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Esa mujer llamada Gladys que convoca
a medio millón de personas
por Dino Pancani
Franqueza,
consecuencia, valentía, arrojo, son algunos de las calificaciones
utilizadas por los medios de comunicación y por personeros ubicados en
la vereda del centro o la derecha de nuestro reducido mundo político.
Esas palabras relatan una parte de esa Gladys Marín que un día, cuando
me empinaba en los dieciséis, apareció en un local de Maipú, contándonos
que era la dirigente comunista, que desde el interior dirigió a nuestro,
por aquellos años, Partido.
Me gustaría sumar palabras: Audacia y visión política, flexibilidad,
democracia interna, sin embargo, para quienes emigramos de aquel
partido, no son adjetivos aplicables a la figura de la Gladys.
Nos entristece la muerte de la Gladys, su muerte simboliza la exclusión,
la discriminación, el silencio, la mordaza a una manera de actuar y
pensar que en el Chile de la democracia no ha tenido cabida. Por Dios,
qué comunistas nos sentimos en cada trato vejatorio que la democracia ha
tenido con quienes piensan de manera diferente a la oficial, qué
comunistas nos sentimos cuando la democracia no representa a una
expresión política que, desde Recabarren, ha sido su fiel defensora, qué
comunistas nos sentimos cuando en el relato de la Gladys se evidencia la
valentía de los vivos y los muertos de la lucha contra la dictadura.
Son las deudas de la democracia, es la demagogia de sus dirigentes, es
la distancia entre el discurso y el accionar que ha tenido la emergente
clase política. Emocionan los dos días de duelo decretados por el
gobierno; ver a Lagos murmurando la Internacional; los ojos vidriosos de
Insulza recordando su amistad con la Gladys; las palabras de buena
crianza de Eyzaguirre, sin embargo, me cuesta creer en la profundidad de
la emoción de nuestros dirigentes, escribo profundidad, concediendo que
la sinceridad de sus emociones existe.
Es difícil, al menos para mí, meterse en el terreno de las emociones y
mucho más difícil calificar emociones, por ello, sólo me limitaré a
decir que interpreto aquella emoción como la evidencia de que la Gladys
encarna lo que aquellos en algún momento pudieron haber rozado y que hoy
les dificulta el dormir: la ética política, concepto olvidado en quienes
han habitado o merodeado La Moneda.
Para otros, aquellos personeros de la Dictadura, que destacan de la
Gladys su valentía, expresada cuando ellos querían asesinarla, su
entereza, cuando ellos querían desaparecerla como lo hicieron con su
marido, su franqueza, cuando ellos mentían descaradamente, la muerte de
la Gladys es un show mediático que les posibilitará subir en las
encuestas, darse un baño sanitario o simplemente entregar a sus hijos un
valor ajeno a ellos: la defensa de la vida, el cuidado decente del
pellejo, la burla al abuso del
poder.
La figura de la Gladys pertenece a los militantes comunistas, y desde
ahí se vuelve transversal, desde aquellos colores irradia a la clase
trabajadora, a los desposeídos, a los cesantes, a la mujer postergada, a
los "mariquitas" de la población, a los tratados como leprosos cuando se
les niega un espacio de desarrollo y representación, separar a la Gladys
de su leit motiv, colinda entre la ignorancia y el oportunismo. Validar
las luchas de la Gladys es validar la lucha del Partido Comunista,
¿serán capaces de
hacerlo?.
Con sus luces y sombras, la Gladys es un ser trascendente, señero y
confuso, miope y visionario, sincero y frontal, y son precisamente
aquellas características las que la transforman en una mujer cercana,
que en su muerte convoca a medio millón de personas, su mitificación o
santificación, la alejan de quienes siempre estuvieron presentes en su
accionar: su pueblo.
Fuente: Portal del
Pluralismo LA
ONDA®
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