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Parte (I)
El nuevo gobierno y la cultura
Ahora, poner dinero

Oribe Irigoyen
Leer artículo Acto el 31 de Marzo por el
Día Mundial de la Poesía

 Parte (I)
El nuevo gobierno y la cultura
Ahora, poner dinero

por Oribe Irigoyen

El Uruguay tiene nuevo gobierno y  por primera vez en la historia de la nación es de izquierda. Accedió a la primera magistratura el Dr. Tabaré Vázquez, tras alcanzar la mayoría absoluta de votos el 31 de octubre pasado, llevado a la misma por el Frente Amplio- Encuentro Progresista – Nueva Mayoría, fuerza política que tuvo como una de las principales consignas electorales la propuesta de cambio en el país con su gestión. 

Se trata, pues, del cambio. Y cambiar en la relación gobierno nacional- cultura en el Uruguay es comenzar por poner dinero de inmediato. Y el “debe haber plata para la cultura, ahora” es la consigna, a su vez, de esta nota, si de cambiar se trata. 

 Esta exigencia de entrada puede parecer materialista y extraña a un campo humano referido a cosas del espíritu. Es materialista, desde luego, pero también lo es en el más amplio y mejor concepto de cultura en la actualidad globalizadora, que comprende realidades como las industrias culturales, cultura de masas, revolución cientifico-tecnica y digital y la propia dilatación  del espacio que engloba esa actividad humana.  

Realidades que, por otra parte, en las que bien o mal la sociedad uruguaya ya ha entrado. Pueden sintetizarse en tres palabras: cultura, dinero, democracia. 

Hablan las cifras
Aunque los uruguayos no son nada afectos a estar al día en materia de estadísticas – asignatura pendiente – se pueden manejar cifras mas o menos recientes – publicaciones de CIEDUR, “La cultura da trabajo”, “La cultura es capital” de Luis Stolovich, Graciela Lescano, José Mourelle – para establecer  que en el Uruguay la cultura configura un verdadero “complejo económico”, en el que giran de modo promedial unos 420 millones de dólares por año. Que involucran a unos 70.000 uruguayos, incluyendo a los que se ocupan de la cultura  en forma directa o indirecta – insumos y servicios -. Un impacto económico y cultural  en crecimiento que alcanza el nivel entre el 2 y el 3 % del Producto Bruto Interno. 

Si se suma el consumo de los uruguayos en equipamientos hogareños para productos culturales – aparatos y equipos de TV, videos, discos compactos, etc. – el complejo económico cultural se empina hasta más de 550 millones de dólares anuales. 

Es bueno saber que de ese total de dinero, el 53 % es producto directo del publico consumidor, el 40% esta financiado por la publicidad de los medios masivos y el 6% restante por el Estado. Lo ultimo es muy poco, incluso como deber cumplido. 

Finalmente, en esta sumaria descripción económica, hay que establecer el hecho que los uruguayos son mas consumidores  de cultura ajena que exportadores de la propia. Una posible balanza de pagos entre lo que compro y lo que vendió internacionalmente, en 1995,  Uruguay importo por valor de 172 millones y medio de dólares, en bienes culturales referidos a equipamientos para empresas y hogares, a insumos y también a bienes de consumo final – libros, revistas, discos, películas, etc. 

En cambio, solo exporto por valor de 17,3 millones de dólares. La décima parte, fenómeno que con toda seguridad no ha cambiado sustancialmente en la siguiente década, que se debe revertir y que subraya de modo perentorio la necesidad de fomentar la cultura nacional hacia adentro y hacia fuera del país. Por eso, tiene que haber plata para la cultura

Del olvido al no me acuerdo
Aquel exiguo aporte del 6% del Estado, que no debe pasar del mantenimiento presupuestal de bibliotecas, museos, funcionario correspondiente, algunos premios anuales, acaso también videos o películas promocionales y poco más, delata un olvido y un “no me acuerdo” culposos de la cultura  por parte del Estado. Así, para los partidos en el gobierno hasta ayer, la cultura ha tenido solo un rango celebratorio, desde luego con orgullo, de cucarda en la solapa del frac, pero de lejos. 

Ignorando en los hechos sus necesidades elementales. Porque, a la generalización de falta de incentivos económicos  reales, ese olvido ha estado acompañado por el vacío de políticas fiscales con respecto a la cultura, por la ausencia de un marco regulatorio, con alguna excepción que solo confirma la regla. 

En síntesis, hasta ayer ha existido la política gubernamental de la política cultural. Eso es lo que hay que cambiar, por cuanto los contextos de globalizacion, de impetuoso desarrollo de la industria cultural mundial – la mas dinámica de todas, hoy -,  propio proceso del Mercosur, representan amenazas o retos en la máxima entrada de productos culturales extranjeros, en un país cuya producción propia en la materia esta atendida con distracción y timidez, sin estímulos o incentivos para volverla exportable y competitiva. A la cultura hay que tratarla por lo menos como a las vacas y los cereales tan importante es, o más, en ella se juega, nada menos, que la identidad nacional. 

Un diseño cultural moderno
Por todo esto, es que el concepto “ahora, poner dinero” tiene mayores alcances y más complejos que la ineludible puesta al día de un Estado moroso, ese deber cumplir como base inicial de una política cultural del nuevo gobierno. 

Una meta perentoria  resulta de la necesidad del diseño por parte de las nuevas autoridades nacionales  de una política cultural  audaz, lucida, moderna. Que, además del soporte económico fundamental, tenga en cuenta la dimensión modesta del mercado interno y sus limitaciones, del algún modo infranqueables desde adentro,  para abrir la cultura nacional hacia el exterior con propiedad, competitividad y mentalidad abierta. 

Para empezar, se hace necesario trazar una política que busque la mayor proyección civilizadora, pluralista  y democrática de la cultura, de ese modo obrar en consecuencia con la Constitución de la República y propocionarle  a la actividad cultural, el que hacer cotidiano, el estatuto de derecho humano universal y dotándola de ese contenido concreto en el acceso múltiple a ella. 

A partir de entonces, una serie de hitos en la praxis gubernamental: determinar si el Estado debe ser supletorio de la acción privada, de la presencia del mercado o asumir un rol activo, dinámico y fomentador, pero complementario. Mejor la segunda opción, por aquello de las tentaciones de autoritarismo y censura para los estados omniproductores de cultura. En el sentido de tener intervención efectiva en los distintos momentos de producción cultural con acciones propias, reguladoras o de articulación. Cabe en este plano, la aconsejable postura de pensar no solo en inyecciones presupuestales, sino en definir políticas que estimulen y promuevan esa actividad – también una manera de poner dinero. 

Optar con decisión  hacia la creación de la profesionalizaron general de la producción cultural, se sabe que es una minoría bastante absoluta el artista u hombre de la cultura que vive de esa única actividad, y promover de ese modo un desarrollo mayor de la calidad y la cantidad dentro de fronteras y  de allí competer fuera de estas. Por consiguiente de esto, la necesidad  de un marco regulatorio y normativo estatales no solamente para el fomento de toda actividad cultural, sino y también para la armonización de la misma. 

Estos es, atender a diferentes políticas tributarias, limar las asimetrías legales en el ámbito de Montevideo, del Uruguay y  desde luego del Percusor, a los derechos de autor, de propiedad intelectual, y la propia temática  de la ley de fundaciones. 

En síntesis,  y todo esto para empezar, se hace necesario resolver una serie de capítulos sustantivos de cambio en el terreno cultural, que pueden sintetizarse con los siguientes titulares: democracia y descentralización, incentivos fiscales, derechos de autor,  sistema de previsión del artista, Mercosur cultural. Capítulos a considerar en futuras notas y en los que, por otra parte, el propio Frente Amplio ya ha realizado un auspicioso camino en su practica política de la IMM, en particular con la gestión  del arquitecto Mariano Arana y del director de cultura de la comuna Gonzalo Carambula, como para merecer una próxima nota, con las exigencias del caso en esta nueva etapa de tradición frenteamplista.

Esperamos su opinión sobre esta nota

Discurso del Dr. Tabaré Vazquez el 1º de Marzo de 2005
“...En Cultura: primero, convocatoria de la Asamblea Permanente de la Cultura con representación de todos sus actores.

Segundo, creación por primera vez en la historia nacional del Consejo Nacional de la Cultura que proporciona a los gobernantes un ámbito permanente de diálogo e intercambio con la sociedad civil en el plano de la cultura.

Tercero, diseño e impulso del Plan Estratégico de Cultura hacia el Uruguay Cultural del 2015. Este plan estratégico definirá metas y objetivos que orienten un proceso de desarrollo cultural propio con la mayor participación ciudadana.

Y hablando de cultura, quiero hablar de un “Maracanazo”: saludar al cantante uruguayo Jorge Drexler, ganador del primer Oscar que el Uruguay tiene.
¡Felicitaciones, Jorge Drexler, y muchas gracias!”

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