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Aebu: El desafío y la madurez, El movimiento sindical y los uruguayos en general abordamos el comienzo de un año que tiene características muy especiales. Tan especiales que no existen antecedentes en casi doscientos años de historia gubernamental de nuestro país.
La izquierda llega por primera vez al gobierno trayendo tras de sí una historia de sacrificio y lucha en contra de los focos más reaccionarios de poder, contra la desigualdad y la miseria. Llega con su enunciado de hacer posible el legado histórico de «que los más infelices sean los más privilegiados», y en su búsqueda casi genética de forjar una sociedad sin infelicidad ni privilegios.
Sin embargo estos conceptos exceden a las fuerzas político partidarias de izquierda o a aquellos sectores progresistas que –aún sin definirse como de izquierda– han jalonado la historia de nuestro país. Esos conceptos son también los postulados básicos en donde el movimiento sindical uruguayo ha sustentado su trayectoria desde el comienzo mismo de su existencia.
Los derechos inalienables a la libertad y la democracia, que solo podrán sustentarse en la existencia del trabajo decente, han sido y son el eje rector de los objetivos por los cuales los trabajadores organizados hemos transitado por la historia. Porque solo con trabajo decente puede haber acceso a la salud, la educación, la vivienda y la recreación, con igualdad de oportunidades para todos.
Una falsa discusión Estamos por lo tanto frente a una falsa disyuntiva dado que, al conservar una independencia de clase que no esta en discusión, alcanzará simplemente con que el movimiento sindical mantenga su coherencia respecto a su accionar histórico. Este accionar siempre abordó el análisis, la crítica y la movilización, pero transitó por los caminos de diálogo y negociación, a lo que aunó –en forma distintiva respecto a otras experiencias sindicales– una enorme capacidad de propuesta.
Es el mismo movimiento sindical que convocó, participó y aportó sus ideas en aquel proyecto que, a la salida de la dictadura, se llamó Concertación Nacional Programática, en la búsqueda de una profundización democrática que lamentablemente el gobierno del doctor Julio María Sanguinetti desechó y descartó inmediatamente después de asumir.
Es el mismo movimiento que mantuvo una línea de coherencia en tal sentido, que atravesó diversos gobiernos y llegó incluso, en este último, a anticiparse a una de las crisis más profundas al elaborar una propuesta que aunaba distintos sectores sociales, políticos y de la actividad productiva y comercial, para proponer al actual Poder Ejecutivo un diálogo que fue total y lamentablemente ignorado.
No otra cosa fue la movilización del 16 abril de 2002 de la Concertación para el Crecimiento y el PIT-CNT en su acto frente al Obelisco, con su llamamiento «Por el trabajo y la producción nacional, porque otro Uruguay es posible», ya presentado el 21 de marzo de ese mismo año en el Paraninfo de la Universidad por ese conjunto de gremios empresariales (rurales, comerciales e industriales) y el PIT-CNT.
Por lo tanto, no sería lógico cambiar nada en el accionar del movimiento sindical, en su manera de movilizarse y discutir, en su búsqueda de acuerdos y del encuentro de caminos comunes, en su profundización en el diálogo y en los análisis, y también –¿por qué no?– en el mantenimiento de las discrepancias cuando, transitadas estas etapas, no se llega a acuerdos.
La necesaria solidaridad Pero también debemos reconocer que las expectativas que se abren no pueden ser obviadas en el análisis que como trabajadores debemos realizar de la nueva etapa. El plan de emergencia social, anunciado por el gobierno entrante, no es un tema menor para los trabajadores. ¿O acaso no fue el movimiento sindical el primero en denunciar desde la existencia de seres humanos que comían pasto o basura hasta las muertes de niños por desnutrición en Artigas? ¿No reclamamos que debía darse una atención prioritaria a estas situaciones de pobreza indignante e insultante en las que sobreviven miles de uruguayos? ¿No señalamos que la continuidad de esas situaciones –vergonzosas desde el punto de vista social– podía socavar las bases mismas de la convivencia democrática?
Si todo esto fue así, entonces también debemos compartir esa calificación de «prioridad social número uno», y no porque sea la prioridad planteada desde un gobierno de tal o cual signo, sino porque forma parte de nuestros postulados más profundos; la verdadera solidaridad no puede pasar hoy por otro lado que no sea el del ataque a esos focos de la miseria más profunda en que están sumidos miles de uruguayos. Deberemos estar allí en primera fila, sin vergüenza alguna de coincidencias.
Y en cuanto a las posturas que, como movimiento sindical, hemos planteado en lo específicamente laboral tampoco creemos que haya que inventar nada nuevo. «Primero el trabajo» fue la consigna de las últimas celebraciones del Día de los Trabajadores; consigna indiscutible, porque abordar las asimetrías sociales que existen en este país no va a ser posible con ansiedades y análisis facilistas sino, como siempre lo planteamos, con cambios estructurales, a fin de crear cimientos firmes en donde sustentar el desarrollo de una sociedad justa y solidaria.
Como organización de trabajadores tenemos nuestras ideas y propuestas. Tenemos nuestros caminos recorridos en la Junta Nacional de Empleo, en los planes de capacitación laboral, en propuestas para la generación de trabajo sustentable, así como experiencia en la reactivación de unidades productivas por cuenta de los trabajadores. Sabemos, además, que todo esto se da en un contexto nacional e internacional en donde los cambios en las estructuras financieras, comerciales e industriales son constantes, y que por lo tanto no encontraremos soluciones mágicas, pero sí tenemos elementos para profundizar una discusión realista y seria sobre el tema del trabajo.
La creación de empleo, con especial énfasis en su calidad en materia de cobertura social, remuneración y salubridad son en definitiva un hermoso desafío en un mundo cambiante y difícil, en donde esas condiciones se han deteriorado en forma notoria.
Entonces no es menor –aún con las diferencias que sin duda se van a dar– que en el Ministerio de Trabajo vayan a ocupar cargos de dirección trabajadores que vivieron en carne propia la injusticia, quienes concurrieron a esa misma repartición pública a denunciar explotaciones oprobiosas o arbitrariedades indignantes y encontraron allí la más absoluta prescindencia por parte de los gobiernos de turno.
No es indiferente para el movimiento sindical que quienes estarán al frente de la Inspección de Trabajo sean compañeros que pasaron por esa experiencia, conscientes de que una política correcta en ese tópico puede mejorar las condiciones de salubridad y –más importante aún– evitar la pérdida de vidas por trabajar en condiciones de alto riesgo, sin el menor cumplimiento de normas de seguridad.
Nuestro aporte No puede el movimiento sindical ser prescindente del llamado reciente que hace el gobierno electo a trabajadores y empleadores para la recreación de ámbitos de negociación colectiva. Y ello es así porque se trata de una reivindicación que la propia central ha levantado durante años, a la cual –como ya hemos visto– deberemos aportar. Deberemos analizar para ello, a la luz de las variantes que han existido en el mundo del trabajo, la adecuación de una herramienta (los consejos de salarios) que en su nacimiento preveían, por ejemplo, la existencia de 48 ramas de actividad, y por lo tanto otros tantos ámbitos de negociación. En materia de negociación colectiva tenemos que modernizar y hacer eficientes las herramientas bipartitas o tripartitas. También debemos tener claro que en el contexto actual lo primero será ir restableciendo la cultura de negociación, porque ya sabemos que hay sectores patronales a quienes no interesa en lo más mínimo que estos mecanismos existan, y así lo han expresado recientemente.
Ligado íntimamente a lo anterior, resulta imprescindible atender otro reclamo histórico del PIT-CNT: la discusión de una ley de protección sindical, porque para posibilitar la participación en un consejo de salarios dentro de un relacionamiento civilizado se deberán dictar las normas que así lo permitan. De lo contrario nos encontraremos con el continuismo de las políticas vividas en las últimas décadas donde, en algunas ramas en particular, se arrasaban con total impunidad direcciones sindicales enteras, cuyo delito era organizarse como colectivo de trabajadores.
Será un tiempo de desafíos también en temas de fundamental importancia para todo trabajador como lo es la seguridad social y, dentro de ella, lo atinente a los regímenes jubilatorios, un espacio donde deberán abordarse con premura (pero también con calma), la realidad de las afap, el BPS y las cajas paraestatales.
Nada de lo descrito para el movimiento sindical en su conjunto es ajeno, por lógica, a la realidad que como Aebu deberemos transitar en la etapa. La búsqueda de soluciones para nuestros compañeros en desempleo, nuestras propuestas para un sistema financiero que sirva al país y el abordaje profundo del tema de la Caja Bancaria son, en lo particular, los desafíos que tenemos por delante.
En síntesis entendemos que estamos en la apertura de un tiempo donde el movimiento sindical debe ser coherente con su accionar histórico: movilización, diálogo, negociación y propuesta permanente.
Una de las señas de identidad de este movimiento de trabajadores es que a nadie se le pide determinada filiación política para integrarlo. Esto no va a cambiar. Pero tampoco a nadie escapa que aparezca como más factible abordar análisis y encontrar coincidencias con quienes se comparte enunciados y propuestas, cuestión que, por ejemplo, no sucedió con equipos económicos como los encabezados por el doctor Ramón Díaz o por el contador Alberto Bensión. Y esto no significa embanderarse ni ser obsecuentes. Por el contrario, creemos que esto ratifica que formamos parte de un movimiento sindical coherente, confiado en sus convicciones, maduro e independiente. Fuente: Clearing - 17 de febrero. LA ONDA® DIGITAL |
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