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La
jubilación de presos o exiliados
Reparar a todas las víctimas
por Raúl Legnani
El
presidente de la República, doctor Tabaré Vázquez, ha dado un paso
trascendente al proponerse reparar a todas las víctimas – incluso
aquellas caídas en acciones perpetradas por la guerrilla de izquierda-
en los años plomo, a la vez que estableció como idea fuerza de su
gestión, que aquellos hechos que enlutaron al país nunca más vuelvan a
ocurrir. Incluso fue más lejos al decir con voz firme “Nunca más entre
hermanos”, buscando así la reconciliación nacional pero en base a la
verdad y por ello se dispone a conocer, con detalles, la suerte de los
desaparecidos.
En la reciente Convención Departamental de Montevideo del EP-FA/Nueva
Mayoría, el candidato a la Intendencia Ricardo Eherlich dijo que su
administración comunal procurará recuperar a los uruguayos radicados en
el exterior. Por su parte el Presidente de la República aseguró que
promoverá en el parlamento el voto epistolar, junto a otras medidas de
apoyo a los uruguayos en el exterior.
Las tres iniciativas deben ser reconocidas no sólo por sus valores
éticos, sino también por la disposición mostrada por los dos gobernantes
para que esas propuestas se concreten.
Ante estos anuncios, solo quiero agregar algunas reflexiones sobre temas
vinculados a la reparación de los uruguayos que sufrieron el terrorismo
de Estado.
El gobierno nacional se propone atender los casos de los militares
patriotas y constitucionalistas, no solo porque es justo sino porque
además es una medida de carácter educativo y ejemplarizante.
Todas estas medidas, que merecen nuestro aplauso, no nos pueden hacer
olvidar otras situaciones. Hoy hay muchas uruguayas y uruguayos, civiles
ellos, que no han sido reparados, aunque distintos gobiernos anteriores
dieron algunos pasos en ese sentido. Un ejemplo de ellos es la ley que
permitió facilitar la jubilación de muchos uruguayos que estuvieron
presos o exiliados y que trabajaban en el sector privado. Esa ley, el
sistema político lo sabe, fue un paso adelante pero también contó de
graves carencias que terminó limitándola en su alcance. Quedaron al
margen de los alcances de la ley, aquellos jóvenes que antes de caer
presos o exiliarse no tenían trabajo o trabajaban en negro.
Tampoco recibieron cobertura aquellos heroicos y sacrificados militantes
de la clandestinidad que nunca cayeron presos o que nunca se exiliaron.
Ejemplos de este tipo sobran, donde podríamos incluir a aquellos
trabajadores que no se pudieron acoger a la ley que favorece a ex presos
y ex exiliados que trabajaron en el sector privado, porque antes habían
sido atendidos por una ley que beneficiaba a los funcionarios públicos,
desconociendo que el multiempleo era y es una realidad nacional que
golpea la cara.
Por allí anda Crysol y otras organizaciones, tratando de que alguien los
escuche. Debo confesar que la información que poseo es que en filas del
nuevo gobierno y de la fuerza política que lo sostiene hay incomprensión
y muchas veces rechazo hasta para escuchar los planteos.
Con esto no estoy señalando culpables, porque creo que las
responsabilidades son múltiples. En primer lugar entiendo que una gran
virtud que han tenido y tienen las mujeres y hombres de la izquierda,
que es la modestia, ha creado una especie de patología. Todos los que se
integraron a la lucha por los cambios, la libertad, la democracia y la
justicia social, hace más de 30 años, no lo hicieron para tener una vez
viejos una jubilación o una pensión. Lo hicieron por ideales, por
convicciones profundas, por sentimientos muy lindos. La paradoja es que
esa firmeza ética les ha quitado capacidad reivindicativa de sus propios
derechos.
“ ¡Cómo un revolucionario va a pedir una jubilación!”, me dijo una vez
un amigo. Y mi respuesta fue “¿por qué no?”. Es que hay muchos uruguayos
comprometidos con la democracia y la Constitución, que pusieron el
pellejo a sus ideas, que perdieron diez años de sus vidas alejados del
mercado laboral al cual nunca pudieron ingresar o reingresar en igualdad
de condiciones.
Hay que reparar a todas la víctimas: claro que hay que repararlas. Pero
a todas. No solo los uniformados tienen ese derecho, por más que su
ejemplo haya sido maravilloso. También están los trabajadores que ya
están mirando que se les viene la vejez sobre el alma y que no tienen la
forma de pasar dignamente sus últimos años de vida. También están los
familiares de los ex presos y ex exiliados que fallecieron y que en
muchos casos no tiene ni donde caerse muertos.
Por todo esto, ya volveré sobre el tema, que nadie se olvide de todos
estos compatriotas que todo el mundo sabe que estuvieron presos, que
todo el mundo sabe que estuvieron exiliados, pero que una mala ley los
dejó afuera.
En próxima nota me referiré al camino que está recorriendo Chile para
salvar esta deuda social y afectiva, que entre todos hemos olvidado
seguramente sin quererlo. LA
ONDA®
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