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Del
milagro al ostracismo A partir del “efecto Asia” que comenzara a mediados de 1997, el mundo entró en una etapa de profundos cambios cuyas consecuencias, aun son imposibles de prever. Del “Grupo de los 7”, Japón -un país clave en la economía mundial- enfrenta desafíos e incógnitas sin vislumbrase óptimas soluciones
El modelo japonés, fue hasta hace muy poco tiempo, motor de estudios, seminarios y, seguramente, de buenas fuentes de ingresos para sus autores y disertantes.
El Licenciado Jorge R. Machini (economista de JETRO y profesor en la Universidad de Buenos Aires) , recuerda que “Japan Inc.” se solía denominar con admiración, pero también con cierto temor a un país con grandes empresas dinámicas, un fuerte entrelazamiento entre corporaciones y el Estado (el sistema de información y de decisiones informal denominado keiretsu), una disciplina social influida por valores de disciplina y subordinación laboral confucianos”. Todo ello plasmaba una combinación imbatible que le había hecho ganar el mundo con sus productos, tecnología y eficiencia social.
El Japón de hoy y sus dificultades Actualmente, a pocos años de lo que fue ese modelo referencial, las argumentaciones afirman que sin revisión autocrítica , la propia rigidez estructural impidió a Japón a adaptarse a los desafíos de mayor apertura y globalización de los mercados.
Opiniones librecambistas propulsan que se profundice sin más, la apertura y liberalización, sosteniendo que ha sido justamente la ausencia de competencia abierta la que ha impedido el imprescindible saneamiento económico a través de los propios mecanismo automáticos de ajuste de los mercados.
Los socios de Japón , integrantes del selecto club de países más industrializados -Grupo G7 + Rusia- requieren que el gobierno nipón tome medidas de reactivación económica mediante una serie de medidas que sirvan como señalas de confianza para el aumento del consumo y la inversión: reestructuración de bancos en problemas, reducción de impuestos, etc. a favor de impedir una déficit fiscal considerado acompañado de un creciente endeudamiento público.
El citado Lic. Machini presenta importantes interrogantes que van más allá de lo circunstancial: “¿Qué le pasa a Japón? ¿Son sus problemas, consecuencias de su modelo de desarrollo? ¿Por qué ya no tienen efectividad los sucesivos paquetes de estímulo estatal que han venido intentándose? ¿Dejará de ser Japón un mercado de magnitud y potencial comercial y económico de interés?
Una historia de desafíos En su ensayo “El imperio japonés” (1973), John Whitney Hall recuerda el error de los analistas económicos y políticos europeos del siglo XIX, cuando consideraban la imposibilidad que la modernización del periodo Meiji (1868) pudiera consolidar la industrialización y la apertura comercial de Japón. Pocos años después -1877- ante el levantamiento restauracionista samurai encabezado por Satsuma , los mismos analistas seguían negando que ese país pudiera convertirse en una nación unificada y pujante. Sin embargo, superada la rebelión política, aquellos pronósticos fueron equivocados. El Estado nipón, comenzó y mantuvo un firme proceso de modernización.
El siglo XX le deparó a la sociedad japonesa duros momentos: gran caída de la actividad económica; grave descenso del nivel de consumo por habitante; alta cifra de desempleo; infraestructura básica de servicios casi inexistente; inflación descontrolada.
Finalizada la Segunda Guerra Mundial, luego de la introducción de reformas y bajo la administración de las fuerzas de ocupación de los Estados Unidos, Japón a partir de 1951, con su gobierno propio, alcanzó en pocos años nuevamente, respetables niveles de crecimiento económico. La década de 1980 la estructura industrial japonesa se distinguió por su gran eficiencia y alta competitividad (JETRO,1984).
Actualmente los pronósticos negativos de los gurúes académicos occidentales (Milton Friedman, Paul Krugman, Paul Samuelson, Lester Thurow) coinciden en señalar que la debilidad demostrada por los últimos gobiernos de Japón, preocupados en superar los daños de la denominada “explosión de la burbuja financiera”, desde las dos últimas décadas del siglo pasado, ha demostrado el agotamiento del “modelo japonés”.
Los nuevos desafíos El proceso de globalización ha avanzado en los últimos años. Vivimos una época de gran dinamismo e interdependencia, lo que obliga a conocer a fondo el marco internacional para poder entender los problemas de un país.
Como reconoce el diario Tsutsumi Tomio Journal: “Japón es un país altamente dependiente del exterior, sabe muy bien los daños que podría provocarle no pensar qué requiere el mundo de él y que el mundo no entendiera la situación de Japón”.
En consecuencia, el sistema político japonés, actualmente se encuentra cuestionado; urgido por su sociedad ansiosa por recibir respuestas y establecer medidas y estrategias conforme a la realidad mundial. Fijar nuevos objetivos, prioridades y medios para afrontar los problemas del país.
Siguiendo de cerca la evolución que en Asia se asiste, con la crisis de los hasta ayer “tigres o dragones asiáticos” por un lado; el crecimiento del protagonismo político y cultural de China; la presencia de una Corea con un respetable nivel económico; tiene que llevar a Japón a considerar nuevas alternativas y oportunidades en paralelo a los grandes desafíos de los nuevos tiempos.
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