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¿Qué hay detrás de la oscilación del dólar?
O cómo encubrir un brutal impuesto

por Rafael Iraburú

Los hechos dicen más que cualquier declaración. Cuando usted advierte que en dólar oscila una y otra vez, fuertemente a la baja, recuperándose algo y volviendo a caer, en una plaza de tan escasa significación monetaria, como la veraniega Montevideo, algo seguro huele mal en la cocina del Estado.

Al argumento del “flujo de turistas con sus dólares a cambiar” bien como la “venta de dólares para pagar sueldos y licencias” usted, mirando más allá del río que llamamos mar, ve que la Argentina lo hace también, y en una escala superlativamente mayor a la nuestra, variando el dólar, en su cotización, a la baja en solamente 2 (dos) centavos, en más de un mes. Y entonces, convengamos que por lo menos nuestras narinas comienzan a detectar un tufillo que ningún chef avalaría con su nombre.

Si advertimos que comienzan a darse a conocer guarismos que “reflejan el éxito rotundo e histórico” de la política económica del gobierno, en donde se enjuga la inflación en dólares, que unos, no ellos –los que están- a diciembre decían era de un 10% y luego tuvieron que declarar que es o está, mejor dicho, en el orden del 14%; ciertamente, al menos uno cree deducirlo así, todo otro número previo y en moneda nacional uruguaya es, evidentemente, relativo y sugestivamente falto de mayor soporte en valores constantes, en comparación con iguales períodos pasados.

A su vez, si analiza usted que las diferentes cámaras empresariales comienzan a reiterar, con mayor énfasis, el daño que se le hace al negocio de la exportación, entonces ahí, dilecto amigo, dilecta amiga, tenemos simple y llanamente que, si visualizáramos a un hombre en la frontera dispuesto a pasar su mercancía, regularmente y sin apelar a hacerlo de manera non sancta, por ejemplo por vía aérea al norte del Rio Negro, donde aun el Uruguay carece, escuche bien, carece, salvo que la repartición respectiva del Estado hubiera efectuado compras respectivas en los últimos meses, carece, repito, de radares modernos y apropiados para regular, y controlar, el tráfico aéreo. Pero ese es otro tema, aunque también económico, entre otros aspectos de una cuestión nada menor.

Si tal caminante con su mercancía busca pasar por frontera, acorde a la ley, de diez unidades que tiene, el Estado se le queda con dos. Ese es el impuesto que, disculpen la manera tosca de ejemplificarlo, el gobierno actual ha empleado, sin escuchar las sucesivas quejas y los reiterados pedidos del mundo empresarial exportador uruguayo como del agropecuario.

Porque en definitiva si usted tenía calculada la exportación, me refiero a los costos internos de materias primas, tarifas públicas y salarios, con un dólar a $29,5 y luego ve que sin mediar aviso cae este a $ 23,5 - $25,25, la quita producida, en ese no tan supuesto paso de frontera, es un impuesto grosero, alevoso y leonino. Detracciones que le decían. no hay vuelta.

Ciertamente el dólar en lo internacional se ve enfrentado a una situación más que difícil pero en lo regional la situación no es tan así. No con la Argentina con la que mayor dependencia tenemos, por ejemplo en turismo, ¿vio?

Donde, por otra parte, el mérito del ingreso de turistas, ¡OH, cruel destino! no es nuestro, menos aun de un funcionario local, por más que salga a recibir a los veraneantes con una copita de vino, sino de la economía doméstica argentina y su fuerte expansión, guste o no, en los últimos tiempos.

E incluso con el Brasil, pese a estar evidentemente sobrevaluado el Real, al haberse apartado, no el Uruguay, sino este gobierno que se va, de una relación madura, fraterna y proyectiva, mal podemos reflejar las actitudes de los funcionarios uruguayos en la materia con la de sus pares brasileños que operan, digámoslo, en un contexto de fortísima búsqueda, encuentro e implementación, tanto de mercados a satisfacer con su oferta como a polos de desarrollo industrial y productivo en sus diferentes fases, algo que el Uruguay, desde hace decenios no hace.

O sea que los llamados neoliberales serían, en la práctica, los impulsores de una carga tributaria no explicitada ni regulada.

Esto irá hasta el 01 de marzo al mediodía. Nadie de los que está, según vemos por los hechos antes que por las palabras, pensó en el día después. O si lo hizo, no lo hizo, digamos, con un espíritu liberal.

rafairaburu@adinet.com.uy

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