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El futuro del gobierno progresista
se juega en los cuatro meses previos

por Raúl Legnani

El doctor Tabaré Vázquez presidente electo en los comicios del pasado 31 de octubre, retornó de sus breves vacaciones luego del triunfo de su fuerza política, el EP-FA/Nueva Mayoría.

Si bien recién asumirá el próximo 1 de marzo, distintos observadores políticos coinciden en señalar que en estos meses de transición se juegan los éxitos del primer año de gobierno, en un país endeudado en más de 13 mil millones de dólares, el 50 por ciento de los niños naciendo bajo la línea de pobreza y regiones donde la desnutrición infantil supera el 38%.

Estos dos elementos de la realidad, el endeudamiento y los altos índices de pobreza, son el mayor desafío para el primer gobierno de la izquierda uruguaya que llega con el apoyo del 50,45% de la ciudadanía y con la posibilidad de “encantar” al 20% de los votantes del Partido Nacional, que también votaron por el cambio y un rumbo progresista.

El Partido Nacional obtuvo el 34,3% de los votos, ubicándose en segundo lugar, pero distintos analistas consideran que un 20% de esos votos tienen un talante similar al de los votantes de la izquierda.

Si el doctor Vázquez logra en los primeros meses de gobierno instalar señales claras de que comenzó el cambio, seguramente verá ensanchar su base social de sustentación, en la medida que esos votos blancos progresistas se verán realizados en las medidas de gobierno.

La mayor preocupación que hoy hay en la conducción de la fuerza política que llegará al gobierno, es saber con exactitud cuál es la situación de las finanzas del Estado. La radiografía de la “caja” del Estado es imprescindible para poder establecer, en lo inmediato, políticas que mejoren la calidad de vida de los uruguayos, a la vez que se va construyendo el cambio estructural de fondo de un país que requiere revisar los gastos del Estado, modificar el sistema impositivo y efectivizar políticas sociales de impacto que atienda la emergencia social.

Por primera vez en muchas décadas el país parece recobrar la postura de encarar el presente pensando en el futuro, al grado que los intelectuales orgánicos de la derecha han dado un paso al costado en sus críticas e, incluso, abriendo una carta de crédito para el gobierno naciente.

Esta actitud positiva de intelectualidad orgánica de derecha, que tiene mucho de oportunismo y mucho más de necesidad de ganar tiempo, no está implicando que haya abandonado su tradicional forma de oposición al presidente electo. Pero es a la vez una muestra clara de que el triunfo de Vázquez fue contundente y que esa contundencia tiene una potencialidad enorme de desarrollarse.

Si el próximo presidente de los uruguayos logra en estos próximos cuatro meses construir un equipo de gobierno sólido, con capacidad de sacrificio, humilde en su actuar y disciplinado, habrá dado un gran paso.

Pero el gran paso es que desde un comienzo Vázquez tendrá que dar señales claras de que es un gobierno que ha optado por las mayorías en forma responsable, pero optado al fin. En los últimos dos meses y medio de la campaña electoral Vázquez y los jefes sectoriales demostraron que son capaces de hacer eso. Si en el gobierno vuelven a repetir esa actitud, habrá comenzado con viento a favor el cambio en este país ubicado al oriente del Río Uruguay.

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