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(II)
Ardao y la Masonería
El Conde de Volney

por Héctor Valle

La búsqueda de Ardao por el otro, en este caso, por la comprensión de lo que la Masonería es y cómo ello se compadece o no con el hacer de sus miembros, al menos de aquellos de mayor figuración pública, habla, una vez más, de la insistente porfía en pos de lo verdadero, en base a lo concreto de cada uno de los asuntos a tratar y, especialmente, desentrañar en la formulación misma de los temas bien como de las manifestaciones tanto grupales como personales, para hallar, o pretender hallar un significado primero y lo más amplio posible, despejada toda instancia dogmática a favor o en contra del asunto abordado.

Previo al tratamiento de la Masonería, Ardao incursionó en la misma obra, en torno a un personaje singularmente importante, según el propio Maestro lo consigna , al considerar la modalidad del racionalismo Es así que Ardao prosigue su estudio de la Masonería, y lo hace, a instancias de referirnos la obra, tan intensa como poco leída en estas latitudes de un personaje tan real como singular: El conde de Volney.

En realidad, se llamó Constantino Francisco Chassebeuf, y más adelante tomó el nombre de Volney. nació en Craon el 3 de febrero de 1757. Hacia el año 1776 llegó a Paris donde perfeccionó sus estudios de linguística y de historia, y se dio a conocer con una memoria sobre la cronología de Herodoto. En seguida fue presentado en la casa del barón de Holbach, donde conoció a Franklin, bien como a la sociedad de Madame Helvetius.

Su obra, “Las ruinas de Palmira”, de 1791, es un clásico en la historia del racionalismo moderno y, al poseer la misma edición que la manejada por Ardao, habremos de transcribir sendos pasajes para imbuirnos de la atmósfera propicia para continuar en el tratamiento del tema central, paso que exige una visión previa del racionalismo de la mano de este autor, el conde de Volney, porque, así lo creemos, centra el foco de la cuestión en el apego de unos y desapego de otros, tanto por el dogma como por la libertad de espíritu al ejercer la opción de vida, sea en religión, por ejemplo, que tan claramente marcó diferencias entre la Masonería y las instituciones más representativas de lo dogmático en las diversas posiciones de vida.

En pleno diálogo, de la obra, entre el pueblo y los sacerdotes, es dable rescatar las siguientes frases para adentrarnos en el centro de la misma y ver, por nosotros mismos, de qué se trata:

“EL PUEBLO: ¡Soldados! ¡Sóis de nuestra sangre! ¿Golpearéis a vuestros parientes, a vuestros hermanos? Si perece el pueblo, ¿quién alimentará al ejército?
Y los soldados, bajando las armas, dijeron: También nosotros somos el pueblo, mostradnos al enemigo!.
Entonces, los privilegiados eclesiásticos dijeron: “No queda más que un recurso: el pueblo es supersticioso. Es necesario aterrorizarlo con los nombres de Dios y de religión. ¡Queridos hermanos! ¡Hijos nuestros! Dios nos ha establecido para gobernaros.”

EL PUEBLO
¡Mostradnos vuestros poderes celestiales!
LOS SACERDOTES:
Es preciso tener fe; la razón extravía.
EL PUEBLO:
¿Gobernáis acaso sin razonar?
LOS SACERDOTES
Dios quiere la paz; la religión prescribe la obediencia.
EL PUEBLO
La paz implica la justicia; la obediencia requiere la convicción de un deber.
LOS SACERDOTES
Estamos en la tierra sólo para sufrir.
EL PUEBLO
Dadnos el ejemplo.
LOS SACERDOTES
¿Vivís sin dioses y sin reyes?
EL PUEBLO
Queremos vivir sin opresores.
LOS SACERDOTES
Habéis menester de los mediadores, de los intermediarios.
EL PUEBLO
¡Mediadores ante Dios y los reyes! Cortesanos y sacerdotes, vuestros servicios son por demás dispendiosos. En lo sucesivo trataremos directamente nuestros asuntos.

Y entonces el pequeño grupo dijo: Todo se ha perdido, la multitud está ilustrada.

Y el pueblo respondió: Todo está salvado; porque si estamos ilustrados, no abusaremos de nuestra fuerza; sólo queremos nuestros derechos. Tenemos resentimientos, pero los olvidaremos. Éramos esclavos, podríamos mandar; sólo deseamos ser libres, y la libertad no es otra cosa que la justicia.” Con esta lectura previa, volvemos sobre lo tratado directamente por Ardao respecto de la Masonería, cuando hace especial hincapié en lo relativo a la franc-masonería y el racionalismo religioso.

Es así que, en el medio de su estudio, el filósofo ilumina lo que a su criterio es esencial en esta escuela de autoconocimiento. Así, manifesta Ardao, lo que sigue: “En cierto sentido la Masonería es una de las más ilógicas e incongruentes manifestaciones del sentimiento religioso. Sociológicamente se presenta con un curioso carácter residual, a modo de vasto receptáculo en el que se superponen los más variados elementos desprendidos de distintas religiones. Condena las que llama idolatrías, respetando a las religiones monoteístas. Pero no se limita a recoger de éstas sus dogmas más generales, sino que, valiéndose de toda clase de fuentes históricas, organiza por su cuenta ritos complejísimos. Siendo éstos motivo de “iniciación”, resulta imposible separar de ellos una dogmática tan abigarrada como heterogénea. El profuso empleo de alegorías y simbolismos, sin otro fundamento que el histórico, está lejos de acercarla a los dominios de la razón. No obstante eso, por paradoja, la franc-masonería ha sido impulsora en el mundo moderno del racionalismo en materia religiosa. Respetuosa por principio de la revelación, su tendencia inevitable ha sido socavar la fe en ella, convirtiéndose en un vehículo del deísmo racionalista, y al fin, en contradicción con sus propios fundamentos, en un puente de pasaje a la irreligión y el ateísmo.”

Bien. Solamente un hombre con una clara y honda formación humanista y académica, con el sentido del rigor del investigador serio y compenetrado, con la enseñanza de su maestro, Carlos Vaz Ferreira, puede incursionar tan penetrante y certeramente, en un ámbito que, en lo cotidiano le era ajeno, al no haber sido masón, y poder salir sin haber ni erosionado lo estudiado ni menguado en su claridad como expositor sin calificar, luego dogmatizar, en un sentido u otro, materia tan árida como la aquí expuesta.

Es entonces que Ardao, cuando uno presume que pueda salir para atisbar una mirada más lejana de la cosa, no, incursiona con precisión, en el meollo de la cuestión masónica: la prédica de la tolerancia.

Continúa, pues, afirmando el Maestro: “Su gran papel del punto de vista del racionalismo religioso, lo ha cumplido la Masonería en carácter de intérprete práctico de la idea de tolerancia. Esta idea surge como vehemente aspiración de la conciencia moderna en reacción contra los excesos de las luchas religiosas que tienen por centro el siglo XVI.”

Para afirmar, más adelante: “La Masonería no ha querido en ningún momento ser una religión más sino un centro de armónica convivencia de las distintas religiones existentes fundadas en la creencia en un Ser Supremo, el Gran Arquitecto del Universo. Suele decirse que la Masonería es en religión, deísta. Excluidos recientes fenómenos de agnosticismo y ateísmo masones, eso es exacto siempre que se le dé su máxima latitud etimológica al término deísta. En el seno de la Masonería caben tanto cmo el deísta en sentido estricto, o sea adepto de la religión natural, el cristiano, el judío o el mahometano. Pero aun más: originariamente en la Europa occidental es de cristianos y judíos, y más que nada de los primeros, que principalmente se compone la Masonería.”

Llegados a este punto, y conscientes de nuestro lento avanzar en el tratamiento del asunto, haremos un nuevo y último alto en el camino trazado, en aras de una meditación que nos permita acceder a la tercera parte de este estudio preliminar sobre Ardao y la Masonería.

Hemos hecho referencia tanto a lo previo de la concepción racionalista como luego al estudio pormenorizado de Ardao que le permite arribar al centro, hasta ahora, de la cuestión masónica: la tolerancia, y especialmente religiosa, sin menoscabo de lo medular: la prédica y la defensa de la libertad.

El Uruguay Moderno ha visto por vía de la enseñanza de sus maestros: Prudencio Vázquez y Vega, José Enrique Rodó, Carlos Vaz Ferreira, Antonio Grompone y Arturo Ardao, para citar a los más conocidos, el tránsito del hombre a través de la filosofía de la experiencia, del tratamiento de todos los temas primero desde la formulación misma del problema, despejado toda concepción dogmática que angoste y consecuentemente obstaculice hasta inviabilizarlo, el conocimiento profundo del asunto.

Ardao, en este transitar, continúa dando ejemplo de vida, ejemplo de cómo ser un Magíster desde la Filosofía pero en lo cotidiano de una vida bien vivida, desde el punto de vista humanista primero y más elevado.

Y de eso se trata, a eso nos abocamos, a resaltar el camino de un Maestro, incluso en su visita a los intrincados caminos (¿lo serán?) de la senda masónica.

Continuaremos.

hectorvalle@adinet.com.uy

 Ardao, Arturo – Racionalismo y liberalismo en el Uruguay, Publicaciones de la Universidad, Montevideo, año 1962, Pág. 53.

Conde de Volney – Las ruinas de Palmira – Editorial Sopena, Colección Minerva, Buenos Aires, año 1946, Págs. 62 y 63.

Ardao, Arturo – Racionalismo y liberalismo en el Uruguay, Universidad, Montevideo, año 1962, Págs. 62 y 63

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