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Embajadores y desprolijidades
por Carlos Zapiola
Se dieron a conocer
públicamente los primeros nombramientos de embajadores del gobierno que
asume en marzo (¡que larga que es la transición!). Carlos Pita irá a
Chile, Gerónimo Cardozo a Venezuela y Alberto Couriel – si finalmente
acepta- a bailar con las cariocas y tratar de mantener las mejores
relaciones con los hermanos brasileños.
Pero como inocentada o noticia en serio, puesto que surgió al filo del
28 de diciembre, simultáneamente se dio a conocer por Rodolfo Nin y
Reinaldo Gargano, que la embajada uruguaya en EE.UU. se le había
ofrecido ocuparla a Jorge Batlle, según el primero y jamás había
ocurrido eso, según el futuro Canciller.
Cuando uno escribía sobre las posibles diferencias en la interna del FA
(abreviemos) sabíamos que hechos como éste iban a ocurrir a lo largo de
los cinco años que nos separan del 1 de marzo del 2010: pero nunca que
iba a pasar antes de finalizar el 2004.
Un discurso único, una forma de gobernar, un estilo y diferentes formas
de encarar las soluciones, era lo que se había elegido por Vázquez como
gabinete.
Ese discurso casi único y los silencios correspondientes hicieron
posible la mejor campaña electoral realizada nunca por la izquierda en
este país, que como escribíamos la semana pasada culminó con la
obtención del gobierno que no del Poder.
Y si se quiere pelear por los espacios de Poder que no se dominan, un
horror como éste quizás no sacuda mucho, ni mueva mercados, porque hasta
en Buenos Aires y jugando con el 28 de diciembre se dijo por algún medio
nada pequeño, que Batlle sustituiría a Volonté.
El manoseo de nombres, el mal uso de los espacios, los talenteos y la
vieja técnica de tirar verdes para recoger maduras, a veces da
resultado. La izquierda lo supo por muchos años. A pesar de su constante
crecimiento nunca le llegaba el momento de ganar. Cuando le toca
hacerlo, debe, tiene la obligación de pensar, que en cinco meses se
realizan elecciones municipales en las que necesita ganar no ya tres
sino seguramente no menos de cinco Intendencias, para que el país pueda
ver parte de su obra de gobierno de otra manera.
Y hechos como éste no ayudan en absoluto.
Dentro de cinco años además pondrá en la balanza frente a la ciudadanía
lo que hizo: lo bueno y lo malo. Y pedirá que se le renueve el crédito
por cinco años más.
Quizás he sido muy duro con un hecho puntual y que podría considerarse
banal. De banalidades está hecha la vida, y muchas veces le damos
importancia a cosas que luego nos damos cuenta que fueron apenas una
pequeña espuma que se esfumó en pocos segundos.
A veces marca estilos. Y es a eso que nos queríamos referir aquí. LA
ONDA®
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