestros países, en especial del Brasil que tanto lidera el contingente en cuestión bien como registra la presencia en él de 1.200 hombres. Se espera que para diciembre el número de efectivos aumente a 6.700 personas. Ahora bien, no se trata de que esta avanzada de hombres armados tenga por única finalidad el control del alto el fuego entre las partes en pugna, sino y más bien en procurar, en ayudar a que Haití emerja de una condición deplorable a una de mayores posibilidades de vida, para luego avanzar en busca de condiciones estables de crecimiento y sustentación de su población en un contexto de progresivo desarrollo de sus facultades.
Brasil y Chile No debemos permitir que tal empeño falle. No sólo por una cuestión de respeto para con los haitianos –que es un modo de respeto, esencialmente, al hombre libre- sino porque estratégicamente Haití somos todos nosotros. Por su parte, el canciller chileno Ignacio Walker, indicó en este sentido que “esta es la primera acción de América Latina y del Caribe de ayuda solidaria a un país de la región y no puede fracasar”[ii]. Recordemos que en tanto Brasil comanda la parte militar del contigente de las UN, Chile tiene a su cargo la parte civil de la Misión de Estabilización de las UN en Haití (MINUSTAH). Reunidos, pues, los cancilleres de estos dos países con una idea en común, buscando dotarla de elementos pragmáticos que la tornen viable, se avanza, no sin pocas dificultades, por ejemplo la aun no asumida responsabilidad de algunas otras naciones en este emprendimiento americanista, vale también comentar que a comienzos de este mes de noviembre viajará a Haití , el asesor del Presidente Lula, para asuntos exteriores, el señor Marco Aurelio García. La finalidad de la visita de García a suelo haitiano, será la de reunirse, con un carácter mediador, entre las dos facciones en pugna, por un lado los partidarios del ex presidente Jean Bertrand Aristide, y por otros los grupos paramilitares que buscan, por la vía de la insurrección, hacerse con el control de este país.
Permacultura Haití va en busca de lo posible y esto pasa, por ejemplo, por la permacultura. Así lo estiman haitianos que vienen capacitándose, merced a becas, en el Instituto de Permacultura y Ecovillas del Cerrado (IPEC), ubicado en la ciudad de Pirenópolis, cercana a Brasilia (Brasil). Esta búsqueda de conocimientos para promover luego mediante técnicas adaptables a diferentes ecosistemas, una adecuación es escala humana, de las condiciones de vida en Haití, es un camino serio, razonable y válido que debemos todos apoyar y no sólo mediante el arte de la retórica. Podríamos hablar de las decenas y decenas de muertos que cobra la lucha fraticida del pueblo haitiano y que, como siempre, encuentra en los inocentes, un blanco fácil, pero preferimos hoy destacar este otro andarivel de la realidad no ya de aquellos sino de nuestra región que, como nunca, creo yo, vive su hora de verdad, al atreverse a asumir las miserias que padece y que sólo podrán erradicarse, desde dentro, con nuestras propias manos. Bienvenida entonces la permacultura por facilitadora en la búsqueda, en el menor tiempo y con la mayor celeridad, de soluciones en las condiciones sanitarias de aquellos que hoy ocupan nuestra atención, bien como de otros que, no dudo, habrán de interesarse por esta modalidad, ecológica, práctica y ciertamente económica, de adecuar, mediante niveles dignos de existencia, al hombre con su medio. En conclusión, quién sabe si Haití no está llamada a ser la voz que active nuestra conciencia americanista y lleve a la región a un reencuentro consigo misma, con su historia bien como con su destino común, libre y solidario en un presente activo que ya no es dable eludir. [i] Expresiones extraídas del periódico brasileño Gazeta Mercantil, en su edición del pasado viernes 29 de octubre de 2004. [ii] Idem. LA ONDA® DIGITAL |
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