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Cátedra Libre de Filosofía de la Alteridad
De Ardao a Vasconcellos
Viernes 3 de diciembre Ateneo de Montevideo

por Héctor Valle

Si usted está pensando en el título de la obra teatral de Oscar Wilde, tendrá razón en un sentido, al así interpretarlo aunque, en realidad, sea otro el motivo que me llevó a nombrar de tal forma este breve ensayo latinoamericano. 

Es que el viernes 3 de diciembre en la ciudad de Montevideo, esa dama que se recuesta sobre el mar, mostrando su columna, que algunos llaman rambla y otros el paseo de la costa, habrá de darse cita en la casa de la filosofía uruguaya, el Ateneo de Montevideo, el lanzamiento de una cátedra adjetivada como libre. 

Es así que la Cátedra Libre de Filosofía de la Alteridad tendrá, formalmente, vida en tal día, al anochecer, por vía de una conferencia que habremos de dictar esgrimiendo dos claros ejemplos de las fuentes de la identidad uruguaya: los doctores Arturo Ardao y Amílcar Vasconcellos

Pero, ¿sabe una cosa? Usted tenía razón y yo también, en cuanto al título. Porque Wilde y su obra, que algunos mal tradujeron  por “La importancia de llamarse Ernesto”, puesto que cuando hablemos de estos dos hombres, estaremos nombrando la condición misma de la honestidad y de la probidad en el hombre público desde dos esferas, la filosófica y la política. 

Uno por su Magisterio desde la Filosofía y el otro tanto por su Magisterio desde la Instrucción Pública bien como desde la Política. Porque política y honradez, conceptual y práctica, es posible, al igual que en el primero, filosofía y coherencia en el obrar, también son posibles y no, como algunos o muchos puedan pensar, ilusiones de seres que no atienden a la “realidad de las cosas”. 

Es decir,  la alteridad, esto es: el otro, no puede ni habrá de comenzar desde el ejercicio mismo y angostante de un etnocentrismo que vea en “lo uruguayo”, lo bueno y docto y por contrapartida, lo extranjero sea lo malo y empobrecedor. 

Lejos de ello, queremos significar que TAMBIEN en el Uruguay, la ética es posible. Que es cosa de humanos entre  humanos y que uno puede y debe ser honesto, puede y debe ser veraz, en procura de lo verdadero, sin con ello apearse de significar, decir, nombrar, a las cosas y a las actitudes por sus respectivos nombres, sean estos dulces o agrios. 

Como dijera otro Maestro de Vida como lo fue Theodor W. Adorno, la educación, en general, y una Cátedra, se comprenderá, tiende a ello, carecería tal educación absolutamente de sentido si no fuese educación para una autorreflexión crítica. 

Así, pues, comenzamos en el Uruguay desde el análisis mismo de casos uruguayos, probándonos en el mismo ejemplo antes que hablar de los otros no como otredad no como la responsabilidad primera, sino como bárbaros o anatema de un supuesto saber reduccionista y atrofiante. 

Y si hablamos de Alteridad es porque así quisimos calificar el foco mismo en el cual habremos de proseguir nuestros pasos, intelectuales y vivenciales, o sea, en el análisis del otro, porque nos ocupa, entre otros aspectos, los Derechos Humanos. 

Derechos Humanos que son tales si son considerados como los Derechos del Otro Hombre, y en esto, se comprenderá, no hay problema de género porque en tal “otro” se comprende tanto al hombre como a la mujer. 

Alteridad o como solemos decir: la cuestión del otro que es, a nuestro criterio, el aporte primero y mayor que América del Sur y América Latina por extensión tiene para dar al mundo todo. Porque lo diverso se da y se comprende en nuestra génesis como en el cotidiano vivir de los nuestros y en tal sentido sabemos de lo que hablamos como de los defectos y limitaciones que adornan, por qué negar, las realidades de nuestros pueblos. 

Pero esos mismos defectos, aquellas mismas carencias asumidas y expuestas están diciendo algo: la ausencia de una pretendida pureza “racial”, precursora de totalitarismo por la vía de razas superiores, pretendidamente superiores y pretendidamente razas porque como dijera Ardao, el mestizaje primero está en el indoeuropeo, por ejemplo y nadie puede –ni vemos por qué, además- apelar a pretendidas purezas, nadie. 

Pero hablamos de honestidad, de probidad y estamos nombrando espejos con buen azogue: Referentes para nuestra juventud, la juventud latinoamericana. 

Hoy no habré de extenderme sobre estas personas porque luego lo haré habida cuenta de la disertación antes anunciada que sobre ellos daré.

Queda un mensaje de este tan breve ensayo: la posibilidad cierta que la ética es posible, que se puede ser “gente” que se debe ser responsable, primero y por sobre todo, por el otro, hombre o mujer, porque ahí, en el compromiso total y de vida que demos al otro, estará principiando nuestro propio y personal reconocimiento como personas, dejando atrás el mero átomo, relegando al individuo, ese sujeto vacío y alienado que pena su vivir al no entender, por no haberlo asumido o no tener el coraje para hacerlo, en la praxis, que lo dialéctico que tiene la relación entre yo y el tú, en el principio dialógico, es que está la posibilidad cierta de trascender. 

Que trascender es cuestión de seres finitos y no me contradigo porque la contradicción es producto de la certeza de la vida de un hombre y la de una especie. Yo puedo y sé que soy finito, que moriré y conmigo mi identidad pero ciertamente trasciendo si en el hoy, en el presente activo, doy todo de mí en pos del otro, volviendo la acción a quien la generó, dialécticamente, y con ello cobrando sentido. Sentido de vida. Eso es América Latina, sentido de vida, y algo más y más enriquecedor tiene que decir y dar al mundo, porque además, ambas partes lo precisan. 

La región y el mundo viven horas de especial intranquilidad y aparente oscurantismo. Estará en nosotros, en la asunción de nuestras responsabilidades, personales y colectivas, que tendrá sentido o no, cada vida singular como la de cada pueblo en especial. 

América Latina es un crisol de culturas, de lenguas y de trascendencias. Es más que un corredor es la posibilidad misma de tomar de la tierra negra, la mano en garra, como dijéramos una vez, un puñado húmedo y fértil de sus entrañas y mirándolo de cerca, proferir una sola y estremecedora palabra, recordando al que no está o al que en cualquier momento habrá de venir a nuestro encuentro, como tan especialmente un latinoamericano puede decir, desde lo profundo de su ser, y con ello apelar a lo más grande de esta comarca: ¡Hermano!

hectorvalle@adinet.com.uy 

*Conferencia De Ardao a Vasconcellos
 3 de Diciembre  19 horas
Ateneo de Montevideo – Plaza Libertad
Cátedra Libre de Filosofía de la Alteridad tendrá

Tema Vinculante:
www.uruguay.com/LaOnda/LaOnda/212/Recuadro1.htm

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