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“Los cargos...”
No es un problema de “calenturas”
por Carlos Zapiola
Si alguien contaba hace
una semana que no habría ningún blanco ni colorado en los Bancos o en
los Entes, debía recibir el mote de loco.
Hay que ser muy guapo para dejar 27 lugares ofrecidos para contralor y
por no tener, no ya el control sino la posibilidad de frenar la toma de
decisiones, en un lugar no aceptar nada.
Creo que se equivoca el senador Mujica diciendo que esto es un problema
de “calenturas”. No fueron ellas las que llevaron a la Guerra Civil de
1904, ni lo fue en forma auténtica un sentimiento de respeto del derecho
de las minorías. Un absurdo país, dividido artificialmente en el que
había fraude electoral, no encontró mejor solución que hacer que los
eternos perdedores tuvieran Jefes Políticos en algunas zonas y la
entrada –por error o a sabiendas que el pacto se rompía- a Rivera de
tropas gubernamentales, trajo un conflicto en el que se terminaron las
patriadas porque murió el último caudillo rural del Partido Nacional y
los doctores de alguna u otra manera lograron el dominio de esa
colectividad.
Esta larga parrafada recién escrita, puede o no ser compartida, pero
termino de escucharla en una de esas conversaciones de boliche, de uno
de esos pocos que aún quedan en esta Montevideo.
Lo cierto es, que el Dr. Larrañaga a nombre del Partido Nacional, en
acto público en la Plaza Matriz adelantó lo que luego el Honorable
Directorio ratificaría: la no aceptación de ningún cargo (salvo Tribunal
de Cuentas, Corte Electoral y el Tribunal de lo Contencioso
Administrativo) por parte de su colectividad política.
Hemos escrito hasta el hartazgo mío y del lector, que el EP-FA
necesitaba una cultura de gobierno. No habíamos incursionado hasta ahora
en cómo vemos a la oposición. Y luego de este hecho, sumado a la no
aceptación colorada anterior, debemos concluir que se necesita de una
cultura de oposición, y que ninguno de los Partidos fundacionales sabe
como hacerla. Nunca la ejercieron, y por más que hayan tenido tiempo de
pensar que eso alguna vez se iba a dar, no están prontos aún para
enfrentarse a la nueva realidad.
Reiteramos que esto nos parece un juego en el que se están haciendo
cálculos electorales con respecto a mayo, elecciones municipales
mediante las cuales los dos Partidos piensan mejorar sus votaciones de
octubre y dejar mucho menos margen de maniobra al gobierno.
El tema es que los famosos cien días de luna de miel coinciden esta vez
con los comicios, y que lo que antes parecía indiscutible, es decir,
cuando mucho Montevideo y casi Canelones en el 2000, hoy se está
complicando hasta en departamentos donde ganó el Sí en el 80.
Si los dirigentes de los partidos fundacionales no se dan cuenta de
esto, que el país es otro desde mucho antes del 31 de octubre o el 1 de
marzo, y juegan las mismas cartas de hace 5 años, menuda sorpresa se
pueden encontrar cuando las urnas se abran, y la convalidación de
actitudes más el estrechamiento de filas y la unión de voluntades por
parte de la fuerza gobernante, dejará muy mal parados a quienes no hayan
sabido ponerse a la altura de las circunstancias.
Lo escribimos el año pasado. El larrañaguismo no existe, como sí hay una
corriente herrerista y una pequeña de Correntada Wilsonista. Pero si uno
no tiene una base de sustentación de liderazgo propia, y debe buscarla
una y otra vez, reunión tras reunión, convención tras convención, poco
vuelo tendrá, y la ola del recambio puede pasarle rápidamente por
arriba.
No somos los dueños de la verdad, pero en este caso hay cangrejos bajo
las piedras, que no son rojos, pero tampoco se llaman un lugar más en el
BROU y no... más como dicen los adolescentes. O de ellos estamos
escribiendo en cuanto estatura política se trata en este momento.
Veremos como termina todo esto, pero que nadie empiece a agitar
fantasmas de autoritarismo ni de Partido Unico, cuando con ello
solamente se consigue complicar la vida no al Gobierno, sino hacerle
zancadillas a la estabilidad democrática.
Hay demasiados temas pendientes, mucho más candentes que el de los
cargos, que deben encontrar a todos los partidos democráticos unidos,
porque en ello se puede ir la vida de todo un sistema. Y que nadie ose
decir que cuanto peor mejor, porque la paciencia de la gente parece
infinita –recordar 2002- pero algún día se agota. Y hay quienes hacen
esfuerzos desesperados para colmar vasos. LA
ONDA®
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