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Cuatrocientos años después la El Quijote es mucho más que una soberbia parodia de los libros de caballería. La novela de Miguel de Cervantes constituye un tratado científico que habla de astronomía, medicina, matemáticas, psicología... Cervantes trasladó los conocimientos médicos de su época a El Quijote. Esta información sirve a los forenses actuales para conocer los padecimientos del hidalgo, así como la salud de otros personajes claves de la novela. "En fin, llegó el último de don Quijote, después de recibidos todos los sacramentos y después de haber abominado con muchas y eficaces razones de los libros de caballerías. Hallóse el escribano presente y dijo que nunca había leído en ningún libro de caballerías que algún caballero andante hubiese muerto en su lecho tan sosegadamente y tan cristiano como Don Quijote; el cual, entre compasiones y lágrimas de los que allí se hallaron, dio su espíritu: quiero decir que se murió". Así relata Miguel de Cervantes el instante en que el personaje principal de su inmortal novela, Don Quijote de la Mancha, pasa a mejor vida. Imaginemos que 400 años después, un grupo de científicos halla en un lugar de la Mancha cuyo nombre aún no ha sido revelado la tumba de Alonso Quijano el Bueno, que así es como realmente se llamaba Don Quijote. Aunque la sepultura está muy deteriorada, aún puede leerse parte del epitafio escrito por su amigo el bachiller Sansón Carrasco: "Yace aquí el hidalgo fuerte/ que a tanto extremo llegó/ de valiente, que se advierte..". Una fractura de la piedra impide leer los versos siguientes, salvo los dos últimos: "...que acreditó su ventura/ morir cuerdo y vivir loco". Una tensa emoción embriaga el ambiente. Al abrir el ataúd de madera de roble, los investigadores se miran atónitos: el cuerpo del hidalgo castellano está incorrupto. Las especiales condiciones de humedad y temperatura del terreno donde fue inhumado se conjuraron para impedir la putrefacción. Tras ampliar con sumo cuidado las dimensiones de la fosa, los arqueólogos proceden a la extracción del ataúd cuyos tablones están a punto de desmoronarse. Ahora, los restos del caballero andante viajan en un carro fúnebre a la Facultad de Medicina de la Universidad de Castilla-La Mancha, en Albacete. Allí los esperan un grupo de antropólogos forenses. El objetivo: practicar la autopsia a don Quijote. Por primera vez, la ciencia tiene la oportunidad de conocer la salud del caballero andante, así como de examinar las lesiones y los traumas que sufrió durante sus catastróficas aventuras, y desvelar, tal vez, de qué falleció. Para ello, cuentan con una guía imprescindible. Nos referimos a la novela que en 1605 publicaba Miguel de Cervantes y que relata las desventuras de su Ingenioso Hidalgo. El análisis de la obra pone de relieve que el escritor complutense sabía de qué hablaba cuando tocaba temas relacionados con la medicina, una disciplina que le preocupaba y ocupaba, como veremos más adelante.
De Hipócrates y
Galeno Con un desparpajo encomiable, Cervantes hace referencia en la novela a la alimentación, el hambre, la obesidad, la delgadez, la salud dental, el sueño, los traumatismos y heridas, el dolor, la higiene personal, la lipotimia, la menopausia y una larga lista de síntomas y enfermedades variopintas: lepra, infarto, dermatitis seborreica, sordera, sonambulismo, malaria, estrabismo... Su ojo clínico incluso no deja pasar por alto las desviaciones sexuales, como el exhibicionismo, el travestismo, el sadismo y la coprolalia de algunos personajes. De hecho, los especialistas afirman que el escritor diluyó en El Quijote sus propios problemas de salud. "Se ha demostrado -comenta el profesor Reverte- que muchos pasajes del libro son real transcripción de hechos de la vida del propio Cervantes, y de la misma forma que algunos personajes de la novela son retrato fiel de gentes con las que convivió el Ingenioso Hidalgo Don Miguel de Cervantes, nadie podría discutir que se contemple la posibilidad de que, al hablar de Don Quijote y de su extraña fisonomía, Cervantes no pensase en alguien, o en él mismo".
La cirrosis del
genio En general, esta retención crónica, que hoy se conoce como ascitis, está causada por una enfermedad del hígado, caso de la hepatitis y de la cirrosis ocasionada por la ingesta abusiva de alcohol. Esto no significa que Cervantes fuera alcohólico, pues ninguno de sus biógrafos hace mención a este particular. "Él también tenía unas ganas permanentes y una necesidad imperiosa de beber, que en términos médicos se conoce como polidipsia. Éste es un síntoma muy común en la diabetes", explica el doctor López. Y añade: "Cabe la posibilidad de que el autor alcaladino sufriera cirrosis desde largo tiempo y de que el daño hepático discurriera sin manifestarse clínicamente hasta los últimos tres años de su vida, momento en el que su salud se complica con una diabetes". No hay que olvidar que la cirrosis causa resistencia a la insulina, la hormona que gestiona el azúcar en sangre. "El novelista manifiesta además una profunda sensación de agotamiento -la astenia- que se va acrecentando según avanza su enfermedad", explica el doctor López.
Chequeo a Sancho
Panza Don Quijote es la antítesis de su escudero glotón. En su afán caballeresco, el hidalgo imita la dieta hipocalórica y vegetariana de los caballeros andantes hasta el extremo de poner en peligro su salud. "Supone una idea obsesiva en Cervantes el hambre, factor exponencial de la que él debió de pasar en muy diversas ocasiones", puede leerse en La antropología médica y el Quijote. Y también esto otro: "En Cervantes, hay una especial preocupación en recomendar la comida escasa, en aconsejar una dieta sana, rayana con la escasez franciscana". El autor sitúa al hidalgo manchego al borde de la inanición: "Hágote señor Sancho, que es honra de los caballeros andantes no comer en un mes..". La desnutrición avanzada que tenía al realizar su primera salida, se acentúa con el esfuerzo, el trabajo y las penalidades de la vida de los caballeros andantes. Y es agravada por sus ayunos sentimentales hacia Dulcinea. "Flaco lo vemos al comienzo de la novela, y flaco, amarillo y con los ojos hundidos regresa al final de su carrera andante", dice el profesor Reverte. Cervantes nos pinta al Caballero de la Triste Figura como un hombre cincuentón de temperamento colérico, enjuto de rostro a pesar de su complexión robusta y recia, y seco de carnes.
El rostro de un
fantasma Los ayunos de Don Quijote son tan prolongados que en algunos momentos Cervantes afirma que "estaba tan seco y amojamado que no parecía sino hecho de carne momia". Para el profesor Reverte, "Don Quijote estaba seco y amarillo de pura anemia". La ictericia o coloración amarillenta de la piel, ojos y boca es uno de los síntomas característicos de esta enfermedad. Las conductas derivadas de la bulimia del escudero y de la anorexia de su amo son descritas por el narrador con una exquisitez y precisión sin precedentes. El hambre produce en el famélico Ingenioso Hidalgo desmayos, adinamia -debilidad muscular- y mal humor; y los empachos de Sancho causan en éste embotamiento, pereza y disnea -dificultad para respirar.
También era
psicólogo En la piel acartonada del hidalgo, los forenses advierten un anormal número de cicatrices y huellas de hematomas y otras lesiones que atestiguan el accidentado desenlace de algunas aventuras durante su carrera andantesca. La nariz está ligeramente deformada, seguramente por la lluvia de palos y puñetazos que recibió y por el mordisco que le propinó un gato enfurecido. En dos dedos de la mano derecha, los forenses aprecian signos de magullamiento causados, según la novela, por la pedrada de un pastor, y unas escoriaciones cutáneas ya casi desvanecidas en las muñecas indican que estuvo maniatado con una cuerda.
Andar de
armadura caída Cervantes hace que Don Quijote se caiga 14 veces de su caballo, de la cama o de otro lugar y describe cada batacazo con sus correspondientes lesiones. Le sigue en caídas su escudero Sancho, que da con los huesos en el suelo en al menos once ocasiones. Sus medios de transporte, Rocinante y el burro Rucio, tampoco se salvan de las caídas. Y del resto de los personajes, 36 sufren traumatismos de diversa índole en una o varias ocasiones.
Más vale un
diente que un diamante
El novelista alcalaíno menciona el reuma y los
catarros como otras dos causas responsables del deterioro
dental, y expresa por boca del caballero andante su inquietud
por el cuidado bucal: "más vale un diente que un diamante". A
Don Quijote también le inquieta la limpieza dental, pues
recomienda que el caballero, al terminar la comida, "se quedará
recostado sobre la silla mondándose los dientes como es
costumbre". LA ONDA® DIGITAL |
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