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Consolidar y profundizar la democracia
BID - Enrique V. Iglesias

Discurso del Presidente del Banco Interamericano de Desarrollo
en la sesión inaugural de la reunión anual de las asambleas de gobernadores en Japón 10/04/05

Sean mis primeras palabras para expresar mi más profundo y sincero agradecimiento a las autoridades y el pueblo de Japón, y muy especialmente a la prefectura de Okinawa por la cálida recepción que nos han brindado, y por la eficiencia y dedicación prodigadas en la  organización de esta reunión. 

Estamos reunidos en esta hermosa isla del Japón, cuyo clima y estilo de vida nosrecuerdan muchas partes de nuestra América caribeña, y cuyas costas vieron partir a importantes corrientes de emigrantes japoneses, que hoy constituyen en nuestros países una presencia respetada por su laboriosidad y su identificación con los valores de la sociedad que los acogió y de la que hoy son activos ciudadanos. 

Esta es la segunda vez que los Gobernadores del Banco se reúnen en Japón desde que este país ingresó a nuestra institución en 1976. Muchos recordamos vivamente la cita celebrada en Nagoya, en 1991. Desde entonces han ocurrido cambios importantes en América  Latina y el Caribe, en Japón y en el mundo, que no han impedido que los lazos de cooperación y las relaciones culturales, políticas y económicas entre Japón y nuestra región continúen estrechándose. La concurrencia a esta reunión de altísimos dignatarios públicos y una nutrida y distinguida representación del sector privado es una prueba elocuente de ello. 

Llegamos a Okinawa en momentos de avances significativos en las relaciones de Asia con el Banco y los países latinoamericanos y del Caribe. A este respecto, destacamos en forma muy especial un acontecimiento importante, cual es el ingreso de la República de Corea a nuestra institución, cuya ceremonia de adhesión acabamos de celebrar en la sede del  Banco en Washington, D.C. Coincide con ello una profunda transformación que nuestra institución está adelantando, tanto de su enfoque de financiamiento y asistencia al desarrollo como de sus modalidades operativas, en el marco de un constante esfuerzo de renovación para hacernos más relevantes y efectivos en la promoción del desarrollo económico y del progreso social de nuestros países miembros prestatarios. 

Difícilmente podríamos haber concebido un escenario más adecuado para celebrar nuestra reunión anual de las Asambleas de Gobernadores. Japón y América Latina comparten una rica historia de cooperación, respeto y admiración mutuos, valores éstos que contribuyen a generar un ambiente muy propicio para nuestras deliberaciones. 

I. La economía regional: 2004 un año de crecimiento con bases sólidas
Las economías de América Latina y el Caribe registraron un renovado dinamismo en 2004, tras cinco años de lento desempeño económico. La tasa de crecimiento de la región alcanzó el 5,7 por ciento, la más alta de los últimos veinticuatro años, en la cual participaron casi todos los países. Estos resultados impulsaron un incremento del ingreso per cápita superior al 4 por ciento, que contrasta con la declinación acumulativa del 1,7 por ciento registrada en el lustro anterior.
 

- 2 -Detrás de estos resultados, hay varios elementos relevantes que van mucho más allá de la bonanza registrada en el mercado de materias primas, y que deben ser considerados para comprender la situación de la región, sus perspectivas y su agenda de política económica. Al crecimiento de las exportaciones de nuestros países, se sumó la reactivación de la inversión de las empresas y del consumo de los hogares, con la consiguiente movilización de la demanda interna. 

Respaldados por la experiencia de las lecciones del pasado, los países de la región manejaron la bonanza con prudencia, implementando políticas fiscales y monetarias anticíclicas, y aumentando con ello la credibilidad de las autoridades a cargo de la política económica. Es así como la afluencia de recursos fue utilizada para consolidar las finanzas públicas y las reservas internacionales y reducir la deuda, contribuyendo con ello al mantenimiento de tasas de inflación moderadas y tasas de cambio competitivas en términos reales. Despierta gran interés en este escenario el comportamiento de los flujos de recursos externos de la región. 

En primer lugar, la magnitud de las remesas, que continúan siendo una de las fuentes más importantes de financiamiento de la región, y constituyen la otra cara del sector privado de nuestros países, estrechamente asociadas a la estrategia de superación de la pobreza familiar, pero hasta hace poco tiempo no contabilizadas de manera confiable. Las remesas representaron en el año 2004 más de 45 mil millones de dólares, proporcionando una fuente de financiamiento predecible de la cuenta corriente de numerosos países de la región, que registró un superávit de casi el 1 por ciento del PIB, el doble del año 2003. 

En segundo lugar, la recuperación de la inversión extranjera directa que ascendió a 45,8 mil millones de dólares y se ubicó en niveles ligeramente más altos a los registrados en el año 2002, recuperándose de una caída superior al 20 por ciento en el año 2003. 

En tercer lugar, la región afianzó la gestión macroeconómica cautelosa, aprovechando la coyuntura favorable para reducir la deuda externa, tanto con fuentes oficiales como privadas, y acumular significativas reservas internacionales. 

Por último, los países de la región tuvieron la oportunidad de beneficiarse de la reducción de las tasas de interés internacionales, al despertar la demanda de bonos latinoamericanos por parte de inversionistas extranjeros, lo que motivó un significativo descenso de las primas de riesgo. Resulta promisorio que una parte creciente de esta demanda se haya canalizado a títulos emitidos en moneda local, creando condiciones para que las economías emergentes puedan conducir firmes políticas monetarias y cambiarias anticíclicas. 

Al mismo tiempo se observa una ampliación de la base del crecimiento, al registrarse por primera vez, en muchos años, mayores niveles de empleo y una recuperación, aunque

- 3 - modesta, de los ingresos laborales. Esto ha tenido ya un efecto apreciable en la reducción de la pobreza, cuya incidencia se redujo al 42,9 por ciento, cerca del nivel registrado al principio de los años ochenta. 

¿Se mantendrán estas tendencias positivas?
Riesgos latentes de la economía internacional

Son conocidos los claroscuros de la economía internacional, que proyectan sus respectivos riesgos sobre la continuidad de la recuperación económica actual, tanto en el ámbito mundial como de la región.

Aunque el ritmo de crecimiento de la economía de los Estados Unidos continúa siendo relativamente alto, ésta ha dado señales de cierta desaceleración. También se ha registrado caídas significativas en los precios de algunas materias primas, y las tasas de interés —impulsadas por la política vigente de la Reserva Federal de los Estados Unidos— han comenzado a subir. Preocupa asimismo el que las tasas de interés pudieran a su vez subir ante la eventualidad de una contracción en la demanda mundial de dólares, y de un cambio en la composición de las reservas internacionales en poder de los bancos centrales, especialmente los de Asia. Las tendencias de los precios del petróleo se están convirtiendo igualmente en una preocupación internacional recurrente. También existen preocupaciones con relación a los patrones de crecimiento de la economía de China, particularmente por los excesos de capacidad instalada en ciertos sectores clave y sus posibles efectos sobre los sistemas financieros. 

A pesar de estas vulnerabilidades, las proyecciones internacionales para el año en curso siguen siendo favorables. 

Importancia de la agenda de política económica en la región
En estas circunstancias, la agenda de política económica tiene un doble objetivo:

a) consolidar la estabilidad macroeconómica, como condición del crecimiento económico y el progreso social, y b) continuar con las reformas para hacer más resistentes a las economías de la región frente a las posibles turbulencias del ciclo internacional, y atenuar sus consecuencias sobre el desarrollo sostenible y la reducción de la pobreza. 

Para el logro de estos dos propósitos, considero oportuno reiterar ante ustedes algunos elementos de política económica de relevancia en la agenda de la región: 

1. Mejorar el clima de inversión mediante la promoción de políticas que propicien el aumento de la inversión interna e internacional. Para ello, se hace necesario profundizar las reformas institucionales que aumentan la capacidad del Estado

- 4 - para regular los mercados y asegurar la vigencia de los derechos de propiedad y el respeto a los contratos. 

2. Fortalecer las finanzas públicas, haciendo especial énfasis en las mejoras en la calidad del gasto, orientando la asignación de los recursos públicos en función de las prioridades sociales y económicas de cada país. El elevado endeudamiento de la región, la hace muy vulnerable a subidas de las tasas de interés, y no dejan margen para relajar las políticas fiscales de los países. No hay espacio para la complacencia y necesitamos aprovechar los ciclos de crecimiento robusto para avanzar en este frente. 

3. Avanzar en las reformas institucionales del sistema financiero y los mercados de capitales en forma tal que permitan la expansión sostenida del crédito al sector privado y otras formas alternativas de financiamiento mediante nuevos instrumentos e iniciativas. 

4. Aprovechar la fase alta del ciclo económico para avanzar en la “desdolarización” de la deuda pública y privada.
El mantenimiento de la
estabilidad macroeconómica, aunado a la recuperación de la confianza en la moneda local, está creando las condiciones para promover la “desdolarización” y evitar que el riesgo de descalce de moneda impacte negativamente en la solvencia y liquidez de gobiernos y agentes económicos por igual. 

Sin lugar a dudas, el progreso alcanzado por América Latina y el Caribe, colocan a la región en una mejor posición para avanzar en la consolidación de las reformas. Es importante mantener el curso, logrando políticas que promuevan el crecimiento con redistribución. Esta agenda combina una marcada disciplina fiscal con una mayor eficiencia del gasto, de manera de poder generar el espacio fiscal necesario para aumentar las inversiones prioritarias. 

II. El BID en Asia: Reflexiones sobre la experiencia asiática y latinoamericana
Nuestra presencia en Asia nos acerca a un conjunto de naciones que han irrumpido en el escenario internacional con un extraordinario dinamismo económico, social y político, que les ha permitido ganar mayor gravitación en todos esos ámbitos e iniciar cambios en las relaciones geopolíticas y económicas del mundo.

El interés que ha generado Asia en el mundo occidental, desde tiempos inmemorables, se acrecienta con el conocimiento de su historia, su sociedad, su filosofía y su evolución económica. A medida que nos adentramos en el terreno del desarrollo y revisamos la trayectoria del crecimiento económico de este continente, inmediatamente nos viene a la mente el célebre epitafio de Marco Polo: “Yo sólo he contado la mitad de lo que he visto”.

- 5 -Desde la posguerra, Asia del Este ha alcanzado vigorosas tasas de crecimiento económico, habiendo partido de una base mucho más baja que América Latina, y aunque las tasas de crecimiento mundial se desaceleraron desde los años 80, su ritmo de crecimiento continuó siendo significativamente más dinámico y sostenido, con excepción de los años 1997 y 1998, durante los cuales la crisis económica condujo a una contracción de las economías de toda la región, con excepción de China y Vietnam. 

La exitosa expansión económica y el desarrollo social del Japón desde la posguerra, inspiraron la adopción de estrategias de desarrollo que facilitaron el despegue de otras economías pujantes del Asia del Este, entre ellas las de Corea del Sur, Singapur, Malasia, Hong Kong y, más recientemente, China. El crecimiento del ingreso per cápita de Japón, que promedió más del 5 por ciento anual durante este período, aunado a un patrón de distribución equitativa del ingreso y la riqueza, transformó al país en la segunda economía más grande del mundo; con un índice de desarrollo humano ubicado entre los más altos.

Análogamente, el impacto que han tenido las tasas de crecimiento vigorosas y sostenidas en el nivel de vida de la población en Asia del Este está contribuyendo a cerrar la brecha de bienestar, al haberle permitido en menos de 40 años multiplicar el ingreso per cápita de la población en más de 10 veces, en contraste con 2,9 veces en América Latina.

Como resultado, la participación de las economías asiáticas en desarrollo en el producto mundial, que era menor al 2 por ciento en 1960, ha pasado a más del 8 por ciento hoy en día, en un proceso de gradual convergencia con los países de la OCDE. En contraste, la participación de América Latina se estancó en 5 por ciento durante el mismo período. 

Es cierto que América Latina y el Caribe cuenta, en términos agregados, con similares e incluso mejores niveles de ingreso bruto per cápita (corregido por el poder adquisitivo) y mejores indicadores de desarrollo humano que Asia del Este. Pero en términos de pobreza y desigualdad, la proporción de la población de América Latina que vive con menos de 2 dólares por día no ha variado en veinte años, mientras que en Asia del Este se redujo a casi la mitad, del 85 por ciento en 1981 a poco más del 47 por ciento en 2001. 

Las diferencias en el desempeño económico de ambas regiones no solo se explican por la disímil dotación relativa de recursos naturales, de capital y de trabajo, sino también por las diferencias en las políticas económicas y en la calidad de las instituciones de gobierno. En materia de dotación de factores, América Latina cuenta con abundancia de recursos naturales y Asia con mayor disponibilidad de capital y conocimiento (Japón, Corea del Sur) y de mano de obra (China). 

En materia de políticas, durante el período de la posguerra y hasta la década de los setenta, la industrialización y el buen desempeño del crecimiento en América Latina y el Caribe marcaron a la región como punto de referencia para el mundo en desarrollo. La estrategia de sustitución de importaciones fue emulada por los países de Asia y África. Sin embargo, Asia del Este reconoció enseguida que la reactivación de la economía mundial que

- 6 - se produjo a fines de los años cincuenta, y la renovación de las fuerzas de la globalización habían desplazado las oportunidades de crecimiento hacia los países que demostraban una fuerte orientación hacia las exportaciones. La combinación de políticas de promoción de exportaciones y el mantenimiento, al mismo tiempo, de un mercado interno bastante protegido frente a la competencia de las importaciones, le depararon a los países de Asia el extraordinario éxito que se aprecia en la diversificación de sus exportaciones y su posicionamiento en la economía mundial. América Latina y el Caribe, lamentablemente, reaccionó con lentitud, no logró asumir plenamente una estrategia de acción “de cara al exterior” y, en muchos casos, no pudo capitalizar plenamente el aprendizaje hasta que estalló la crisis de los años ochenta y abrió la economía. 

En cuanto a la calidad de las instituciones, como factor subyacente que permite explicar el crecimiento económico de Asia del Este, existe una brecha enorme entre ambas regiones en materia de efectividad institucional, entendiendo como tal la capacidad para establecer un conjunto de metas y objetivos claros, así como para obtenerlos. Una conclusión central de la experiencia de los países de Asia del Este es la importancia de articular la calidad, complejidad y alcance de las políticas públicas con la capacidad real de administración de políticas y servicios del Estado. 

A medida que los lazos con esa región se fortalecen, América Latina y el Caribe procura entender la dinámica del crecimiento de Asia del Este, con miras a adaptar las lecciones que puedan aplicarse a sus circunstancias. 

Asia, pues, representa hoy para la región una fuente de referencia e inspiración económica excepcional, de nuevas oportunidades que se están descubriendo y, obviamente, grandes desafíos en un escenario internacional crecientemente competitivo. Inspiración, oportunidades y desafíos del desarrollo asiático para América Latina y el Caribe  para la reflexión, que cobran mayor relieve en oportunidad de nuestra presencia institucional en Okinawa. 

¿Qué puntos de referencia puede ofrecernos la experiencia del Asia del Este? Quisiera aprovechar esta oportunidad para elaborar sobre la economía política de esta experiencia, reflexionar sobre “el papel del gobierno” y “la colaboración entre los sectores público y privado”, y ofrecer algunos comentarios sobre el Asia, en términos de “oportunidades” pero también de “desafíos” para nuestra región. 

Asia del Este y el papel de los gobiernos en la competencia mundial
El éxito de la experiencia asiática en materia de crecimiento económico y progreso social, pareciera residir, en mi opinión, en la activa participación del Estado no solo en la adopción de reformas de política sino a través de intervenciones directas destinadas a prestarle apoyo al sector privado para navegar por las agitadas e inciertas aguas del comercio y las inversiones internacionales. Ello contribuiría a explicar la mayor efectividad de sus 

- 7 - instituciones públicas, cuyos resultados traducen la combinación del diseño de buenas políticas públicas con una eficiente implementación. En ese sentido, la experiencia de Asia del Este es muy sustantiva y lleva a priorizar tres aspectos: 

Primero, la necesidad de promover una estrategia de desarrollo de largo plazo que oriente la formulación de políticas, señale el camino crítico y posicione la economía para competir en el ámbito internacional. 

Segundo, el refuerzo de la capacidad del gobierno para desempeñar un papel proactivo en la formulación e implementación de esa estrategia. 

Tercero, y vinculado al punto anterior, la promoción de alianzas público-privadas, con miras a evaluar eficazmente las fortalezas y debilidades de la economía nacional, el potencial de los distintos sectores así como la búsqueda de fórmulas para participar ventajosamente en la competencia internacional. 

Asia del Este y las oportunidades de comercio y cooperación
Asia del Este representa un mercado de más de 1.500 millones de consumidores con ingresos en rápido aumento, y que, si se incluye a la India, crece a más de 2.600 millones. Sin embargo, hasta hace poco la región no era un mercado que suscitara mucho interés en la mayoría de los países latinoamericanos. Pero la fuerte atracción que ejerce la ingente demanda de insumos por parte de China para alimentar su creciente economía ha despertado un creciente interés por ese mercado y por el Asia en general. 

Hasta ahora las exportaciones latinoamericanas hacia esa región han estado dominadas por las materias primas y los alimentos procesados, ámbitos en los que América Latina cuenta con una fuerte ventaja comparativa, especialmente en el Hemisferio Sur. 

Pero existen más oportunidades de mercado que esas, incluyendo el turismo. Además, conforme aumentan los ingresos, es de esperar que el patrón de demanda de Asia del Este se diversifique y, por ende, también las posibilidades de exportación de bienes y servicios de nuestra región. La consecución de mayores y mejores espacios de acción en ese amplio y exigente mercado es un ámbito en el cual la alianza público-privada antes mencionada puede desempeñar un papel importante. 

Al igual que para abrir nuevos mercados para las manufacturas latinoamericanas, Asia representa una oportunidad para aportar nuevas inversiones y tecnología para la región. 

En este sentido, Japón ha establecido desde hace tiempo una importante presencia en América Latina; Corea del Sur por su parte, se está acercando más a la región y, desde  

- 8 - Por último, el horizonte para la cooperación es inmenso y ya han surgido varios foros bi-regionales, como el Foro de Cooperación América Latina - Asia del Este (FOCALAE), el Consejo Económico de la Cuenca del Pacífico (PBEC) y la Conferencia de Cooperación Económica del Pacífico (PECC), que congregan a figuras prominentes de los ámbitos empresarial, gubernamental y académico de ambas regiones. Varios países latinoamericanos han venido participando también en el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico. 

Ciertamente existen posibilidades para intensificar dicha cooperación, dado que cada región tiene experiencias y capacidades de mutuo interés. Estos vínculos han venido siendo respaldados mediante la cooperación mancomunada del Banco y el Gobierno de Japón. 

Asia del Este y la inserción de nuestra región en la economía mundial
Si bien Asia del Este ofrece una gran oportunidad de acceder a un mayor mercado, también representa un gran desafío. Mientras el aumento en la demanda en esa región por productos básicos fue y es un factor significativo para el crecimiento de América Latina y el Caribe, es necesario evitar que nuestros países se especialicen nuevamente en la producción de materias primas sujetas a vaivenes cíclicos de la demanda. 

América Latina y el Caribe deberá enfrentar con prontitud esta realidad emergente, mejorando las aptitudes y la productividad y pasando a líneas más diferenciadas de productos y servicios que permitan aprovechar sus ventajas geográficas en el continente americano y en relación con Europa. 

La explotación de las ventajas potenciales en materia de transporte exigirá sistemas de facilitación del comercio y el mejoramiento de la infraestructura de transporte, dos ámbitos tradicionalmente deficitarios en la gestión económica latinoamericana. 

Es claro que la profundización de la integración regional puede ayudar a nuestros países a competir a escala internacional, lo cual incluye, como ya señalé, áreas de libre comercio con Asia, que acercarían la región a dinámicas cadenas de valor en la producción internacional. 

Todo ello adquiere mayor relevancia ante la expansión del empleo formal que se está registrando en los países asiáticos en vías de desarrollo. Huelga decir que el éxito del Programa de Doha para el Desarrollo será un elemento crucial, dado que permitiría reducir la protección internacional para productos en los que la región tiene una ventaja comparativa o  la posibilidad de agregar valor. 

La economía política del crecimiento y desarrollo en Asia del Este nos lleva a analizar si en América Latina y el Caribe estamos construyendo instituciones que nos permitan

- 9 -acometer una estrategia de desarrollo sostenible sobre sólidas bases de estabilidad macroeconómica, competitividad e inclusión social. Un aspecto fundamental de ese desafío radica en que todo eso lo debemos hacer al tiempo que fortalecemos la democracia en la región. Ello me lleva una vez más a dirigir la atención a algunas consideraciones sobre la coyuntura política de la región. 

III. La política ante los desafíos económicos y sociales de la región
El balance del progreso económico y social alcanzado por la región durante los últimos 25 años apunta nuevamente a la centralidad de la política y las instituciones.

En ese  lapso, América Latina y el Caribe experimentó el período más prolongado de su historia bajo gobiernos organizados como democracias constitucionales, dejando atrás una trayectoria de gobiernos militares autoritarios. 

La euforia inicial que acompañó al ascenso de la democracia, no obstante, ha dado paso a una creciente insatisfacción con su funcionamiento, que hace necesario reconocer las circunstancias particulares que condicionaron su desarrollo. 

Democracia como condición de un crecimiento dinámico y socialmente justo
Hasta ahora la reivindicación democrática en la región ha estado básicamente asociada a la esfera política: la demanda de libertades políticas y vigencia de los derechos humanos, y la elección de gobiernos por medio de elecciones libres y competitivas. La reivindicación de la democracia como andamiaje institucional que haga posible un crecimiento más dinámico y equitativo, es decir el desarrollo, es un tema que recién empieza en el debate latinoamericano. 

Haciendo un contraste con la experiencia de la expansión democrática en los países más desarrollados, la democracia en América Latina y el Caribe ha sido sometida a pruebas muy difíciles. Sacudida por fuertes tensiones políticas e inestabilidades económicas, esa democracia ha convivido con auges de consumo y expansión interrumpidos abruptamente por períodos de crisis y recesión, que impidieron conciliar los logros con las expectativas de la población.

Sin embargo, esas mismas instituciones democráticas han demostrado una gran capacidad para resistir los embates políticos y económicos que se han sucedido en la región, incluyendo los intentos de remoción de gobiernos. Estos episodios, que generaron enormes costos sociales para las frágiles democracias de nuestros países, pusieron a la vez de manifiesto que para las grandes mayorías la democracia sigue siendo el único sistema con el que los países pueden aspirar a desarrollarse. 

En los países más desarrollados, gracias a ciclos más prolongados de crecimiento con amplia distribución de sus frutos, la democracia política pudo evolucionar en forma

- 10 - simultánea con la democracia económica y social, y en contraste con la experiencia de nuestra región en los últimos años, los pactos políticos, sociales y económicos forjados pudieron reforzarse mutuamente. 

No es, pues, de extrañar que haya insatisfacción y fatiga. Y con preocupación se puede observar algunas manifestaciones de retorno al populismo, o a reformas que no allanan el camino a la consolidación de la democracia y el Estado de Derecho, sino a su debilitamiento. 

Pero tampoco debemos caer en el pesimismo. Hay señales positivas. La insatisfacción y fatiga no han impedido que el 71 por ciento de la población latinoamericana considere que la democracia puede tener problemas pero es el mejor sistema de gobierno. Pero ello requiere impulsar en forma acelerada la modernización institucional del Estado, como soporte y a la vez actor de una democracia política, social y económica. 

Ya me referí a la importancia de fortalecer la capacidad del Estado para formular y administrar políticas públicas dentro de una visión estratégica de desarrollo de largo plazo. La relación del Estado, tanto con los ciudadanos como con los mercados, está condicionada por la capacidad de las administraciones públicas para adoptar políticas que respondan concretamente a las necesidades de la población en su conjunto, y especialmente de los más vulnerables.  

La experiencia nos demuestra que las reformas de las administraciones públicas en las últimas dos décadas se realizaron, en general, bajo los apremios de crisis fiscales severas y de  choques externos recurrentes y por ende sufrieron las consecuencias administrativas del ajuste fiscal, cuyo efecto fue la reducción, cuando no el debilitamiento, del aparato administrativo del Estado. Y ello explica en parte por qué sigue faltando en la mayoría de los países una burocracia pública, estable, competente, seleccionada por mérito y bien incentivada, que constituye la columna vertebral de un Estado sólido y una gestión pública eficaz y eficiente, orientada hacia resultados. La buena gestión pública no es solo una cuestión de diseño institucional. Es, sobre todo, un asunto político. 

Consolidar y profundizar la democracia
La ola democratizadora que se inició en 1978 y se extendió con el fin de la guerra fría tiene una oportunidad histórica de consolidarse y profundizarse. No obstante los grandes logros de las últimas décadas, los países de la región enfrentan significativos desafíos.

Si bien nos encontramos con una realidad institucional del Estado que varía en cada país en función de su experiencia, en casi todos se hace necesario emprender una agenda de reforma que abarque a todos los poderes del Estado. La falta de independencia y de acceso que caracteriza al sistema judicial; el bajo nivel de credibilidad de los órganos de la democracia representativa; el déficit de representación de los grupos étnicos y sociales en el 

- 11 - sistema político; las debilidades en los órganos de supervisión, regulación y control; la percepción sobre la corrupción, son dimensiones todas que impiden resolver la tensión entre las demandas públicas de libertad y la búsqueda de igualdad; entre crecimiento y pobreza; entre derechos civiles y derechos sociales. 

Queda mucho por hacer para avanzar con la agenda democrática de la región y será necesario actuar simultáneamente en varios frentes para asegurar gobiernos democráticos, representativos y responsables frente a la ciudadanía, capaces de proteger los derechos civiles y darle seguridad a los mercados, promover la justicia social y resistir la corrupción y las presiones de los grupos de interés. 

Por ello, lejos de constituir la línea de llegada, la democracia es el punto de partida.

Constituye un proceso abierto a la expresión de las demandas sociales y la participación activa, movilizada y organizada de la población para velar por sus derechos y asegurar la eficacia del gobierno que la representa. 

IV. La misión del Banco. El enriquecimiento permanente de una alianza histórica
El mandato que ustedes, señores Gobernadores, han asignado al Banco se aviene admirablemente con la tarea que nos concierne. En sus 45 años de existencia, el BID se ha asociado permanentemente a los esfuerzos de sus países miembros prestatarios en pro del desarrollo social y económico en la región.

En meses recientes tanto el Directorio Ejecutivo como la Asamblea de Gobernadores han aprobado modificaciones a fin de que el Banco tenga mayor flexibilidad para atender las necesidades de sus prestatarios, reconociendo las diferencias entre ellos, pero sin dejar de reforzar la cooperativa con la que todos nos beneficiamos. En estos días, los Gobernadores actuaron en dos frentes que robustecen la institución y le deparan la promesa de una función de apoyo más eficaz en los años venideros. Me refiero a: 

El Nuevo Marco de Financiamiento. La revisión del marco de financiamiento proporciona al Banco la flexibilidad necesaria para brindar un apoyo más adaptado a las necesidades de los prestatarios, mediante una estrecha convergencia con programas nacionales necesariamente diversos, dadas las diferencias entre nuestros países miembros. 

El Fondo Multilateral de Inversiones (FOMIN). Gracias a los nuevos recursos formalmente comprometidos durante esta reunión, el FOMIN podrá llevar adelante su labor innovadora en ámbitos tan diversos como la capitalización de pequeñas y medianas empresas, la reestructuración de regímenes normativos, la mejora del clima de negocios o la promoción de novedosos métodos para canalizar los abundantes flujos de remesas recibidos por la región hacia el financiamiento de valiosas infraestructuras sociales y económicas. 

- 12 -Efectividad en el desarrollo
En 2002, la Asamblea de Gobernadores asignó al Banco el cometido de privilegiar el seguimiento, la medición y la evaluación del efecto de sus préstamos en función del desarrollo. Mediante un proceso de amplias consultas, la Administración articuló un plan de acción a mediano plazo, aprobado a finales del pasado año, que permitiría al Banco conformarse a las prácticas óptimas en el seguimiento de sus operaciones de préstamo. De hecho, hemos puesto gran empeño en estructurar un pilar externo como elemento integral de dicho plan, plenamente conscientes de nuestra alianza con los prestatarios y de que la cuantía de nuestros préstamos representa una pequeña porción de los recursos de que ellos disponen. 

Esto tiene por finalidad mancomunar esfuerzos con nuestros prestatarios, a fin de institucionalizar sistemas de seguimiento del desempeño para la totalidad del gasto público que puedan utilizarse como instrumento primordial en la toma de decisiones sobre la asignación óptima de los recursos presupuestarios. 

En ocasiones anteriores, varios Gobernadores manifestaron gran interés en que el Banco garantizara que los recursos de los préstamos produzcan los resultados previstos.

Haciéndonos eco de lo anterior, hemos generado una oportunidad para administrar todos los fondos públicos, no sólo los provenientes de préstamos, dentro de un marco uniforme que redunde en un uso óptimo de recursos. Para ello, establecimos a instancias del Directorio el fondo PRODEV, provisto de 30 millones de dólares a lo largo de cuatro años, el cual permitirá respaldar actividades gubernamentales orientadas al logro de resultados sostenibles mediante la aplicación de políticas y la realización de operaciones para el desarrollo social y económico. 

Préstamos de inversión
El instrumento tradicional de los préstamos de inversión, empleado para financiar proyectos específicos, se ha tornado progresivamente rígido ante el pronunciado cambio de las circunstancias en los países ocurrido desde que dicho instrumento se introdujera más de cuatro décadas atrás, al comienzo de las operaciones del Banco. El estrecho margen de acción fiscal en muchos de nuestros países prestatarios redujo en tal modo la demanda de este producto, que en 2003 los compromisos apenas si se cifraron en 1.500 millones de dólares. 

En 2004, tomamos medidas de envergadura para modernizar este instrumento y, al mismo tiempo, promover la armonización con los cambios adoptados por el Banco Mundial, una clara fuente opcional de financiamiento. 

Como principales innovaciones cabe destacar la adopción de los programas con enfoque sectorial amplio (SWAPs), modalidad que podría permitirnos contribuir al financiamiento de actividades ya incorporadas al presupuesto; la ampliación de los gastos elegibles con el fin de incluir rubros tradicionalmente considerados como gastos recurrentes; y la propuesta, aún en consideración por la Asamblea de Gobernadores, de suprimir la matriz de financiamiento, un rezago de la era del análisis económico de las dos brechas. 

- 13 -Con respecto a la modernización del instrumento de los préstamos para inversión, el Banco realizará sistemáticamente exámenes de los procedimientos nacionales de adquisiciones, control de gastos y otros sistemas fiduciarios y de salvaguardias, con el objeto de que finalmente todos nuestros prestatarios lleguen a contar con sistemas nacionales que sean susceptibles de escrutinio y que, por tanto, puedan ser utilizados por el Banco con la plena certeza de que los recursos otorgados en préstamo se asignarán a los fines previstos. A ello contribuirán también las actividades consideradas en el ámbito del fondo PRODEV. 

Ciencia y tecnología
El auge del comercio de productos básicos propiciado por el crecimiento de China es una señal imperiosa de la singular incapacidad de nuestra región para invertir en investigación y desarrollo e integrar la tecnología de vanguardia dentro de la actividad económica, notablemente en el sector exportador. Muchas son las enseñanzas que Asia del Este puede brindarnos al respecto.

El Banco, por su parte, puede realizar un aporte crucial, redescubriendo la vocación de sus primeros años en favor de la educación superior, la ciencia y la tecnología. Hemos establecido un fondo fiduciario al efecto, y se ha creado dentro de la Administración un eje de coordinación de alto nivel para realzar de forma asidua la atención prestada a la ciencia y la tecnología en nuestras políticas públicas a favor del crecimiento y el desarrollo. 

Préstamos en moneda local
Las consecuencias que supone la tradicional incapacidad de nuestros países para contratar empréstitos en sus propias monedas en los mercados internacionales ha dado lugar a un profuso debate teórico. Aunque en razón de su Convenio Constitutivo el Banco está sujeto a limitaciones en materia de asimetría monetaria, en los últimos meses hemos cooperado activamente con otras instituciones financieras internacionales y con las autoridades de los países prestatarios a fin de abrir un espacio a los empréstitos y el financiamiento en moneda local. Así, hemos otorgado importantes garantías parciales de crédito por medio de la ventanilla para el sector privado, y estamos preparando el lanzamiento de la primera operación en moneda local para el sector público en México. Los empréstitos y préstamos en moneda local con vencimiento extendido permitirán al Banco coadyuvar al desarrollo de los mercados locales de capital y, en último término, ampliar sus operaciones a las entidades municipales y gobiernos subnacionales que carecen de la capacidad para asumir el riesgo cambiario.
 

Bienes Públicos Regionales
En el año en curso, el Directorio Ejecutivo aprobó la utilización de recursos presupuestarios para facilitar un programa de apoyo a la promoción de los bienes públicos regionales. 

- 14 - A lo largo de los años la región ha venido identificando mecanismos de cooperación entre países o grupos de países, para hacer frente a desafíos comunes que se resuelven mejor, y con más eficiencia y menos costo cuando se actúa colectivamente. El Banco por su parte cuenta con una valiosa experiencia en el apoyo, vía operaciones de cooperación técnica, a iniciativas de cooperación regional. 

El concepto de bienes públicos regionales elabora sobre la cooperación para identificar sinergias en la acción compartida en sectores tales como la salud, la educación, el medio ambiente y otros, en los que la asistencia del Banco puede ser clave para promover el desarrollo. 

Un nuevo miembro del Sistema Interamericano: La Fundación Interamericana para la Cultura y el Desarrollo
El Banco viene promoviendo la iniciativa de crear una fundación, de carácter independiente, para el apoyo a las actividades culturales, a la luz del aporte potencial de éstasal desarrollo de la región. El importante patrimonio cultural con que cuenta América Latina y el Caribe servirá como base para el desarrollo de las industrias culturales, de fuentes de ingreso y de generación de divisas, así como de reafirmación de la identidad cultural de nuestras naciones. 

La iniciativa de establecer una fundación apoyada por el Banco permitirá canalizar recursos de fuentes públicas y privadas a favor de un importante sector de nuestra región. 

Reflexiones finales: Optimismo del espíritu y la razón
Es necesario hacer esfuerzos para instalar en el discurso político de la región la idea de que en la tarea del desarrollo no hay atajos, ni caminos que se puedan andar solos; que se precisa un esfuerzo coherente y sostenido, pero reconociendo, a la vez, que ese esfuerzo de largo plazo debe ser abonado con la participación y voluntad de los ciudadanos, y con resultados en el corto y mediano plazo. La oportunidad de crecimiento que ahora se tiene en la región debe ser aprovechada, entonces, para fortalecer la capacidad fiscal de los países, no solamente para implementar políticas anticíclicas, como lo hemos dicho, sino también para realizar las inversiones en infraestructura, en capital

Me ha tocado acompañar los esfuerzos de nuestros países por varias décadas, y puedo decir con convicción que si somos capaces de desarrollar plataformas institucionales de concertación de políticas de largo plazo en que se articule pactos políticos, sociales y económicos, América Latina será capaz de resolver finalmente el gran desafío de lograr un desarrollo dinámico con justicia social, con democracia y plena vigencia de los derechos 

- 15 - humanos y con sustentabilidad ambiental. Sólo así dejaremos de migrar constantemente de un paradigma a otro y podremos desencadenar ese círculo virtuoso que aguarda escondido en la más profunda de nuestras esperanzas. 

No quisiera concluir mis palabras sin hacer una mención muy especial al hecho de que el viernes pasado la humanidad dijo adiós a un gran hombre y a un gran líder, quien al frente de la Iglesia Católica abrió caminos de diálogo y entendimiento, construyó puentes entre distintos países y religiones y abogó de manera incansable por la paz y la justicia social. 

Karol Wojtyla, Su Santidad, Juan Pablo II.
En su memoria y para cerrar esta exposición quisiera recordar uno de sus mensajes que sirve admirablemente a los valores y principios que deben inspirar nuestra labor, como cooperativa de naciones amigas a favor de la paz y el desarrollo de América Latina y el Caribe: “La paz es un bien fundamental que conlleva el respeto y la promoción de los valores esenciales del hombre: el derecho a la vida en todas las fases de su desarrollo; el derecho a ser debidamente considerados, independientemente de la raza, sexo o convicciones religiosas; el derecho a los bienes materiales necesarios para la vida; el derecho al trabajo y a la justa distribución de sus frutos para una  convivencia ordenada y solidaria”.
 

Pagina recomendada:
www.clarin.com/diario/2005/04/11/elpais/p-00501.htm

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