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La siderurgia y el juego pendular
del desarrollo de Brasil
por el embajador Rubens Ricupero
Volta
Redonda, punto de partida de la siderurgia y de la industria pesada en
Brasil, sólo de tornó posible porque, en la víspera de la Segunda
Guerra, Getúlio Vargas habría practicado un juego pendular entre los
EE.UU. y Europa. La tesis es discutible pero no hay duda de que, en la
década de 1930, explotamos al máximo la alternativa europea.
Un ejemplo fueron los llamados acuerdos de “marcos de compensación”, por
los cuales exportábamos algodón y otros productos “gravosos”, como se
decía entonces, a la Alemania nazi, que nos pagaba en marcos no
convertibles sólo utilizables para importar mercaderías alemanas. Fue,
sin embargo, un embarque de armas para el Ejército brasileño que motivó,
al inicio de la guerra, el apresamiento del navío nacional por la Marina
inglesa.
La alternativa europea volvió a tornarse imprescindible cuando la
reconstrucción de Europa y su vuelta al escenario económico permitieron
viabilizar, a partir de mediados de los 50, algunas de las principales
metas de Kubitschek. Es sabido que, al principio, los capitales
americanos no se interesaban por las oportunidades abiertas por JK.
Fueron los europeos, la Verolme holandesa en la construcción naval, las
alemanas Volkswagen y Mercedes, en la industria automovilística, la
Volvo sueca, la Valmet finlandesa en camiones y tractores, la Voesst y
la Brown Bovery en la mecánica pesada, posteriormente la Fiat en
automóviles y otras, que invirtieron en la implantación de la industria
de bienes de capital y equipamiento de transporte.
Más o menos por la misma época, el surgimiento del mercado de los
euro-dólares iría a liberarnos de la dependencia exclusiva de los
financiamientos del Banco Mundial, totalmente suspendidos por largos
años en represalia al rompimiento de Juscelino con el FMI y sólo
restablecidos bien entrada la década de 1960. Como no existía, entonces,
mercado de capitales privados para países como Brasil, la penuria de
financiamientos externos solo puede ser suplida con los préstamos en
euro-dólares y los créditos de los gobiernos europeos para financiar sus
exportaciones de equipamientos.
Pocos años atrás, se repitió, con las privatizaciones, la historia de
las metas de JK: frente al relativo desinterés yanqui, cupo nuevamente a
los europeos, ahora con la fuerte participación de españoles y
portugueses, el papel protagónico en la adquisición de empresas de
telecomunicaciones, servicios públicos en general y algunos de los
principales bancos como el Banespa.
De este modo, fueron siendo creadas y consolidadas, a lo largo del
tiempo, realidades que explican porqué Brasil es, en el padrón de su
integración en la economía mundial, estructuralmente diferente de
México. Merced a su posición geográfica, éste ya poseía, incluso antes
del Nafta, más del 80% del comercio exterior, exportaciones e
importaciones, concentrada en el mercado americano.
En nuestro caso, al contrario (y también en el de Argentina, Uruguay,
Paraguay y Chile) la parcela mayor del comercio era con Europa de los 15
y, mucho más ahora, con la de los 25, de donde provienen la mayoría de
las inversiones extranjeras en nuestra economía.
Junto con Japón y la Asia emergente, reforzado con la reciente explosión
del intercambio con China, mañana ojalá con la India, sumado al
significativo comercio con México y América del Sur, con el dinámico
intercambio de manufacturas con los EE.UU., el relacionamiento con
Europa contribuye para darle a Brasil una marca distintiva,
inconfundible, de su personalidad internacional: país de equilibrio en
la distribución de oportunidades y ventajas entre diversos socios, sin
dependencia exagerada de ninguno. Es un juego saludable, comparable a la
estrategia gaullista “tous azimuts”, todos los azimutes, esto es,
explotan sin inhibiciones todas las oportunidades existentes en tantos
puntos geográficos como los disponibles en el compás. Esta es la mejor
manera no sólo de maximizar los beneficios posibles sino también de
protegerse de las inevitables oscilaciones del ciclo en uno u otro
socio, evitando, al mismo tiempo, las presiones inoportunas de parceros
voraces y dominadores.
De esta característica definidora surgen implicancias irrecusables, la
primera de las cuales es la inconveniencia para Brasil de amarrarse a
esquemas preferenciales con socios más poderosos, que limiten sus
posibilidades de beneficiarse de otras alternativas. No nos conviene, en
otras palabras, un mundo de bloques rígidos, en que otros decidan por
nosotros lo que debemos ser. Es por esto que la negociación de acuerdo
con la Unión Europea, a pesar de las dificultades, nos ofrece contrapeso
y complemento bienvenidos al esfuerzo negociador del ALCA. Son, por así
decir, caras inseparables de la misma moneda. La discusión de tal
perspectiva y sobretodo, la experiencia práctica de los inversores
europeos en la generación de comercio entre Brasil y la Unión Europea
figurarán en el centro de los debates que la Fundación Armando Alvares
Penteado (FAAP) realizará, en la mañana del 2 de marzo, en colaboración
con el Consulado General de Luxemburgo, presidente de la UE y país que,
mediante su papel histórico en la siderurgia brasileña, contribuye como
pocos para hacer realidad el juego pendular del desarrollo de Brasil.
Traducido para LA ONDA DIGITAL
por Cristina Iriarte
LA
ONDA®
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