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Un alto en el camino
Autocrítica y convocatoria
Héctor Valle
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Suicídio, Literatura e Sociología

Antônio Ozaí da Silva

Un alto en el camino
Autocrítica y convocatoria

por Héctor Valle

Es tiempo de hacer una pausa, elevar la mirada y aguzar el oído; tanto se ha hecho, compréndannos, en la medida de nuestras posibilidades, que bueno es rever lo andado y escucharlos mejor a ustedes.

¿Por qué comenzó esta sección? ¿Qué nos motivó a ello? Tanto. La incomprensión, el desconocimiento, el saber que quizá podríamos –que podemos, con mesura- hacer en pro del otro. Pero, ¿acaso somos entendidos en el tema? Ciertamente no lo somos pero sí somos ciudadanos y ciudadanas, sí tenemos el beneficio de actuar, de estar de propender a un presente mejor, a conocer qué es lo que motiva a tantos y tantas a intentar lo inaudito.

¿Acaso es este impulso algo despegado, aislado, de un contexto psicológico encuadrado en una instancia que la persona debiera recurrir a profesionales específicos de la salud?

No, no es algo aislado y por cierto que sería más que importante que aquellos que sufren su tiempo sin esperanza, sepan, que hay donde recurrir, que está una persona, una mujer, un hombre, profesionales preparados para recibirle y comenzar un camino diferente y mejor. No fácil, no. Porque conlleva osadía y permanencia en un esfuerzo pero que esta vez será compartido con otro que está dispuesto a una escucha más que ansiada, consciente o inconscientemente, por aquel hombre o aquella mujer que dudan de sí, de su momento vital.

Somos apenas seres humanos en esta sinfonía de vida que dista mucho de armonizar, lo sabemos. Pero también, y por vuestra deferencia, respeto y altura, también sabemos que estamos acompañados por ustedes, nuestros lectores.

Gracias damos, gracias les doy en lo personal, por vuestro contacto, por vuestros comentarios que han ido permeando poquito a poco en nuestra inteligencia y en nuestra conciencia y que hoy, este martes augural, nos lleva a detener nuestro andar y mirar a diestra y siniestra para ver cómo continuar.

Por ejemplo cuando afirmaba que falta información en el Uruguay, yo estaba errado en un sentido básico pues, como me advirtió uno de tales lectores –del que espero, por favor, se sirva enviarme trabajos para su divulgación en esta sección- la hay y rigurosa, como por ejemplo en la Sociedad de Psiquiatría del Uruguay www.mednet.org.uy/spu , a la que, sin duda, accedimos y hemos bajado importante material para su estudio y posterior tratamiento.

Pero aun así mis amigos, aun así, resuenan en mis oídos las palabras de tres secretarios de Estado del Uruguay, a saber: Salud Pública, Educación y Cultura e Interior, cuando en una misma mesa y oportunidad, que esta Revista divulgara en abril de 2004, reconocieran la falta de información actualizada, cruzada y estudiada en este asunto que, ocioso es decirlo, reviste un carácter multicausal y, por ende, multidisciplinaria debe ser su mirada y comprensión.

Y también el sentido común –OH! Tema vidrioso, lo sé, pero existe y debemos considerarlo- llama a nuestra conciencia llevándonos a preguntarnos qué pasa cuando tanto ocurre y tan poco, coordinada y sistemáticamente, se ofrece y publicita, divulga-.
Porque esto, aunque lego yo, conforma el brindar apoyo, el hacer ver y hacer saber, consiguientemente, que hay dónde, realmente, posiblemente, no en meros titulares, acceder a una ayuda profesional que atempere ese cotidiano tan árido que no pocas veces lleva a miradas a un pasado donde afincar lo bueno, renunciando, poco a poco, a considerarnos seres pasibles de acceder a estadios de realización, dejando que la soledad y la desesperanza campeen y aniden, con su frío tacto, en nuestra interioridad.

No. Hay un camino. Pero hay que mostrarlo, hay que ofrecerlo a todo lo ancho y lo largo de nuestras tierras y de nuestras gentes.

¿Acaso eso hoy se hace? No desde un centro especializado sino en los 19 departamentos del Uruguay?

Así y todo, es dable reconocer un error al tiempo que, acrecentando el rigor para con nosotros mismos, vamos en pos de una réplica en nuestras sociedades, porque esto no se limita con las fronteras que el hombre levanta sino que se extiende más allá de las llanuras uruguayas hacia tierras donde otros hermanos y hermanas de la región habitan este espacio de vida tan nuestro y tan querido.

Hay que esforzarse, buscar acuerdos, ampliar el espectro de organizaciones a conjugar esfuerzos, no buscar empequeñecer objetivos por vía de la disputa entre grupos en tanto cada uno de estos, como cada uno de nosotros, está consustanciado con el problema central: la mejora en la Salud Mental en el Uruguay hoy, a todas luces, escasa.

Sincerémonos:

Hemos hecho poco pero tenemos todo el horizonte del presente para afirmarnos en la voluntad de buscar acuerdos y espacios para una acción, concertada y multidisciplinaria, lo repito, en busca del objetivo común. Se puede lograr, podemos desviar el guijarro del ego en pos de una atención mayor y más elevada al otro, que no sólo la necesita sino que la reclama gritando en el silencio, gritos inaudibles que no pocas veces se pierden en el interior de seres que pudiendo recibir ayuda, estarían por lo menos más cercanos a un entendimiento consigo mismo y con la sociedad que los congrega.

En lo que respecta a nosotros, a la Revista La Onda, y a mí, a Héctor Valle, nosotros no abandonamos la lucha ni tampoco, digámoslo aunque nos duela tratarlo así, lo encaramos un día por mero interés especulativo, como una suerte de moda, de “oportunidad” para llegar a más gente y luego tirarlo al costado del camino –recordando a Nietzsche cuando decía que los grandes problemas continúan tirados en la calle esperando que alguien los levante y trate-.

No. Para nosotros, para La ONDA digital, como para mí, esto apenas comienza. La responsabilidad y el sentido de pertenencia a una sociedad no admite renuncias y menos aun liviandades.

Pero es claro que, a partir de ahora, más que nunca, precisamos de ustedes, de vuestro concurso. Y a ello, seguidamente, los convoco:

Va de suyo el reiterar el agradecimiento a personas y colectivos que han hecho llegar tanto sus comentarios como inquietudes en cuanto a entrevistas pero, en mérito a un accionar más armónico, al tiempo que riguroso en su base conceptual y científica, cuando corresponde así discurrir, les solicitamos consideren, por favor, presentarnos trabajos en cada una de vuestras disciplinas que tengan por eje el asunto que nos ocupa.

Tales trabajos, claro está, deberán contar no sólo con el detalle de estilo, y profundidad investigativa, en torno a la bibliografía y estadística empleada, sino también contar el mismo con los datos de por lo menos una persona responsable a la que llamar por teléfono o contactar por e.mail, de ser necesario.

Iremos publicando los mismos de manera que todos tengan visibilidad en un contexto que no sólo de sentido sino también coherencia a un trabajo que buscamos llegue al colectivo de la mejor manera posible.

Así, pues, y simplemente a modo de incitación al trabajo para quienes esto les ocupa como así también a la escucha del otro que es el centro de nuestro interés.

En suma lo que centra nuestra atención en la especificidad de nuestro accionar sobre esta problemática, recordando al Maestro en Medicina, Doctor Daniel L. Murguía, en su trabajo presentado al IV Congreso Mundial de Psiquiatría, efectuado en Madrid allá por septiembre de 1966, establecía, casi al comenzar, es, en palabras del destacado Maestro en Medicina: “(...)... es indiscutible que el hombre suicida es un Ser, aun más, un Existente, con conciencia, pulsiones, historicidad, proyecto existencial y destino, provisto de un aparato psicológico receptor, integrador y propulsor. Que sea autónoma y primitiva su propulsión suicida surgida espontáneamente de la trama de su estructura psicopatológica personal, independiente de los hechos y leyes sociales, o que la presentemos en un plano conceptual a modo de efecto personal inevitable, causado por un particular “status” social en el que el paciente participa, el cual integra y que sobre él actúa, no es sin embargo menos cierto que, lo mismo sea puramente psicogenético o sociogenético, el hecho suicida, en sí, es precedido siempre de cambios y modificaciones serias del equilibrio psíquico, de la estructura de la conciencia, del juego de las pulsiones instintivo-afectivas, del ordenamiento de los valores éticos, filosóficos y religiosos que constituyen las coordenadas, cuando no la propia trama de ese tejido que es la existencia misma.

Asimismo, mis amigos y amigas, con particular alegría presento al destacado docente y doctor en Educación, el brasileño Ozaí da Silva quien además de compartir intereses, brinda una perspectiva más que interesante a considerar y por ello incluimos su último trabajo entorno al suicidio.

Lo hacemos en su idioma, por entender que es dable hacerlo así en el sentido de respetar al otro bien como asimilar que el portugués, desde el Brasil próximo en tantos sentidos a nuestro diario vivir, conforma la región tanto como el español.

Por tanto, solamente resta decirles que quedo a la escucha y a la espera de ustedes, lo que no nos inhibe de continuar trabajando en torno al asunto.

hectorvalle@adinet.com.uy

Ingrese aquí para leer otras notas sobre el tema: www.uruguay.com/LaOnda/LaOnda/218/Recuadro2.htm
www.uruguay.com/LaOnda/LaOnda/215/Recuadro2.htm
http://www.uruguay.com/LaOnda/LaOnda/213/Recuadro21.htm

www.uruguay.com/LaOnda/LaOnda/212/Recuadro2.htm

- Descargue el Libro completo
  Estudio del Suicidio en el Uruguay
  Autor: Doctor Julio Vignolo
 
www.uruguay.com/LaOnda/LaOnda/208/Recuadro2.htm

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