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El Dr. Tabaré Vázquez ya es presidente
por Carlos Zapiola
No se puede analizar en
una sola columna todo lo que dijo el flamante Presidente de la República
el día de la sunción del mando.
Tampoco desbrozar los caminos que tomó, los énfasis que puso y los
proyectos de Ley que firmó en el primer Consejo de Ministros.
El 1 de marzo fue el día de la gente, del festejo, del militante en la
calle como hace tantos años no se ve en los Comités de Base. Fue el día
del ciudadano feliz porque comenzaba a gobernar quien cuenta con el aval
de más de la mitad de los votantes y de buena parte de quienes
sufragaron por otros candidatos en octubre 2004.
Y fue el día además desde el cuál ya se marca que se invirtió mucho en
el festejo, quien lo pagó, a lo que se suma el problema de COFAC, las
dificultades de SEPREDI con su funcionamiento y figuras, la lectura de
algunos párrafos del discurso del Palacio Legislativo en la noche que se
quiere transformar en reparación solamente para algunos y no todos, el
nombramiento de personas claramente discutibles en cargos o destinos
claves para el país.
Y esto si lo comparamos con el fútbol es como recordar que Fernando
Morena, el goleador de todas las épocas de Peñarol, erró dos penales
contra Colombia en el 75 y lo sacó Schiaffino en un partido por la
Libertadores contra Unión Española de Chile, o erró un penal que era el
empate contra Universitario de Lima en la hora en la misma Copa otro
año. Y olvidarse de todo lo demás de su carrera. Es decir: vemos el vaso
lleno por la mitad o por ella vacío.
Analizar la primer semana de gobierno es imposible. Marcar errores no, y
aciertos a ésta altura concretos, seguramente no hay. Porque es
imposible que los haya.
Firmar la puesta en marcha del Plan de Emergencia, no le soluciona la
vida a los miles de uruguayos que de él dependen para tener una mejor
calidad de la misma.
Pero por algún lado hay que empezar. Si son muchos los temas es que
probablemente el país no estaba tan bien como se indicó en los últimos
tiempos por los gobernantes salientes. O es que se quiere dar una
impronta tan radicalmente diferente al país, que es casi como borrar y
empezar de nuevo.
Alguien dijo que lo rescatable de los discursos de ese 1 de marzo de
Vázquez fue que puso un punto de partida para que luego se compare como
está el país en determinado momento, contrastándolo con ese día.
Parece ocioso hacer eso. Más lógico nos parece que las cifras y
comparaciones que utilizó no fueron gratuitas, sino que marcan hitos en
la historia del país en su más reciente pasado.
Si alguien rompió el Protocolo o no, si la seguridad de algunos
Presidentes fue más fastidiosa que lo que se está acostumbrado por estos
lares, si faltaron jefes de Estado aunque hayan llegado muchas
delegaciones más que otras veces, todo eso, parece más un ejercicio
dialéctico que un análisis profundo de lo acontecido.
No vino Fidel, pero se había mencionado un nombre como Embajador en Cuba
y luego se lo retiró y se confirmó a Jorge Mazzarovich en esa
representación diplomática.
¿Tendrá que ver eso con la no venida del Presidente cubano?.
¿Será que molestó que se anunciara que haría un acto público, quitándole
trascendencia a lo que realmente importaba, que era el traspaso del
gobierno tras 174 años de historia, y alguien se lo habrá comentado?.
Lula casi no existió el 1, pero el 2 estaba haciendo trabajar el
Mercosur en Cimpay, y no haciendo larguísimos discursos en la
Intendencia.
El nuevo Uruguay, ¿es nuevo?. ¿No será mejor escribir la reformulación
del Uruguay se comenzó a dar el 1 de marzo?.
Vázquez es Presidente y dentro de cinco años, cuando tenga que pasar la
Banda hará un pequeño resumen de su gestión. Allí, en pocos minutos dirá
si fue un éxito o un fracaso su ilusión. Cinco años resumidos en pocas
frases. A las de Batlle, no contestó. LA
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