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Opción
batllista
La hora de la conciencia
por Héctor Valle
A
lo largo del gobierno del Presidente Batlle, el Poder Ejecutivo en
general y el Partido Colorado en particular, ha visto desfilar, en
cargos de primera responsabilidad, a connotados miembros y familiares
del Opus Dei. Aunque cerca está también la Hermandad Carlista, si bien
no directamente representada en tales cargos.
De esta forma el Presidente Batlle ha dado un giro en el sentido
confesional que llevaría, de prosperar la última apuesta de un largo
rosario de jugadas, a que la candidatura de uno de los hijos del ex
presidente Juan María B., convierta al Partido Colorado, antes conocido
por Partido de la Defensa, en el Partido Confesional Uruguayo por la vía
expedita de aglutinar la sumatoria de las voluntades de los gerontes
partidarios que, con la reforma electoral que propulsaran, y que no
pocos valoraron en el sentido de haber sido hecha a medida, es decir,
con nombre y apellido, tendría su desenlace, o primer round, en las
municipales montevideanas del mes de mayo próximo.
Es dable acotar también que salvo raras y honrosas excepciones, a saber
la del convencional Alberto Iglesias y sus seguidores, el resto de las
“figuras” partidarias, “oficialistas” u “opositoras”, generales o
soldados, han dado u otorgado su beneplácito para que tal extremo,
insospechado hace un decenio, o siquiera el quinquenio pasado,
acontezca.
La postulación de uno de los hijos del ex presidente Juan María B. no
atiende, estimamos nosotros, meramente a una coyuntura de elección
municipal sino y antes bien a preparar a un candidato, y con él, a tomar
los lugares de dirección hacia la interna partidaria por parte de
esquemas operativos que nada tienen o tenían, mejor dicho, nada que ver
con la interna de un Partido político. Y menos con el Partido Colorado
Batllista.
De esta manera, lejos de vetar o discriminar a una persona, advertimos
cómo, a nuestro criterio, obviamente, podría estar dándose que una
colectividad política donde otrora se difundiera, defendiera y
estimulara, el libre albedrío, mañana pasaría a ser, de confirmarse los
extremos que hoy presumimos estarían planteándose por la vía fáctica, en
un brazo político de una corporación económico-financiera y confesional.
Nada de esto atiende, repetimos incansablemente, a una visión negadora
de la fe y menos que menos de la espiritualidad en el hombre o, como
solemos decir, de la trascendencia que, naturalmente, la vida tiene para
el hombre y la mujer de a pie.
Es que el Partido de don José Batlle y Ordóñez, a través de parricidios
ideológicos (recordemos sin más a la figura de Luis Batlle Berres y su
política industrial y por qué no recordar, la defensa de los bienes del
Estado, es decir, de las áreas sensibles de la producción nacional)
estaría, antes de fenecer electoralmente, hincándose ante un aspecto de
lo que unos entienden por verdad –o infalibilidad, si prefieren sea más
específico- y negando al resto de la gente, la opción de defender la
libertad de pensamiento en el hombre.
No importa. Podrán tomar cuenta del Partido. Podrán presentar candidatos
y con ello, y con este esquema electoral donde reina en el gran elector
o, si me permite, el colador en manos de dos personas, quedarse con la
bolsa, que aunque vacía, colorada sigue. Pero no convencerán. No más.
Igualmente, el Batllismo, ya fuera del Partido, o, mejor dicho, el
Partido fuera del Batllismo, las ideas de Batlle y Ordóñez, Domingo
Arena, Baltasar Brum, Grauert, Luis Batlle y Amílcar Vasconcellos, están
hoy y estarán mañana donde siempre estuvieron y seguirán en el pecho y
en las mentes de los hijos y las hijas de esta tierra, de este pedazo de
tierra que llamamos el Uruguay.
Yo soy batllista, pero no más colorado. Yo no voto a ese muchacho, con
el respeto que pueda merecerme, que lo voten sus compañeros. Quedo al
descampado, pero soy, y seguiré siendo, un hombre y una conciencia
libre. Que el viento sople y me golpee. Abriré mis narinas, y mis
pupilas destellarán luz, teniendo por delante el ancho y hermoso
horizonte de una tierra noble, pese a la innobleza de algunos de sus
hijos. Y Jorge, una vez más Jorge, procure un lugar en este mundo. Y que
la Historia juzgue.
¡Viva Batlle!
El de siempre, el de todas las horas, el defensor de los desposeídos y
las desposeídas. El hacedor del Uruguay Moderno.
hectorvalle@adinet.com.uy LA
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