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Estudio del Ejército de Brasil detecta
Los militares americanos construyeron pistas de aterrizaje en ciudades próximas a Brasil, en Paraguay y en Bolivia, instalaron radares y bases aéreas en nueve localidades de Perú, montaron destacamentos e inscribieron a decenas de soldados en cursos preparatorios para combate en selva y contra el narcotráfico en diversos países sudamericanos. Fragmentos y datos de estos informes de inteligencia del CIE – uno de ellos titulado “Presencia de los Estados Unidos en América del Sur” – son la base del trabajo del coronel de infantería José Alberto da Costa Abreu presentado en noviembre de 2002 en la Eceme (Escuela de Comando y Estado Mayor del Ejército), en Río, para la conclusión de su curso de especialización en Política Estrategia y Alta Administración Militar. “Los principales reflejos para Brasil de la expresiva presencia norteamericana en los países de América del Sur son: disminución de la capacidad brasileña de proyectar poder en el ámbito regional y la existencia de un “cinturón” de instalaciones norteamericanas próximas a las fronteras brasileñas, principalmente en la región amazónica”, concluyó el estudio del coronel.
Un coronel de ingeniería del CIE
fue el orientador del trabajo.
Maestrazgo Los informes del CIE utilizados por el coronel señalan que, en número de militares, la presencia americana más expresiva se daba, en 2002, en Bolivia. Por lo menos 5.000 hombres de los Estados Unidos actuaban en el país, que mantenía también la mayor embajada del continente, con 900 funcionarios. Además de esto, soldados de las fuerzas especiales de los EE.UU. “procuran levantar posibles focos de grupos armados que puedan, resistir a las acciones contra el narcotráfico” principalmente en las regiones coqueras de Chapare y Yungas, donde el gobierno boliviano puso en práctica, en la década del 90, un plan de destrucción de las áreas de cultivo de coca, el “Plan Dignidad”. Desde 1999, la población indígena de la región, que reivindica el derecho al cultivo tradicional de la planta, ha reaccionado contra el plan de ocupación militar de la región. El líder de la oposición en el país, Evo Morales, es de la región.
Vuelos clandestinos El Comando Sur, ligado al Departamento de Defensa y con sede en Miami, establece y ejecuta la política militar americana para América del Sur. Colombia, con actividad de por lo menos 500 militares norteamericanos, de acuerdo con el estudio, autoriza que militares del 7º Grupo de las Fuerzas Especiales de los Estados Unidos conduzcan entrenamientos en tres batallones colombianos antinarcóticos. El país ha recibido “más asistencia militar y policial de los EE.UU. en entrenamiento, equipamiento y armamento que toda América Latina y Caribe juntos”. El Congreso americano autorizó recientemente el empleo de 800 militares en Colombia. En 2001, 400 americanos habían participado de un ejercicio en Argentina y 465 en dos ejercicios en Paraguay.
Asistencia social Entre 1996 y 1997, según el estudio del coronel, fueron construidas pistas de aterrizaje en las ciudades fronterizas con Brasil Pedro Juan Caballero, Salto del Guairá y Coronel Oviedo. En Ecuador, funciona la única Localidad de Operaciones Avanzadas (FOL, en inglés) de los norteamericanos en el continente. Por un acuerdo de cooperación de noviembre de 1999, el gobierno ecuatoriano autorizó el uso americano de la Base de Manta, en la provincia de Manabi, que emplea cuatro aviones grandes y cuatro aviones medios. Uno de ellos, el P-3 Orion, “está dotado de equipamientos ópticos, acústicos e infrarrojos y los datos obtenidos deben ser compartidos con la inteligencia de la Fuerza Naval ecuatoriana”. Traducido para LA ONDA DIGITAL por Cristina Iriarte LA ONDA® DIGITAL |
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