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Los funerales de Pinochet
por Carlos Lago
Todos sabemos que cada
vez que la Justicia, los fallos y la Corte Suprema están cerca, Pinochet
se enferma.
En realidad lo que lo enferma y desde siempre es la misma Justicia.
Luego del último procesamiento ratificado con arresto domiciliario por
la Corte Suprema, en los últimos días del 2004, tuvo que internarse por
un serio problema neurológico. A quienes dicen que todo eso no fue más
que otra farsa, les intentó contestar su familia haciendo que el ex
dictador recibiese la Extremaunción, sacramento reservado por los
católicos para quienes están muy cercanos a dejar este mundo y quieren
estar en paz con Dios y consigo mismo.
La Moneda mientras tanto comenzó a pensar muy seriamente en los
funerales de Don Augusto. Lagos decidió que sería un entierro común, el
que corresponde a un reo procesado, sin ningún tipo de ceremonia
especial, a la cual él no concurriría.
Su Ministro de Interior, José María Inzulza declinó el discurso
protocolar, y un funcionario de menor jerarquía ya lo ha redactado para
leerlo cuando corresponda.
La historia evidentemente ya lo ha juzgado y aunque en cualquier mesa
chilena al tocarse el tema las posiciones se dividan en que hizo obra a
pesar de todo, cada avance en el conocimiento de los horrores que
cometió o no frenó, lo hacen desaparecer cada vez más en el fango.
Pinochet ya sabe que su época dorada pasó. Sabe como serán sus
funerales, bastante distintos a los que vivieron muchas de las víctimas
por las que hoy se sigue reclamando reparación.
Bordaberry se salvó por ahora de enfrentar a la Justicia, Videla paga
con cárcel algo de su actuación, el Plan Cóndor pronto tendrá todas las
cartas en el tapete y muchos se van a asustar.
Para algunos 30 años ya han sido demasiados y no pagarán su culpa. Otros
aún están en condiciones de hacerlo, como el asesino de Víctor Jara,
procesado hace muy pocos días.
Es que nuestro mundo es diferente al de pocos años atrás.
Por suerte. Feliz Año. LA
ONDA®
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