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El progreso del Mercosur
Cuando la mejor acción consiste en esperar

por Bruno Dantes

Al estar de los recientes acontecimientos en diversos países del bloque, uno diría, y me consta que no pocos allegados que están inmersos en esta dinámica cuestionan, por qué no se avanza en la profundización del MERCOSUR

Veamos
El Brasil
viene de un proceso de fuerte apuesta en lo internacional, sea desde el comercio exterior con misiones a lo largo del mandato del Presidente Luis Inácio da Silva, como así también del reforzamiento de la apuesta en un sitio en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, vectores ambos que le han llevado a una presencia mundial más que destacable pero que, notoriamente, dejó pendientes de concretar en lo interno, distintas metas en lo socioeconómico. Ahora es, se supone, el tiempo de adecuar lo interno o, por lo menos, darle una impronta más, digamos, tonificada.
 

La Argentina, luego del proceso del default, que culmina con un canje de la deuda allí comprometida, a todas luces exitoso (nadie puede argüir que un canje que alcanzó un 76,07% no lo es), precisa ahora reformular, en lo interno, estrategias y tácticas tendientes primero a no ingresar en una euforia harto nociva sino, y primero, con sensatez, comenzar una fase importante de mejora sustantiva en las condiciones de vida de sus habitantes. Es posible, difícil, pero posible. Como siempre, y en todo orden, el peor enemigo es uno mismo. Resta, pues, un período de readaptación y posterior salida con políticas generadoras de mayor estabilidad, mejor distribución del ingreso, todo lo que lleva a redimensionar y reevaluar relaciones con trasnacionales que tienen el control de servicios básicos, reperfilamiento de una estrategia industrial que genere más y mejor materia exportable y, obviamente, atender lo social, profundizándolo en lo que quepa y modificándolo en aquellos aspectos que, como vastos sectores empobrecidos de la población, aun requieren asistencia pero que la misma comience a llegar junto con el aliento al trabajo desde perspectivas que realmente posibiliten su acceso al mismo. 

El Paraguay, en un proceso a todas luces serio y a la vez difícil de mejora en la gestión, con un Presidente comprometido en reinsertar a esta nación hermana, con equidad y modernización de su apuesta industrial, en una región de la mano de una población que, aunque mayoritariamente joven, si no la más joven, en porcentaje, de entre nosotros, necesita, a ojos vista mejores perspectivas laborales y profesionales que las que hoy tiene ante sí.

Un Paraguay que tiene mucho y muy bueno a aportar al MERCOSUR, desde lo mejor, desde su gente, con su lengua, su profundo conocimiento de la naturaleza, modos por demás compartibles de trato a la tierra, innovando, si bien es una contradicción en sí misma, al poder enseñar formas de producción, de manejo de los recursos naturales, no sólo baratas sino ecológicamente muy receptivas, en una modalidad exportable que bien podría llevarnos a obtener mercados externos que, aunque desde la colocación de productos primarios, el mero hecho de acercarlos al consumidor extranjero, con notorias virtudes ecológicas, ameritaría un plus en valor agregado, nada despreciable, al tiempo que posibilitaría a no pocas de nuestras gentes, hablo en lo regional, volver a trabajar la tierra; es decir, encontrar un espacio de vida y de sustento que hoy carece por estar arrinconada en cantegriles, asentamientos, villas, o favelas, como le digamos a los guethos de miseria, en cualquiera de nuestras respectivas localidades. 

El Uruguay, con su histórico cambio en la conducción política del Estado, vive horas de preparación para la implementación de modalidades diferentes en la conducción diversa en escalas y modos, del gobierno ahora ya instalado. 

Luego, estimo yo, lo que hoy el MERCOSUR precisa es: tiempo, ponderación y espera. Ciertamente, las próximas tres Cumbres, a saber: junio y diciembre del 2005, bien como la de junio del 2006, serán cruciales. Pero en una gradación que no podemos dejar de percibir como indispensable en su mínimo, junio 2005, y su máximo, junio 2006. 

Para que a junio del 2006, el MERCOSUR haga lo que debe hacer, en complementación de políticas macroeconómicas, en estrategias competitivas así como en profundización de lazos, sin olvidar lo atinente al Parlamento del bloque, precisa de PACIENCIA.  Una paciencia que, estoy de acuerdo, debe llevar también una mirada crítica que advierta a la opinión pública pero que sobre todo conlleve un análisis tan ponderado como reflexivo, de aquellas instancias que eventualmente estuvieran siendo dejadas de lado, so pretexto de “patear la cosa para adelante”. No, no es de ese MERCOSUR del que hablamos. 

Hablamos de un bloque que, sin descuidar los trabajos técnicos diversos en áreas y en profundidades en curso, modere su accionar en lo mediático, so pretexto de dar espacio y aire a cada uno de los países que lo integran para que estos procesen, auxiliados en lo que sea dable auxiliar, o sea, en consejo y distancia, aquello que en lo interno deben avanzar, positivamente, a  resultas de cuyo resultado dependerá lo que el bloque pueda, por sí, ahondar, llevando la integración a una escala en donde sea posible avizorar que la Patria Grande nunca fue un proyecto ilusorio sino una realidad pendiente. Una hora que nuestros pueblos han diferido en el tiempo y que su momento de concreción está próximo. Muy próximo. Trabajemos por ello, démonos tiempo, desde la acción responsable de cada uno de los Estados-parte.

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