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China y la
región La llegada de China a las costas de la región coincidió, en más de un sentido, con la partida final del economista Celso Furtado. Es así que a la posibilidad cierta de una expansión del intercambio comercial tanto del Brasil como de la Argentina con China, estuvo en el medio o en el transcurso mismo de la visita china a estos dos países, la presencia, en la evocación más sentida ante el adiós postrero a un hombre profundamente americanista y visionario como pocos en el terreno mismo donde comienza esta nueva contienda: la economía. Furtado, por ejemplo, tenía muy presente, y así lo dejó asentado en escritos que hoy recordamos, que uno de los ángulos esenciales para observar el proceso de la globalización, está dado por la creciente complejidad de la especificidad de intereses de grupos y clases sociales. Asimismo, la propia buena nueva de la magnitud que posiblemente tengan las inversiones chinas en la región pueda traer, evidentemente, una más que compleja situación a la que se verán enfrentadas nuestras economías, habida cuenta del costeo chino para la elaboración de productos, notoria o escandalosamente inferiores a los nuestros por vía de, digamos, la inadecuación de la seguridad social –léase, aportes patronales- en el cálculo del costo final de un producto equis. Además, China no es una única realidad sino una multiplicidad de realidades, tanto en mercados como y especialmente, en zonas donde el gobierno chino ha determinado que tal área será de un nivel socioeconómico bajo y medio, la otra área, medio y medio alto y la tercera, una “pequeña” (dicho esto en “magnitudes” chinas, ese coloso Estado) zona de alto poder adquisitivo, comparable al llamado primer mundo. Hemos no olvidado sino dejado para explicar a aquellas pequeñas zonas, a los tres tercios de la población china, viviendo en una subzona, si se nos permite la expresión, que tanto cobija la existencia de aquellas bien como éstas, las florecientes en escalas crecientes, derraman y derramarán cada vez más, sus excedentes hacia aquella subzona en la que vive no menos del 75 por ciento de la población del gigante chino. Ahora bien, ¿qué hacer? ¿negarles la entrada? ¿no comerciar? La respuesta parecen haberla dado la Argentina con el Brasil al impulsar, ambos, vía acuerdo entre sus respectivos empresarios, al haber determinado que el Consejo Empresario del MERCOSUR sea la herramienta que tanto la poderosa Unión Industrial Argentina, como la no menos fuerte FIESP, sean los instrumentos que los respectivos gobiernos empleen en tales aproximaciones con China. Negociaciones previas que llevaron algo más de un mes pudieron cristalizar este acuerdo a todas luces apropiado absolutamente para todos en la región. Y no empecemos con que los uruguayos y paraguayos quedamos fuera, porque fuera estamos y tenemos que hacer fuerza para ingresar, pero bien, a este macro negocio que tampoco comienza mañana al amanecer sino que, como todo en la vida, tendrá sus gradaciones, en tiempo, profundidad y amplitud de productos a tratar para uno y otro lado. Ciertamente que tanto la Presidencia argentina como la brasileña, al haber comenzado la FIESP y la UIA a intercambiar borradores, han visto facilitados los pasos apropiados para una negociación seria, en bloque y a dos velocidades. Y nosotros decimos dos velocidades porque no se puede –ni entendemos por qué hubiera que hacerlo- tapar el Sol con la mano: El Brasil tiene una política externa negociadora diferente totalmente a la argentina, y notoriamente a la uruguaya. Es decir, el país norteño no deja nada librado al azar o al impulso de una persona sino que negocia por cuadros especialmente capacitados en cada área, política económica y diplomática, a través de un plan concebido con la debida antelación que cuando uno lee el diario o mira el noticiero con la noticia es que se acaba de producir el despertar de algo generado por lo menos un año antes, como es este el caso. La Argentina, a su vez, incluso por su propia realidad, negocia fuertemente en el corto plazo, teniendo presente el mediano y a través del empuje de personas tan capacitadas como voluntariosas en la prosecución de objetivos macros delineados por la Presidencia del país hermano. Ambas velocidades, mancomunadas, son, a la postre un excelente negocio para la región porque propiciarán, con todos los relojes que acabamos de indicar, muy a vuelo de pájaro, no ya la concreción inmediata de excelentes negocios –Ganímides está lejos y ya no hay pasajes- sino primero y sobre todo, el despertar de un parque agroindustrial y biotecnológico de mayor peso e incidencia (es decir, por fin comenzar a vender más y mejor, productos con valor agregado, no como la nación trasandina que basa grandemente su comercio exterior en productos primarios con bajo valor agregado, por ejemplo pero que sí hace cifra lo que a la postre puede resultar engañoso para quienes no procesan debidamente la información) atrayendo mayores negocios de terceros y hacia terceros mercados, habida cuenta de un despertar más que oportuno. Así también, la defensa, mancomunada, ante lo que decíamos al principio: el obvio intento de avalancha de productos chinos a bajísimos precios, algo que ya sucedió y continúa sucediendo, y que necesariamente habrá de reverse para acompasar, debidamente, lo que realmente se busca: la mejora en las condiciones de vida –vía redistribución más equitativa del ingreso- de nuestras gentes. Es un paso, pero uno muy importante y bueno el que acaba de darse entre nuestros vecinos. ¿Estaremos a la altura del momento y sabremos acompasarnos, a su vez y en nuestra escala, a tales emprendimientos? Hoy no tengo la respuesta, pero quizá en breve podamos conversar al respecto. LA ONDA® DIGITAL |
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