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¿Cuán competitiva es Iberoamérica?
por el profesor Bernardo Quagliotti de Bellis

A mediados de 1997, el World Economic Forum, publicó las posiciones de competitividad de 58 países, destacándose los altyos puntajes obtenidos, en ese entonces, por las economías de los “tigres del Lejano Oriente”, con Singapur a la cabeza(1º), seguido por Hong Kong (2º), Taiwan (8º) , Malasia (9º), Indonesia (15º), Tailandia (18º), Corea (21º) y Flipinas (34º), ubicados en la tabla en el número que se indica entre paréntesis. Excepto este último país, todos los “tigres” se clasificaron más competitivo que Suecia (22º), Francia (23º), España (25º), Austria (26º) y Alemania (27º).

En esa oportunidad -ocho años atrás- de las seis economía iberoamericanas, sólo Chile alcanzó el 13º lugar. México ocupó la posición 33, Argentina la 38, Colombia la 42, Brasil la 43 y Venezuela la 49.

En diciembre de ese año 1997, una grave crisis económica y financiera desintegró las economías de los “tigres asiáticos”, quienes sufrieron grandes crisis de bolsas de valores y sus economías se vieron asediadas por diversos problemas.

Visto que ni el World Competiteveness Report ni el World Compertitivenesess Scoreboard, predijeron a principios de ese año la profundidad y amplitud de la crisis que se soslayaba, los inversionistas de todo el mundo plantearon importantes preguntas a las citadas instituciones, puesto que si los “tigres” eran tan competitivos en junio de 1997, ¿cómo es que mostraron un desempeño tan deficiente ese mismo año? ¿Qué significan, pues, estas posiciones de competitividad? ¿Se refieren al bienestar socio-económico de un país? y muchas agudas preguntas más.

La competitividad debe determinarse a nivel de industrias
Existe consenso entre los analistas en materia de inversiones, que el atractivo de un país debe medirse por lo que denominan “ventajas de hospedaje” que ese país ofrece a industrias particulares, pues esa es el interés de los inversionistas en todo el mundo: las ventajas ofrecidas por el país anfitrión a su negocio específico.

La pregunta que se formulan, como primera prioridad, es: ¿en qué medida mejora u obstaculiza la competitividad de una compañía en los mercados mundiales el hecho de operar en determinado país?.

Es muy importante tener en cuenta que son las empresas quienes compiten en los mercados naciones e internacionales y no los países, por lo cual la industria donde actúa una compañía inversora, se vuelve la unidad de análisis más útil para la competitividad en e los mercados mundiales.

Las “ventajas de hospedaje” de un país se define por tanto, en términos de políticas para el aumento continuo de la productividad, así como la innovación en industrias específicas.

Las privatizaciones en Iberoamérica
“Los funcionarios de los gobiernos malgastan los fondos públicas. Creo que en la empresa privada no pasa eso” (Arteaga,1999). “El Estado ya demostró ser un mal administrador. Antes estaba manteniendo a mucha gente que no hacía nada (García,1999)

Durante las últimas décadas del siglo XX, comenzó un importante proceso privatizador en Iberoamérica. Siguiendo una tendencia que se iniciara en Gran Bretaña en la era Thatcher, las fuerzas del mercado han adquirido un protagonismo incuestionable. Actualmente, prácticamente nadie plantea aumentar el peso del Estado en la economía, nacionalizando o regulando en forma excesiva.

La opinión pública en Iberoamérica apoya los principios fundamentales del libre mercado como -por ejemplo- que la producción esté en manos privadas, que los precios sean determinados por la libre competencia y que se estimule a la libre empresa y a la inversión extranjera.

Una encuesta realizada en Chile por la Corporación Latinobarómetro, financiada por el BID y la Unión Europea, se centró en dar respuesta a una consulta sobre si “la economía de mercado es lo más conveniente para cualquier país de la región”. El 65% de los entrevistados respondió afirmativamente, ante sólo el 21% que se expresó negativamente. Si bien esto significa un avasallador voto de apoyo para el libre mercado en Iberoamérica, es inferior al 85% de los estadounidenses que respondieron afirmativamente a la misma pregunta.

Necesidad de actualizar infraestructuras
Existe Consenso entre los analistas sobre estos temas, que para conseguir buenos rendimientos del sector privado, es básico invertir en infraestructuras. Según cálculos del Banco Mundial, si Iberoamérica quiere crecer en conjunto, a tasas del 5%, tiene que destinar una cifra de 60.000 millones de dólares a la creación de capital físico.

Tal situación ha llevado a los gobiernos a ceder la construcción y gestión de muchas obras públicas a empresas privadas que, en los últimos años, se vienen encargando de administrar puertos, carreteras, vías férreas, aeródromos, etc. Incluso, en algunos países (con buenos y malos resultados) algunos países han entregados a la iniciativa privada los suministros de agua, luz eléctrica, servicios telefónicos.

Esto ha supuesto que nuestra región se encuentre a la cabeza de las privatizaciones en el mundo, con más del 50% del valor de las ventas de compañías públicas. Esta actitud decididamente “liberal” de algunos Estados de Iberoamérica, contrasta con la postura mas “intervensionista” de los gobiernos europeos.

En el cuaderno histórico, la primera página que anota privatizaciones la ocupa el Chile del gobierno dictatorial de Pinochet, quien se adelantó a la Gran Bretaña de la primera ministra Margaret Thatcher, pionera de las privatizaciones europeas. Posteriormente, las páginas siguientes están ocupadas por las privatizaciones que realizaran los gobiernos de México, Argentina y Brasil.

Dentro de este repaso histórico, conviene analizar cuál ha sido la evolución de las ventas de compañías públicas en la región iberoamericana, con el fin de determinar si ha sido un proceso ordenado y sistemático o, por contrario, caótico y caprichoso. Una de las primeras conclusiones que se deben extraer del estudio de este proceso es que los gobiernos iberoamericanos han tendido a realizar las privatizaciones agrupándolas por sectores productivos. Es decir, en “oleadas”.

La “primera ola “ de ventas de compañías públicas se dirigió al sector industrial o de producción de bienes. Esta etapa la han completado todos los países de la región. Quedan algunas empresas estatales, como por ejemplo el caso del petróleo, donde se dan algunas situaciones de monopolio.

La “segunda ola”, se centró en servicios básicos como: electricidad, agua potable, carreteras, telecomunicaciones. Se trata de empresas que requieren grandes inversiones y que condicionan enormemente la actividad económica. Es también significativo lo que ocurre con infraestructuras como las vías terrestres, donde cada vez resultan más frecuente los contratos de concesión por un período, con capital de retorno por el sistema de peajes, y que luego del término acordado queda la obra en manos del Estado.

La “tercera ola”, la más ambiciosa de las planteadas hasta ahora, afecta a servicios que desde siempre había prestado el Estado y que en algunos países se consideran “intocables”. Se trata de servicios públicos como la educación, la sanidad, el servicio postal, las pensiones y jubilaciones. En la región, Chile fue el pionero de los fondos de este último sector.

¿Son positivas y necesarias las políticas de privatizaciones en Iberoamérica en los tiempos actuales?.

Sin duda, se trata de una pregunta compleja, por lo cual es conveniente evitar respuestas simples y dogmáticas.

1) Fuente: Instituto Centroamericano de Administración de Empresas de Costa Rica.

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