|
Reflexiones de un ganador debutante
Variantes de la nueva
escena política
por Joselo González Olascuaga
Ya
se sabe que la división entre pasado y presente y futuro es una línea
sin espesor. El 25 de julio de 1976 ganó, por vez primera en Uruguay, un
cuadro chico el campeonato nacional de fútbol. Los violetas dirigidos
por el Profesor José Ricardo De León dieron una vuelta olímpica en
sentido contrario al tradicional. El club Defensor rompía así cuarenta
años de historia hegemónica de Peñarol y Nacional. Después vino el
quinquenio de los chicos y otros títulos de los violetas. Pero, como en
el tiempo circular de los pitagóricos, Nacional y Peñarol retomaron
nuevamente su hegemonía.
El Encuentro Progresista rompió este domingo ciento setenta y cuatro
años de hegemonía de las divisas tradicionales (todos los presidentes
uruguayos desde 1830 hasta la fecha han sido colorados o blancos) y se
aseguró un quinquenio de gobierno. Rompió mucha más historia y acaso por
más tiempo.
Pero para que se cumpla el pronóstico de Seregni, estableciéndose un
nuevo bipartidismo que haga circular el tiempo en espiral ascendente y
ya no desplace nunca al Frente Amplio del eje de la democracia uruguaya,
lo que importa es que el Encuentro sepa ahora armar el juego. Ahora que
todo es futuro. Ahora que en lugar de rescatar las horas desperdigadas
por Proust en busca del tiempo perdido, se puede transformar el mar de
la memoria en mar de la imaginación (al fin y al cabo, todo cambia) y,
parafraseando a Stevenson, tener poder sobre la hora por capacidad de
pensar en el mañana. Conviene prever la mayor cantidad posible de
variantes de un nuevo sistema político uruguayo, en busca del tiempo
ganado.
Lo que importa es ganar
Me equivoqué en el colgado de mi nota anterior. Puse que lo importante
no es ganar y se me armó lío con el Profe que rompió la historia del
fútbol uruguayo. Lo que quise decir es que gana quien sabe armar el
juego. Pero lo que importa es ganar. Porque significa que se supo hablar
a la gente y luego gobernar para ella en los ámbitos que encomendó.
Porque, en definitiva, la democracia es eso: que gobierne la gente. Pero
el Encuentro Progresista que, a mi criterio, ganó con la mejor
publicidad de la campaña, vendiendo al mejor producto (Tabaré) y
cuidando una estrategia política coherente, no ha sabido o no ha podido
elegir el escenario más oportuno para su gobierno nacional.
El Partido Colorado pasó del siete por ciento que le daban las encuestas
al diez y medio actual, porque dio señales de vida, ante los errores de
Jorge Larrañaga y la frustración del debate entre éste y el favorito
Tabaré Vázquez. Con sus ataques al MPP, Julio María Sanguinetti buscó
protagonismo, mientras Larrañaga no terminó nunca de entender que no era
con Vázquez que debía confrontar si quería disputarle la Presidencia. El
candidato blanco hizo casi todo bien en las internas, posicionándose
contra el gobierno y marcando a Luis Alberto Lacalle su proximidad a
Batlle, y casi todo mal en las nacionales. Siguiendo con los ejemplos
futboleros (después de todo, si el fútbol no tiene nada que ver con la
política, mucho tiene que ver con los políticos), Larrañaga fue como un
centrodelantero que golea en el preliminar y cuando lo ponen en el
partido de fondo no emboca una.
El lema con que el Profe De León inició su peripecia revolucionaria del
fútbol uruguayo, había quedado escrito en el pizarrón de la primera
charla, para nunca más borrarse: “Lo que importa es ganar”. Hace poco un
vasco me preguntó qué opinaba del conflicto que sufre Euskadi. “No me
digas lo que tengo que hacer –me advirtió–, ¿pero qué opinas?”. Le dije
que donde hay elecciones, lo que importa es ganarlas. Me hizo ver las
múltiples formas de fraude que se practican con las ilegalizaciones de
partidos, alcaldes, periódicos, grupos parlamentarios, prohibición de
referendum. Le contesté que mientras se cuenten los votos y no quemen
las urnas, con el resto de los fraudes hay que saber manejarse.
Lo importante es ganar. Es decir, elegir los escenarios más convenientes
para la democracia, que son los menos dolorosos para la gente (incluso
donde no hay elecciones, hay que buscar, hasta agotar las posibilidades,
los medios y vías de lucha pacíficos). El caso vasco muestra el extremo
de que con el plan del Presidente Ibarretxe, según las encuestas, se
pronunciarán mayoritariamente a favor de la autodeterminación, aunque no
puedan ejercerla. Pero la propia victoria de la consulta, estará basada
en que los independentistas pacíficos han ganado sistemáticamente las
elecciones autonómicas.
Probablemente el Presidente de Venezuela, Hugo Chávez, no haya tenido
alternativas a lidiar con un sinfín de provocaciones violentas (y lo ha
hecho muy bien); pero si me dan a elegir entre el escenario boricua y el
brasileño, me quedo con la transición Cardozo-Lula y la actual
estabilización bipartidista PT-PSD, que asoma en las recientes
elecciones regionales de nuestro vecino del norte. Chávez tiene
petróleo, un canal estatal en serio y unas fuerzas armadas algo más que
constitucionalistas, en su bloque de poder. El Encuentro Progresista
tendrá bastante menos, aunque alcanzó en primera vuelta mejor porcentaje
de votación que Lula. Y nuestra mayoría parlamentaria será perniciosa,
si nos hace creer en la eficacia de gobernar con el brazo en alto
enyesado de los legisladores.
La canción del mañana
Ahora se podrá saber si el Encuentro es buen ganador o no, es decir: si
es capaz de transferir al país como tal, la fuerza que acumuló como
grupo; si la subjetividad del ganador deviene nacional.
Entre quienes festejaron aquel 25 de julio, los hubo ancianos que nunca
habían festejado un Campeonato Uruguayo. Así también este 31 de octubre,
en la multitud de encuentristas que salieron a las calles, se
confundieron varios adultos mayores (sin Talamás) que jamás ganaron una
elección nacional y otros no tan mayores que tampoco (yo, por caso). ¿Y
los que festejaron solos, en algún perdido rincón del mundo? ¿Y los que
ya no están ni aquí ni afuera? ¿Cómo fue ganar?
Con ciento dos años cumplidos, este abril volvió a la tierra Emilia
Burgueño Txuri, la maestra rural de mi madre en Solís de Mataojo. Fue
por muchos años la única comunista que se conoció en el pueblo, aunque
era oriunda de Mosquitos. Votaba la 63, ¡saque la cuenta! En el 76 le
llevaron presa a la hija y le allanaron la casa. Emilia tenía ya setenta
y cuatro años. “¿Qué está buscando” le preguntó al milico que dirigía el
operativo. “Armas” dijo éste.
Emilia volvió a preguntar: “¿Cree que si yo tuviera armas usted hubiese
entrado aquí así?”. No se la llevó por vieja. La vi por última vez este
verano. Había cumplido los ciento uno y estaba tan entusiasmada con las
encuestas que me rejuveneció.
Mosquitos hoy sólo existe en las novelas de Delgado Aparaín, pero hace
cien años figuraba en los mapas de la República Oriental del Uruguay. El
Negro Delgado debería escribir un cuento, en el que Emilia sale este
lunes al amanecer en un Forchela, con una banderita de Otorgués sobre el
capó, dando vueltas a la plaza de Mosquitos, tocando bocina y sacando la
mano por la ventanilla, para saludar a sus alumnos que, al igual que mi
vieja, la querían aunque se quejaban de sus ideas políticas (mi recuerdo
de niño, es que cuando volvía de visitarla, mi madre le comentaba a mi
tía, “Emilia está divina como siempre, pero de zurda cada vez peor”).
Probablemente, más de la mitad de sus ex alumnos, como mi vieja, ahora
votan lo mismo que Emilia, pero hasta los que siguen votando distinto
estarán en la plaza aplaudiéndola y aplaudiéndole semejante bandera.
¡Como ha mutado la animosidad de la gente que motejaba al Frente de
foráneo! ¡Como se ha vuelto en ánimo favorable al reconocimiento de la
izquierda como cifra de la identidad nacional!
Pepe, Tabaré, Danilo y elenco: no vayan a defraudar esta victoria.
Usted, Mujica, que es quien más sabe y más ganó: cumpla con su promesa
de capitalismo en serio; que si el ministro no tuviera que ser Astori,
igual tendría que ser Ramón Díaz o Ignacio de Posadas si son los que
están dispuestos a pagar el chantaje (que es mucho más que los llamados
intereses de deuda). Que no nos apliquen el numeral 2 de las
instrucciones de Kissinger, aquellas que, tras la victoria de Allende,
el Secretario del Pentágono escribió a la CIA: “Hay que hacerle aullar
de dolor la economía”. Que no nos maten como a los sandinistas, quienes
creyeron que la piñata y el reparto son estrategias.
Por cierto: si nos van a matar igual, entonces no les pagaremos nada;
pero en principio, reforma del Estado en serio y propiciar de verdad las
inversiones y las empresas. Estrategias son las de Lula. Siempre y
cuando no nos atemos las manos ni nos tapemos la boca. Porque las
correlaciones de fuerzas hay que saber medirlas, pero para empezar a
transformarlas, para “echar músculo” como le aconsejó Luis Batlle a la
izquierda ortodoxa uruguaya (se le ha hecho caso).
Este país tiene que volver a existir y hacerse fuerte para, entre otras
cosas, poder empezar a pagar menos (que nos hayan puesto un calibre
cuarenta y ocho en el pecho y les entreguemos la bolsa, no quiere decir
que renunciemos de esta vez y para siempre a recuperarla). Incluso, para
algún día poder empezar a pagar las auténticas deudas que tenemos los
uruguayos (por ejemplo con el África y con el Paraguay).
Cómo se recuerden los festejos del 31de Octubre de 2004, si como el
Defensorazo del 25 de Julio de 1976 o como el Maracanazo del 16 de Julio
de 1950, dependerá de qué En busca del tiempo ganado escribamos y
quiénes. Para que este sea nuestro Maracaná político es menester que lo
hagamos entre todos. Pero dado el resultado del veredicto de los
uruguayos, fundamentalmente entre el Encuentro Progresista y el Partido
Nacional. LA
ONDA®
DIGITAL |
|