Presione aqui para ver el pronóstico meteorológico de Montevideo

Entierro de Arafat
Una ceremonia a la medida
del personaje

por Tomás Alcoverro
de La Vanguardia (13/11/04)

Pasión y caos en el entierro de Arafat

El pueblo palestino tomó la Mukata para enterrar a su dirigente histórico, Yasser Arafat. Si al principio los policías sin armas, apostados en los muros rematados de alambradas del recinto, trataban de rechazar a los muchachos que las escalaban para saltar a su vasta explanada interior, después no tuvieron mas remedio que dejarlos entrar. Incluso, algunos de ellos extendían sus manos a los que estaban encaramados para ayudar a salvar los últimos centímetros de esta muralla de hormigón.

Fue tal la avalancha que los policías se vieron forzados a abrir la gran puerta metálica que había permanecido cerrada a cal y canto, obligando a algunos invitados a la ceremonia a trepar por sus paredes.

Las coronas fúnebres fueron entregadas directamente a los policías, por encima del recinto, para evitar franquear la puerta a la camioneta que las llevaba. Antes de que apareciesen en el cielo los dos helicópteros egipcios que transportaban los restos mortales de Yasser Arafat y los dirigentes palestinos que regresaban de la corta ceremonia de los funerales -un expediente oficial-, toda la Mukata -un kilómetro cuadrado de superficie- fue ocupada no solo por habitantes de Ramallah, sino por otros procedentes de Nablús, de Jerusalén, que acudieron a la ciudad, burlando, a veces a pie, los draconianos controles del ejército del Estado israelí. Miles y miles de palestinos, emocionados, excitados, contemplaron el vuelo de los helicópteros , que aterrizaron en un extremo de la Mukata, provocando con sus grandes aspas una gran polvareda. El tumulto impidió durante veinte minutos que pudiesen hacer descender el féretro de Arafat a la explanada. El ataúd, envuelto con la bandera palestina, fue llevado en volandas, a través de una muchedumbre que gritaba: "¡Con la sangre, con el alma te defenderemos, Oh, Abu Amar!".

La explanada olía a pólvora, a la pólvora de las salvas que disparaban policías en medio del gentío. Vi a hombres y niños que, aterrorizados, se agachaban y se tapaban los oídos. Cuando aparecieron los negros encapuchados y uniformados guerrilleros de las Brigadas de Al Aqsa y comenzaron a vaciar los proyectiles de sus kalashnikov, me escondí junto a un vehículo militar estacionado junto a unos árboles entre los que habían erigido la tumba de Arafat, para esquivar las explosiones. Estas balas disparadas al aire, en una descarga de pasiones, resonaban en la Mukata. Hubo heridos a causa de estas balas perdidas, Y personas que se desvanecieron en medio del tumulto, o fueron atrapadas al desplomarse un andamiaje armado para las cámaras de televisión, cerca de la puerta de la Mukata, que causó nueve heridos.

Las fuerzas de seguridad palestinas, fueron desbordadas. ¿Cómo enfrentarse a esta avalancha de un pueblo que quería tocar, quería ver, por última vez, a su mítico jefe? Las ráfagas de armas automáticas no cesaron durante el tiempo del entierro.

El programa elaborado por las autoridades palestinas fue desbaratado por este ímpetu indomable. Tuvieron que dejarse de lado el desfile fúnebre, la guardia de honor, la música de la fanfarria e incluso las firmas que debían estampar en el libro de pésames los cónsules y los delegados extranjeros. La ceremonia prevista de exponer el féretro en una sala de recepción de la Mukata también fue anulada. No obstante, Javier Solana, responsable de política exterior de la Unión Europea, pudo visitar la tumba y hablar con Abu Mazen y con Saeb Chaat, ministro palestino de Asuntos Exteriores.

Ante esta alarmante pérdida de control se decidió adelantar el final de la ceremonia. Si bien los vulnerables herederos del maltrecho poder de Arafat hubiesen deseado cumplir escrupulosamente el protocolo de su entierro -un entierro de hecho con honores de jefe de Estado, por más precario que sea-, prefirieron evitar pérdidas de vidas humanas. En el entierro en El Cairo de Gamal Abdel Nasser, en 1970, murieron muchos egipcios al desplomarse los vetustos balcones en los que se habían agolpado, o asfixiados por la muchedumbre que presenció el cortejo fúnebre en la calle. Los jefes de esta frágil y provisional dirección de los territorios de Cisjordanía y de Gaza ayer tuvieron miedo de la anarquía.

Incluso Saeb Erekat, uno de los más destacados consejeros de Arafat, deploró la mala organización de la ceremonia y reconoció que se les había escapado su control, pese a que estaba prevista tan sólo la entrada de un limitado número de personas en la Mukata. "Todo aquel que quiera a Abu Amar, que mantenga la calma, no trate de romper las alambradas, ni forzar la puerta, ni franquear los muros", repetía en vano, horas antes de que empezase esta conmovedora ceremonia, un policía con un megáfono, apostado en el muro de la Mukata.

Alrededor de la tumba construida a ras de tierra se plantaron cuatro olivos, uno de los símbolos del anhelo de arraigo y de memoria del pueblo palestino. El jefe de los Tribunales religiosos de Palestina arrojó puñados de tierra traídos de la explanada de las Mezquitas de Jerusalén y el primer ministro, Ahmed Qurei, dirigió la plegaría. En la principal mezquita de Gaza, simultáneamente, se celebró otro acto religioso, con representantes de Hamas y de la Yihad Islámica.Yen el este de Jerusalén tañeron todas las campanas de las iglesias cristianas cuando le dieron sepultura. El día se cerró con el anuncio de que el presidente interino de la ANP, Raui Fatuh, convocó anoche oficialmente la celebración de elecciones generales en un periodo de 60 días, como establece la Ley Básica.

* Foto: Arafat y Rodney Arismendi lider del Partido Comunista Uruguayo

LA ONDA® DIGITAL


Contáctenos

Archivo

Números anteriores

Reportajes

Documentos

Recetas de Cocina

Marquesinas


Un portal para y por uruguayos
URUGUAY.COM

© Copyright 
Revista
LA ONDA digital