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¿Ministerio del Interior,
Ministerio de los presos?
Las transformaciones necesitan de
una buena política comunicacional
por Raúl Legnani
No
solo hay que ser bueno, sino parecerlo. Esto lo debe haber dicho alguien
en algún pasado siglo, pero a pesar del transcurrir del tiempo mantiene
plena vigencia.
El ministro del Interior, doctor José Díaz, y el subsecretario Juan
Faroppa, han asumido con seriedad y eficiencia la conducción de esa
compleja cartera. En pocos días han hecho mucho más que en otras
administraciones, pero por falta de una política de comunicación han ido
quedando atrapados en un discurso que sin quererlo los fue transformando
en el “Ministerio de los presos” y no en el Ministerio del Interior,
preocupado sustancialmente por la seguridad de los radicados en el
territorio nacional.
Nadie duda que un gobierno humano como el que ha propuesto el doctor
Tabaré Vázquez, debe eliminar la maldita herencia de violar los derechos
humanos en las cárceles. Para ello habrá que reformar todo el sistema
penitenciario, descomprimir las cárceles, y facilitar la salida de
algunos uruguayos encarcelados a causa de leyes represivas que no sirven
y que terminan por fomentar la delincuencia.
A la vez ese mismo gobierno humano no puede dejar de atender y de cuidar
a la gran mayoría de la población que no está entre rejas. Sabemos que
Díaz y Faroppa esto lo tienen muy claro y perfectamente asumido e
incluso que se les reconoce que están trabajando con firmeza en ese
sentido. También con éxito.
El pasado jueves el doctor Díaz dijo al semanario Brecha: “No es casual
que en los primeros 20 días de gobierno se hayan hecho las
intervenciones más grandes de los últimos tiempos en nuestro país. Y va
a seguir siendo así, porque la dirección Antidrogas ya ha recibido mi
pleno respaldo, incluso antes de asumir, y va a tener todo lo que
necesite de nuestro ministerio”. Y agregó: “Ahora acabamos de detener a
un gran operador de la droga, un hombre inmensamente rico a través del
delito organizado y mafioso”.
Mucha razón tiene Díaz, pero esto que dijo el pasado jueves no supo
utilizarlo en su comunicación con la sociedad, transformándolo en un
impacto comunicacional. Los medios informativos siguieron hablando de
los presos, los analistas de las cárceles y las abuelas encerradas en
sus casas sin saber que había caído el mayor narcotraficante conocido de
este país, pero temiendo que el muchachito que le había robado la
cartera anduviera otra vez suelto.
Si el Ministerio del Interior no corrige su forma de comunicarse, va a
tener problemas políticos, entre otras cosas porque los adversarios
blancos y colorados no le van a preguntar sobre lo que le gusta, sino
sobre lo que no le gusta.
No hay transformaciones ni cambio sin una buena política comunicacional.
Esto no es problema de Sepredi, ni de poner a gente en los ministerios a
que redacten comunicados. El asunto es político y de política
comunicacional. Como siempre. LA
ONDA®
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