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Pensar la infancia
El niño como ser humano

por Héctor Valle

Ante el inicio de las clases en Primaria, es dable, tan siquiera, compartir una reflexión en torno al niño y a nosotros, los adultos.

A cuenta de un posterior ensayo, estos apuntes buscan antes que juzgar, marcar o denunciar, un espacio donde nos demos tiempo para indagar respecto de aspectos sustantivos en esta temática tan pero tan importante para el ser humano.

La escuela es, a no dudar, un espacio de construcción de conocimiento y, al mismo tiempo, un ámbito especialmente idóneo para la formación del carácter del niño y la niña.

Esta Casa, segunda en la vida de los niños, pero primera en cuanto a su vida pública, compartida en un ámbito diferente al familiar, es lugar de escucha y aprendizaje que permite, eso se pretende, adquirir destrezas de lectoescritura, bien como pensar con palabras.

Ciertamente, la lectura habilita al niño a pensar con palabras, construyendo en su imaginación y con los elementos que el propio tuteo con los libros da, instancias de vida sin recurrir a imágenes previas, todo lo cual deviene en un ser humano dotado de atributos para buscar significados, razonar, especialmente, sin recurrir ni a contextualizaciones ni siquiera a imágenes, repito, una vez que la adquisición de palabras y expresiones a partir de la lectura periódica, lo habilitan a interpretar de forma más vasta y profunda, las situaciones que se le irán presentando en el camino de su vida.

Asimismo, prestigiar la función docente es, a todas luces, vital. La maestra o el maestro, son quienes marcan la diferencia, a favor del niño, y muchas veces a pesar de las condiciones, adversas, imperantes.

Si usted asiente, pensando sin decirlo, esto ya lo sé, digo que yo también pero hay terceros que lo olvidaron. Y nuestros niños merecen se lo recuerde y acompañe desde la acción posibilitadora de instancias favorables a la criatura.

Debemos meditar sobre si efectivamente lo que hacemos tratando a los pequeños como “hombres y mujeres del mañana” no conlleva, en realidad, el excluirlos, también a los jóvenes, del mundo “de los adultos”, en lugar de buscar una integración de aquellos, desde sus propias maneras de ver e interrelacionarse con la realidad societaria, familiar y educativa.

Hay, vaya si es novedad, cambio de valores no sólo en general sino en los guetos poblacionales que, en la capital del Uruguay, Montevideo, se llaman “asentamientos”. Los hay también en general en este mundo de incertidumbres. Nuestra mirada pues para con los chicos todos deben ser de mayor atención y menor acartonamiento a la hora de proferir “juicios” o dictados de moralina.

Un poco más de humildad, de la mano de la valoración positiva y creciente del rol de la función pública, es dable aguardar en estos momentos.

A su vez, la incorporación de nuevas tecnologías, no debe perder de vista la importancia enorme de una enseñanza universalista que dote al niño y a la niña de un “angular” de una mirada que tenga frente a sí un horizonte lo más extendido posible, para poder afinar más y mejor su mirada, a la hora de aguzar el ingenio y sopesar decisiones a tomar en sus respectivos ámbitos de vida.

En fin, que el niño no sólo no es el único actor, menos aun a la hora de las responsabilidades, en el proceso de aprender, sino que tampoco es un ser, lo repito, “a futuro”.

No. El niño, es. Lo comprende, y se comprende, en el presente, pues por ser niño no es un ser discapacitado, quienes a su vez merecen la atención periódica, no desde una falsa superioridad sino desde la llaneza de la responsabilidad social.

El niño, entonces, es un ser humano, con una vasta proyección, ahí sí, en el futuro.

Se trata, creo yo, de ayudar a generar un sujeto consciente y, a la vez, con posibilidades ciertas de crecer en igualdad de oportunidades, con sus semejantes.

Finalmente, para esto que es sólo un comienzo, nunca un desapego, la escuela, esa Casa tan especial, no es, no primeramente siquiera, un lugar donde ir a comer sino y antes bien, la escuela es un lugar donde aprender, más y mejor, a pensar con palabras, a construir espacios de conocimientos, a socializarse y, si cabe, por qué no, un lugar que, además de lo anterior, tenga un vaso de leche y un pedazo de pan fresco para compartir entre todos.

hectorvalle@adinet.com.uy

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