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Carta abierta al señor Jorge Batlle
Batlle busca su lugar
por Héctor Valle
El señor Jorge Batlle
procura un espacio en este mundo pero ni siquiera lo encuentra para sus
libros, algo que para quienes poseemos una modesta biblioteca nos cuesta
comprender, cómo desprenderse, como si fuera ello posible, de “tantos”
tomos que no den las habitaciones de la casa. ¿Será que así uno quiere
significar “lo vasto” de un saber? ¿Leer es saber? ¿Acaso el mero leer
implica comprender e incluso asimilar? Y comprendiendo, ¿hay sustrato
para un hacer consecuente con lo aprendido si es que ello fue,
políticamente hablando, para mejor desarrollo de lo humano en el hombre
y la mujer de a pie?
Pero eso no es lo central. Vayamos de lleno a el asunto:
Cuesta entender, fuera de todo cinismo, cómo el actual mandatario
uruguayo puede haber manifestado que la crisis generada en el Uruguay
pudo despertar la idea de que había un pasado al que teníamos que
volver, transformándonos, así lo manifestó a la prensa y está
consignado, por tanto, en varios medios de comunicación uruguayos, en
buena medida, con un sentimiento positivo, en un país muy conservador.
Un país, dijo Batlle, que siempre está mirando el pasado. Un país,
agregó, al que le preocupaba mucho más mirar Ámsterdam, Colombes, el
campeonato del 30 y Maracaná que ver cómo había que hacer para jugar al
fútbol más o menos parecido a lo que juegan todos los países del mundo.
Para mí ese es, terminó diciendo el hoy mandatario uruguayo, el problema
más grave que tiene el Uruguay. Y ese es a mi juicio lo que todo
gobernante, signó Jorge Batlle, siente cuando termina su período, cree
que no ha podido meter al Uruguay en todo el mundo. En algunas cosas
creo que lo hemos hecho pero en las cosas esenciales todavía le falta
mucho camino por recorrer, dijo el hombre y consignaron los medios.
Porque Jorge Batlle sabe jugar. De eso no nos cabe duda. El es,
esencialmente, un jugador.
Pero a lo que este hombre no tiene derecho es a ofender el criterio de
la gente al decir que miramos hacia el pasado cuando el Uruguay vivió, y
aun vive, la peor crisis, que él como primer mandatario comandó
conscientemente, de su historia, de la historia de esta nación que tuvo
en su señor padre, el estadista Luis Batlle Berres, a un cultor no ya
del batllismo sino de lo social en la política, del respeto a lo humano.
Luis Batlle no fue un jugador, fue un señor de su tiempo y de todos los
tiempos.
Decimos esto, porque es dable hacer oir nuestra voz, inmediatamente de
expresadas las palabras del primer mandatario. Porque además fuimos
quienes le votamos y somos, en nuestra medida, corresponsable de tamaña
barbaridad, hablamos de la conducción de la cosa pública, de cómo se
manejó la rapacidad emprendida dentro y fuera de fronteras por otros,
uruguayos y no uruguayos, y de cómo el país se vio envuelto en un sinfín
de imprevisiones, improvisaciones, medidas claramente contradictorias,
que hoy aun tendremos que continuar resolviendo, y pagando, todo ello,
desde la conducción política, emprendido según ahora nos enteramos en
aras “de meternos en el mundo”.
No hay derecho. Qué lástima que se haya derogado la ley de duelos. Qué
pena no poder recordar, sable en mano, cómo es “la quinta”, la que
defiende “las ideas” y como se baja a segunda y a tercera, para cortar
tanta palabrería sin contenido.
Luis Batlle fue un estadista. José Batlle y Ordóñez fue el hacedor del
Uruguay moderno, pero usted, señor, usted es solo un jugador, al estar
de su afición deportiva, exteriorizada hasta el día de hoy, con palabras
que antes citáramos. Serio, eso sí, y versado en el arte de la retórica,
pero hasta ahí. Solamente hasta ahí. Y nada más.
Falta decir varias cosas. Esto simplemente busca marcar, pronta y
claramente, nuestra discrepancia, más absoluta, en lo político, con
quien hasta el 28 de febrero estará al frente del gobierno del Uruguay y
de la peor crisis económico-financiera de su historia. Que no es poca
cosa.
Proseguiremos.
Héctor Valle
hectorvalle@adinet.com.uy LA
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