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Cultura, integración
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Cultura, integración y compromiso social
Entrevista a la Prof. Nora Castro
Presidenta de la Cámara de Representantes del Poder Legislativo
del Uruguay
-
Profesora, en su discurso inaugural (cuyo texto se adjunta, con
su correspondiente link) usted sentó unas bases muy claras, muy
profundas, cuestionables, criticables pero sumamente atendibles.
Usted comenzó ese torrente de ideas y de expresar lo propio,
hablando sobre la condición de la mujer a partir de una señora,
la Negrita....
A posteriori, usted discurrió
sobre la identidad como proceso, para luego adentrarse en la
condición artiguista. En eso uno se pregunta cuánto hay de
aproximado con lo que hace al indigenismo por aquello de Artigas
y los guaraníes. Y terminaba hablando entre otras cosas de la
razón y de los afectos.
Nos gustaría que nos hablara
desde su condición de mujer, el hecho de estar en esto y cómo le
ocupa el asunto de género hoy por hoy en esta sociedad.
- El hecho de que por primera
vez asuma la Presidencia de la Cámara de Representantes una
mujer, o mejor dicho, cualquiera de las presidencias, no pasa
para mí inadvertido. Yo estimo que la sociedad uruguaya es
negadora de las discriminaciones en términos generales.
Los paradigmas dominantes que
enhebran esta cultura tienen un marcado acento de invisibilidad
de la discriminación. ¡Viene de largo! Como consecuencia de la
acumulación de luchas logran empezar a hacerse visibles los
problemas de discriminación de género. Lo que a mi juicio
empieza por los 80 del siglo pasado, donde están involucradas
varias organizaciones y grupos de nuestra sociedad.
En realidad predomina en ese
primer momento una ubicación de los temas de discriminación de
género muy asimilados a una corriente que hoy ya no es tan
hegemónica a nivel mundial en materia del llamado feminismo o
temas de la mujer. Es una corriente con la que yo no me
identifico para nada. Es aquella que, para decirlo de forma
simplificada, entiende que la contradicción central está ubicada
entre el varón y la mujer. Y que de ahí derivan prácticamente
todos los problemas que nosotros tenemos.
En ese momento también, muy
tímidamente aparecen, más que por organizaciones, algunas
compañeras -y compañeros también- que tratamos de ver el tema
desde otra óptica, hoy creo que en crecimiento.
El tema de las discriminaciones
lo ubicamos en el escenario de lo que es para nosotros el
problema central, o la contradicción central a nivel nacional:
la tensión entre la oligarquía y el pueblo. Nosotros vemos el
tema de la discriminación desde esta perspectiva.
El hecho de que como consecuencia
de la confianza que puso la ciudadanía el 31 de octubre en esta
fuerza política nosotros tuviéramos que acceder a ese lugar de
visibilidad nos pareció oportuno también para contribuir a la
visibilización de este tipo de problemas.
Por otro lado, el tema de por qué
evocar la figura de la Negrita tiene que ver con un concepto o
una resignificación del concepto de autoridad. Si usted
recuerda, en el palco a la izquierda de la Cámara nosotros
habíamos invitado y así participaron, figuras representativas de
lo que para nosotros son autoridades.
Sin negar para nada a las
autoridades institucionalmente establecidas, si se entiende la
institucionalidad en un concepto restrictivo de lo elegido o
elegible o lo designado. Allí por eso ubicamos a Lilí Lerena, a
Daniel Viglietti, a un físico de renombre, al propio Rector de
la Universidad, a Jorgelina Martínez, por ejemplo, que para
nosotros es una autoridad que simboliza la pelea del movimiento
sindical, la contribución a la interna del movimiento y a la
historia de este país, del propio movimiento sindical. Además
suma su condición de mujer. Y una serie de figuras nacionales.
En ese sentido de la
resignificación del concepto de autoridad me parece que este
pueblo ha perdido mucho al no rescatar los sectores sociales y
las personas que concretamente han contribuido y contribuyen a
la elaboración de nuestra propia historia. Esto también tiene
que ver con la identidad. Cuando esas figuras pertenecen o han
pertenecido a los sectores no privilegiados de la sociedad, y si
además se suma la discriminación de género, son menos visibles.
Ese sería el segundo elemento de
la figura de la Negrita.
El tercer elemento tiene que ver
con el tema de los aprendizajes. Yo no creo que sea solamente
por mi condición docente sino como ser humano, he aprendido que
una de las cosas maravillosas que nos pasan a estos bípedos que
no tenemos plumas es que tenemos capacidad para aprender.
Capacidad continua en la vida.
Uno puede aprender -que no es lo
mismo que enseñar porque no siempre que se enseña se aprende-
distintos saberes sobre un mismo objeto. Porque felizmente los
humanos tenemos distintas perspectivas. Hasta los clones, la
pobre ovejita Dolly se desarrolló distinto. Como felizmente
tenemos distintas perspectivas elaboramos distintos saberes y
podemos aprender distintos saberes sobre un mismo objeto. Esto
es tremendamente enriquecedor y potenciador de lo humano.
Claro si uno tiene el balde
puesto en la cabeza, y cree que el único saber existente sobre
un objeto es lo que se determina hegemónicamente desde el poder
establecido, se pierde una riquísima parte de la historia.
Entonces, esto de la evocación de
la figura de la Negrita tiene que ver con esta historia tan
personal, que es mi caso, de haber podido aprender junto a una
mujer de mi propia generación pero de una historia de vida
totalmente distinta.
La Negrita era una cañera,
regulamos en edades pero hasta el momento en que nos encontramos
habíamos tenido vidas muy distintas. Yo de alguna manera era una
mujer de los sectores medios privilegiados; ella era una cañera,
con todo lo que eso significa.
Creo que pudimos aprender muchas
cosas juntas valorando nuestros saberes. Pero ésta, además, no
es una virtud individual que nos pueda caracterizar a ambas sino
lo que yo intenté colocar -en palabras a veces uno no puede
decir todo lo que piensa- es que esto está ubicado en el
privilegio que tienen los procesos de lucha y de pelea. Eso es
lo que tiene de tremendamente fermental, creativo, humano. Más
allá de que en una lucha uno pierda o gane.
El cuarto elemento tiene que ver
con los afectos.
Porque esta misma cultura
dominante y la "cultura política" para llamarla de alguna
manera, excluye el afecto en la consideración de los asuntos, de
los problemas, y también por supuesto, de las omisiones.
Yo siempre digo medio en broma y
medio en serio, que en este mundo que domina, los asuntos son
los que existen de las cejas para arriba. Lo demás, no existe.
Como la vida felizmente es muchísimo más rica que todo eso, el
relacionarnos con la gente comprometiéndonos con ella, cosa que
nos pasa todos los días a todos, tiene que ver con la vida
política.
Lo que hay de fondo es un
concepto, capaz que muy primitivo para algunos pero que para mí
es muy fuerte, de por qué uno hace política. Y por qué se hace
política de distintas maneras.
En mi modestísima opinión, todos
los seres humanos hacemos política, partidaria o no partidaria.
Por aquello de los griegos y los intereses de la polis. Pero si
lo bajamos a la tierra, en concreto, es una forma de pelear por
la vida. Y la vida no es sólo ideológica... felizmente. Entonces
los afectos tienen cabida y vaya si son significativos e
importantes. Están sesgando y no sólo como un condimento están
caracterizando el tipo de problemas que uno ve.
Entonces, por esos cuatro
argumentos yo traigo la figura de la Negrita, mi entrañable
compañera y creo que de alguna forma tiene que ver con las
historias de vida de mucha gente. Porque además, en esos
asientos del plenario, hasta ahora que yo sepa, nunca se sentó
Negrita ni "las" Negritas, ni los Juanes o Pedros que tienen
esas trayectorias de vida.
Si queremos pensar en serio en un
proceso democratizador, tenemos que traer presencias que
realmente hablen de la integración del pueblo.
-Hace poco, en un trabajo para
una universidad chilena que lo intituláramos los dioses del
cotidiano, al hablar sobre la cuestión del otro, que es lo que
nos ocupa, centrábamos algo también muy simple pero que creemos
muy cierto respecto de lo que usted advertía muy bien, la
cosificación del hombre y de la mujer, que es ese proceso
embrutecedor, esa suerte de Olimpo perverso que han querido
instaurar convirtiendo al ciudadano en objeto o en consumidor.
Luego viene la distorsión en el
mercado. Pero en ese trabajo, tomando la enseñanza de maestros y
maestras como Hannah Arendt y Emmanuel Levinas, recordábamos que
a los “americanos del sur”, si hay algo que nos caracteriza es
la hospitalidad.
La hospitalidad se encuentra a
flor de piel y no bien uno dirige la mirada, justamente en las
Negritas y en los Negritos.
En los dioses de pies de barro,
que andan por caminos de barro. En ese sentido es muy
importante saber cuál es su óptica respecto del trabajo a
seguir. Porque usted hablaba sobre identidad, sobre una
identidad en proceso, explicándolo en el sentido de las
construcciones y deconstrucciones, y algo que debiera mover a la
responsabilidad personal y colectiva. En ese hacer de la
identidad me gustaría que ampliara su idea.
-En primer lugar creo que en
nuestro país todavía, aunque estamos en el siglo XXI, tenemos
una fortísima herencia de concepciones decimonónicas,
eurocéntricas también...
-Aquello de “la Europa
trasplantada”...
-...en el sentido de un Estado,
una nación, una lengua, una identidad admitida como hegemónica,
y definida por la norma escrita,.... o legal.
Esas concepciones que uno las
puede entender cuando estudia el proceso del siglo XIX, la
fundación de los estados nacionales y una serie de historias.
Pero a esta altura del conocimiento científico, de los avances y
la lucha de los pueblos, me parece que nos quedamos muy atrás si
seguimos anclados en esa perspectiva.
Y si no entendemos bien este tipo
de problemas, hay problemas emergentes que no los vamos a
entender.
Todo parte, entre otras cosas, de
que esta es una nación disgregada.
Disgregada territorialmente,
porque como sabemos más del 10% de la población vive bajo otras
banderas y en otros territorios.
Disgregada a la interna del
territorio porque en definitiva ni siquiera estamos en el
estadio en que están otras comunidades nacionales en que
intentan la construcción de esas identidades por sumatoria de
identidades.
Ni siquiera eso. No admitimos que
existan otras identidades.
Lo negamos con un fervor y una
pasión que es signo del peor espíritu totalitario, un
autoritarismo total, conceptualmente hablando, no hace falta que
vengan con el sable.
¿Adónde puede ir una nación con
esos niveles y complejidades de disgregación, si quiere
refundarse para definitivamente enfrentar los desafíos
nacionales, regionales, internacionales?
Mi intención fue en primer lugar,
colocar el problema, decir "este problema, desde mi punto de
vista, existe". Y como pasa en todas las cosas, hay que meterle
cabeza, corazón...
Creo que tenemos hoy
posibilidades importantes de trabajar en este sentido si no sólo
visualizamos esos problemas sino que reconocemos la existencia
de distintos saberes en ellos y entendemos que el tema de la
identidad es un proceso social, de tejer y destejer. No va
haber, por más aportes brillantes que se hagan, ni ahora, ni en
el siglo XXV ni lo hubo en el siglo XIV, una plasmación
congelada que dé cuenta de ello.
Yo le puedo hacer una
"tomografía" a la identidad. Me va a dar pautas, elementos. Pero
es un proceso complejo de aportes, de construcciones,
deconstrucciones y reconstrucciones, que se van plasmando de
acuerdo con las correlaciones de fuerza y con el tema del poder,
que existe en todos lados. Y además porque como en toda
deconstrucción, hay dolor. Yo lo hablo con los jóvenes, de
quienes aprendo mucho.
Cuando uno plantea esa relación
construcción-deconstrucción y uno incorpora el tema del dolor en
el plano de un proceso social, a veces es difícil de entender.
Pero siempre les digo que cuando uno se enamora y deja de
querer, siempre es para reconstruir algo, ya sea en solitario o
una nueva relación, eso ocasiona dolor. No el dolor
paralizante.
Además, a mi juicio, no es cierto
que uno supere el dolor. Uno aprende a vivir con dolor y ese
aprendizaje es el que nos permite seguir para adelante. A los
pueblos les pasan cosas similares.
Y deconstruir esta imagen de la
identidad como única, como circunscrita a un territorio, a un
Estado y a un sector social que viene dominando, causa dolor,
fractura. Porque dentro de los procesos sociales -un gran amigo
mío dice "somos rutinas y rupturas"- la ruptura de las rutinas,
que eso en definitiva son las deconstrucciones, causa dolor.
Alguna gente comentando lo que yo
dije el 15 de febrero, ha planteado que todas estas cosas tienen
poco que ver con el Parlamento.
La verdad... yo creo que tienen
que ver con la vida política. Y si alguien cree que el
Parlamento no tiene que ver con la vida política me parece que
se equivocó. Por eso en este tema de la identidad, reafirmando
lo que dije recién pero entendiendo que el Parlamento tiene una
función específica en este caso, aparte de las clásicas
definidas constitucionalmente, como hacer leyes y controlar a
los otros poderes del Estado.
Tiene que ver con la promoción de
la ciudadanía.
Con aportar, porque no somos el
ombligo del mundo, a la construcción de la ciudadanía.
En esas tareas estamos. Da mucho
trabajo, porque acá uno encuentra resistencias importantes.
Inclusive uno encuentra rutinas que las podríamos incluir dentro
de lo que muy genéricamente podríamos decir la práctica política
existente, que están bastante distantes de lo que las normativas
plantean. En otros casos, no existe normativa. Pero en muchos
casos uno empieza a rastrear y encuentra la normativa.
Lo que pasa es que hace tanto
tiempo y tan complejo tiempo en que se desoyó la normativa, que
la práctica política instalada tiene un peso muy fuerte. Empezar
a levantar hilo por hilo, esa práctica, porque uno ha valorado
que la normativa preexistente es buena, adecuada, sirve, da
mucho trabajo porque los niveles de resistencia son fuertes.
El otro elemento que me es
absolutamente personal, tanto en el ámbito de la academia como
en el sindical, social, político partidario e institucional, yo
soy de quienes piensan que el trabajo colectivo siempre rinde
muchísimo más.
Se potencia el ser humano cuando
trabaja colectivamente.
Esto que está tan de moda, hablar
del tema de los equipos. Yo digo que en el Uruguay por lo menos
hay limitaciones importantes para trabajar en equipo, en el
sentido de que a nivel del avance manuscrito, es decir lo que la
gente escribe o declara públicamente, prácticamente todos los
sectores políticos, sociales, académicos están de acuerdo en
trabajar en equipo.
A la hora de concretarse,
promedialmente se cree que se alcanzó el máximo nivel cuando nos
sentamos cinco alrededor de una mesa. Eso no es trabajar en
equipo.
Trabajar en equipo es pensar en
equipo y trabajar responsablemente capaz que individualmente,
chequear, evaluar, controlar, volver a poner en común... Y
estudiar, que no es leer. Con leer no alcanza para estudiar.
De esas cosas se trataba cuando
yo hablaba de los temas de la identidad.
De ahí surgieron otras cosas.
La traducción de lenguaje de
señas.
De eso se ha hablado poco, porque
es la primera vez que a nivel del Parlamento se trasmite una
sesión con traducción de lenguaje de señas, cuando la comunidad
de sordos es una colectividad bien importante en el país,
claramente discriminada al punto de que la gente no considera
que el lenguaje de señas es un lenguaje.
Con las características que tiene
este país, las fronteras que tiene sobre todo la norte y este,
el mal llamado portuñol que hoy sabemos que son los dialectos
portugueses en el Uruguay.
De eso se ha hablado poco cuando
se analiza lo que yo dije el 15 de febrero. Acá se niegan esas
situaciones. En esta casa pasan cosas de ese tipo. Hay
legisladores que son del norte y uno puede dialogar con los
colegas en esa otra lengua.
Y cuando entran a sala hablan un
estricto español montevideano, con más cuidado incluso que
algunos montevideanos. Yo recuerdo un solo legislador que
hablaba con acento y causaba en el plenario la sonrisa.
En esas dos últimas décadas del
siglo XX, creo yo más fuertemente, se intentó llevar a un
proceso reduccionista las fuentes del Uruguay. Todos provenimos
de italianos o españoles y se negó -porque datos científicos
importantes y serios los hay y los hubo- todo lo que viene de la
corriente amerindia que viene no sólo de Brasil.
-
Recuerdo perfectamente que, incluso, usted profirió una frase en
portugués.
- Por distintos motivos, quizás
por lo que usted mencionaba al inicio, creí yo advertir algo tan
soterrado en la forma de discriminar en los uruguayos y los
montevideanos, toda esa cosa pacata. Entonces, pregunto, en ese
dolor que uno advierte en los despertares hacia algo nuevo, algo
propio o quizás atreverme a mirarme en el espejo y reconocer las
líneas de mi rostro, ¿la identidad pasa por una cuestión acotada
del estado uruguayo o comprendería también a la región, llámese
patria grande o América del Sur?
Es clarísimo que pasa por una
integración de los pueblos, verdaderamente.
Yo soy de quienes piensan, la
fuerza política también así lo piensa, que el pensamiento
artiguista, el pensamiento bolivariano en la primera revolución
libertadora está el sentido de que no hay proyectos nacionales
viables sin integración real. Lo que llevó a cosas muy fuertes.
Porque hoy nos escandalizamos, el siglo XX también se
escandalizó, de que ciudadanos de un lugar fueran a pelear a
otros ejércitos. Garzón anduvo peleando con San Martín por allá
arriba. Y a nadie se le ocurre cuestionar a Garzón, por
supuesto, tenemos clarísimo que fue un héroe también de nuestra
nacionalidad. Garibaldi era tano y anarco y se vino para
América, anduvo por acá. Y nos sentimos muy honrados con los
aportes que hizo a nuestra historia.
Y el Uruguay tiene un debe que lo
ha ido superando en el sentido de la investigación a nivel
científico pero es muy poco visible a la opinión pública. Yo que
tengo bastante juventud acumulada le puedo decir que no sólo me
formé como estudiante en la primaria, la secundaria y en el
propio magisterio, pensando y repitiendo como loro aquel viejo
mapa del Uruguay con la ubicación geográfica de las tribus: los
charrúas, los guenoas, los boanes... Y como buena reproductora
de una cultura que tenía ese patrón, influimos en nuestra
generación.
Tuvimos que llegar a Facultad, en
la etapa de mi maestría, recién, para aprender gracias a las
investigaciones de nuestros arqueólogos valiosísimos que la
historia de esta patria en materia de primeros habitantes era
muy otra.
Que los charrúas una de las
grandes contribuciones que hicieron, además de aquello de la
caza y de la pesca fue el ser excelentes conocedores de los ríos
y arroyos porque eran grandes contrabandistas. Y sometían a
otras etnias.
Entender eso como proceso.
Y que los que andaban por la
costa este del país ofrecían y negociaban con los europeos para
que los dejaran sobrevivir y ser recolectores en la zona, porque
dado su oficio de conocedores de la costa eran los mejores
avistadores de las embarcaciones que entraban al Río de la
Plata.
¡Negociaban con los europeos,
eran unos genios!
Entonces entendí, repetí y eduqué
falsamente. Uno va aprendiendo, es esa cosa maravillosa del
humano que puede aprender.
Yo vivo en el Barrio Sur.
¿Dónde está alojada la mayor
colectividad negra de Montevideo, del punto de vista
cuantitativo? No es en el Barrio Sur. Es en La Teja.
Voy a explicar por qué.
Históricamente tiene sentido. La
Teja, que se llama así -decía yo y enseñaba a mis niños como
directora de la escuela Yugoslavia- porque Lafone, el fundador
tenía un saladero allí y los techos del saladero y de las casas
eran de teja. Entonces ese era el poblado de "las tejas". Eso
tenía un sentido. Pero ¿de dónde venían esas tejas? Los barcos
negreros cuando desembarcaban y traían a remate al puerto a los
negros esclavos, los que sobrevivían de las cuarentenas eran
tirados en la zona de La Teja y esos negros en estado
deplorable, que no estaban para ser vendidos, la actividad con
la cual se mantenían era la de hacer en barro tejas en sus
rodillas. Muchos ni siquiera se podían trasladar. Por eso, las
casas de los trabajadores de los saladeros, paupérrimas, tenían
sus techos de teja. De ahí que la mayor colectividad negra de
Montevideo vive en lo que hoy se llama Teja Norte.
Estas son parte de las
identidades perdidas, olvidadas y que tenemos que ir rescatando.
Por ejemplo que la Ilusión Comparsera, que es una comparsa de
gurises negros y mulatos de esa zona, tiene ese arraigo tan
fuerte. Es el escalón, la juvenil -para hablar en términos
futbolísticos- de la Yambo Kenia.
Todas esas cosas hay que
integrarlas, trabajarlas con afecto.
-
Me asombré a mí mismo, como ciudadano y como hombre,
estudiando algo de Artigas. En una de esas encuentro un
documento en el que Artigas habla de la ternura. Algo de lo que
incluso en nuestros días, a los hombres nos cuesta hablar. Y
Artigas habla también de “la ley de la ternura”, por ejemplo,
cuando muere el su lugarteniente,
el coronel Blas Basualdo, Artigas dice: "lo lloré al pie de la
tumba y ahora..."
Eso está en lo que usted decía al
inicio, entre la razón y la emoción, saber ponderar y
equilibrar...
-Totalmente de acuerdo.
LA
ONDA®
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