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Merthil Manginni

Pinza atroz tiene hoy la
la Universidad paralizada
Dr. Edgardo Rubianes

Pinza atroz tiene hoy la
Universidad paralizada

por el Dr. Edgardo Rubianes

La actual arquitectura institucional del “sistema” de Ciencia, Tecnología e Innovación ha venido siendo cuestionada desde diversos ámbitos, incluido el académico, por presentar múltiples instancias no articulada entre sí y una ubicación de escasa jerarquía en la estructura del Estado.

Durante el 2003 un programa de convergencia de científicos, políticos y empresarios, el proyecto CIENTIS, avanzó en el diagnostico y proyectó cambios para la previsible nueva etapa nacional que se abriría en el 2005. Paralelamente, e impulsado por la izquierda, en una comisión senatorial se avanzó en acuerdo sobre un rediseño institucional. En las instancias orgánicas de la Universidad la discusión esta aún en pañales y cuando de ella surge alguna declaración, como la reciente de la Asamblea General del Claustro, lamentablemente se confirma que hace rato se perdió la capacidad propositiva para el cambio.

Luego del nefasto período dictatorial, el apoyo a las actividades de Ciencia, Tecnología e Innovación (CTI) por parte de los distintos gobiernos electos fue espasmódico, en respuesta a iniciativas surgidas desde la comunicad científica y no como producto de una política estatal consensuada. El parlamento fue aprobando diferentes programas, fondos y modificaciones institucionales parciales que en general permitieron potenciar el trabajo y las líneas de acción de diversos núcleos científicos emergentes de distintas reparticiones estatales intra y extrauniversitarias. Como resultante de ese proceso se enmarañó aún más una estructura institucional, ya de por si dispersa, conformándose lo que podría denominarse un collage institucional más que un sistema de CTI.

Resultaba por tanto muy plausible que en el parlamento, particularmente en el seno de la novel Comisión de Ciencia y Tecnología del Senado, se plantease durante la pasada legislatura y particularmente en el 2003, la búsqueda y profundización de acuerdos para una nueva institucionalidad en CTI. Diversos anteproyectos fueran presentados y en la primera fila de ese proceso estuvieron varios legisladores frentistas. El tema siempre ha hecho carne en la izquierda y la importancia del mismo se la ha ido jerarquizando.

En paralelo a la discusión comisión parlamentaria e impulsado por el senado Rubio, presidente de la misma, se fue dando el proceso CIENTIS que se constituyó una importante fuente de insumos de. Ideas y propuestas -con bastante grado de consenso- para la elaboración programática que se procesaba en la izquierda. Esto se reflejó en la adopción del “Uruguay Innovador” como uno de los cinco ejes centrales del programa electoral del FA-EP, en la enunciación programática que se hizo en una jornada realizada en setiembre pasado y presidida por Tabaré, en los materiales preelectorales difundidos masivamente (1) y en el anuncio del 1 de Marzo realizado por el nuevo presidente de crear un como forma de ilustrar al lector. En las líneas siguientes expondremos nuestro punto de vista.

Las iniciativas parlamentarias tuvieron naturales repercusiones en el ámbito
universitario. Más allá de que a la Universidad estatal le compete constitucionalmente ser consultada al respecto, ella es sin duda un actor central, clave, ineludible, en CTI en nuestro país.

A fines del 2003, el Rectorado trasladó los proyectos que le enviara la comisión del Senado, a la Asamblea General del Claustro (AGC) para que emitiera opinión sobre los mismos. La AGC estudió el tema durante un año y el pasado 23 de febrero adoptó una resolución que si bien no ha tenido demasiada trascendencia pública merece una particular atención por lo que dice y por lo que significa como señal pública en estos particulares momentos. Hasta aquí informamos del contexto en que la resolución se adoptó como forma de ilustrar al lector. En las líneas siguientes expondremos nuestro punto de vista.

Una maquina de triturar
Para algunos -quizás muchos-, de los que estamos involucrados desde hace años con la ciencia y la tecnología en y desde la Universidad, la resolución del AGC es por demás frustrante Era muy predecible que surgieran críticas a los proyectos presentados. Muchas de ellas acertadas, a las que podríamos interpretar como una contribución para mejorar las propuestas, sintetizarlas y/o reformularlas. Era previsible también, que surgiera con razonable intensidad otro tipo de resquemores respecto a algunos cambios propuestos. La Universidad uruguaya ha tenido a lo largo de su historia una particular, llamémosle, “sensibilidad” sobre los procesos de discusión que la implican. Bastante justificada en cierta época, pues previo a la dictadura fue muchas veces atacada injustamente y además, ninguneada financieramente. Por otra parte debemos tener en cuenta que cualquier cambio institucional cuestiona implícitamente equilibrios y cuotas de poder tanto al interior de la institución como en su relación con el resto de los actores.

El temor al cambio sería por tanto “razonablemente natural” para la institución por más que se embandere como un propulsor del espacios de poder y no tiene nada que ver con un el país. Eso se dice a una semana de la sunción del nuevo gobierno y luego de año de m mismo.

Pero luego de vivenciar durante los últimos 20 años la vida autónoma y cogobernada universitaria, va quedando en evidencia cada vez más que la reivindicación de esa “sensibilidad” representa hoy, en la mayor parte de los casos, una actitud de defensa corporativa o grupal de espacios de poder y no tiene nada que ver con un mejor cumplimiento de los fines de la institución.

En la declaración, luego de dos muy breves numerales donde se manifiesta el beneplácito por la voluntad parlamentaria de legislar sobre CTI y de señalar que la “mayor virtud” de los proyectos ha sido promover la consideración del tema, la resolución se despacha con el numeral que cuestiona en forma por demás dura y reiterativa, las tres iniciativas consideradas. En todo el documento no se realiza ni una propuesta alternativa.

No se aporta nada para la construcción. Se sostiene, en su cuarto, último y también breve numeral, que es la intención del órgano “elaborar un documento con los puntos” que debiera incluir una nueva normativa sobre todo en “momentos de cambios trascendentes” en la vida del país. Eso se dice a una semana de la asunción del nuevo gobierno y luego de un año de trabajo.

Son muchos los aspectos refutables pero la cortedad de análisis del documento aprobado por el AGC queda de manifiesto de modo sublime en a consideración expresada en el numeral tercero y reiteradamente subrayada- de que todas las ropuestas incurrirían “en una eventual inconstitucionalidad en tanto no respetan la especialización del ente autónomo Universidad pues coloca bajo dependencia de otros organismos públicos cometidos principales de investigación científica”. Se esta sosteniendo que la investigación científica pública solo podría realizarse en la Universidad y que adjudicar por tanto esa tarea también a otro ámbito público sería inconstitucional. Un mayúsculo dislate teórico. Que por otra parte ni siquiera expresa la realidad actual. No es real pues una cosa es que hoy por hoy en la Universidad se desarrolle la mayor parte de la investigación del país y que en ella se encuentre el grueso de los mejores investigadores nacionales y otra cosa diferente es negar que existan otras instituciones públicas que realizan y tienen como función -central o exclusiva- la investigación. Citemos dos muy conocidas, el Instituto Clemente Estable o el INIA. Y no estamos hablando de instituciones menores.

En el INIA el número de investigadores con dedicación completa es casi el doble del que poseen sumadas las Facultades de Agronomía y Veterinaria y su presupuesto anual es varias veces superior al de dichas Facultades. No es real, tampoco sería deseable –más aún sería peligroso- que la Universidad estatal –y única además- tuviese el monopolio de la investigación.

Un modelo con esas características no se aplica en ningún país del mundo. La tendencia al anquilosamiento burocrático que ello conllevaría seria catastrófico. De lo que se trata precisamente es de oxigenar el sistema y no guetizarlo.

Contradictoriamente, el concepto reiterado en el tercer numeral entra en colisión con lo expresado en el primero. Si la AGC se congratula que los parlamentarios quieran legislar sobre CTI pero señala al mismo que toda adjudicación de tarea de investigación bajo dependencia o dirección de otro organismo público que es inconstituciones. ¿ Qué espacio para legislar sobre el tema le dejan a los parlamentarios?

Leyendo la declaración, uno siente como si la AGC se ubiese instalado en el Olimpo y desde allí con la sabiduría -y la soberbia- de los dioses les enmendara la plana punto por punto y hasta “en la redacción” a los legisladores promotores de
los distintos proyectos. No parece coherente que si para la AGC la mayor virtud de la iniciativa parlamentaria haya sido “ promover la consideración del tema, e inducir a la Universidad a entrar en diálogo fecundo se apruebe una resolución que en ese perfil demoledor y para nada propositivo.

Si ya bastante devaluado ha venido quedando ese órgano universitario en los últimos tiempos, con esta resolución ha demostrado su incapacidad de constituirse en un ámbito de construcción de algo. Ni en épocas de conservadurismo gobernante y por lo visto menos aún, en épocas en que el cambio largamente proclamado y esperado comienza a ser posible.

Que la sociedad nos atraviese
Ahora bien, cabe preguntarse porqué existiendo un conjunto importante de universitarios que son críticos frente a la realidad de la institución – como nos consta- y que están presentes también en ámbitos de conducción, terminan predominando las declaraciones de este estilo que lo único que hacen es continuar devaluándola.

Pensamos, que al temor al cambio que ciertos sectores universitarios tienen, se le suma la incapacidad de otros de poder desembarazarse de una retórica perimida. Esa pinza atroz tiene hoy a la Universidad paralizada e incapaz de responder a las demandas de este tiempo. Y para peor cada vez son más los que no creen que se
pueda cambiar esa realidad desde adentro.

Como en otros sectores de nuestra sociedad es esencial que la efervescencia popular que estalló el 31 de octubre atraviese los muros universitarios. Que nos atraviese, nos demande, nos cuestione. Que nos cambie. Que no se atemorice
frente a los doctos. Que no acepte que nos escudemos en la autonomía. Que nos pinche la burbuja.

Sería muy bueno que el cambio llegara también y de una vez hasta la Universidad estatal. Hasta nuestra Universidad.

Es vital que la sociedad nos atraviese. Y que muchos universitarios facilitemos el proceso.

1) SISTEMA POLÍTICO, CIENCIA E INNOVACION.
   EL PROYECTO CIENTIS

El proyecto CIENTIS (Ciencia, Tecnología, Innovación y Sociedad) fue una iniciativa del senador Enrique Rubio cuando presidía la Comisión de Ciencia y Tecnología del Senado. Fue auspiciado por la fundación FESUR, tuvo como objetivo elaborar un programa de desarrollo en esa área y se concretó entre los meses de mayo y noviembre de 2003. Se

efectuaron una serie de seminarios de participación abierta con más de dos docenas

de expositores. También se organizaron encuentros de grupos específicos y un foro

electrónico. De estas actividades participaron unos 300 investigadores, empresarios,

autoridades universitarios e invitados de la región y se constituyó por lejos en la instancia

de intercambio y proposición sobre política de Ciencia y Tecnología más importante que hubo en el país en años. La activa participación, entre otros, de los recientemente designados presidentes de Antel, Ing. Maria Simón, y de ANCAP, Ing. Daniel Martínez, así como del candidato a la IMM, y ex decano de Ciencias, Ricardo Ehrlich, son ejemplos de ello. 

En el documento final de síntesis, luego de un preciso diagnostico, se realizan aportes para una política de Ciencia y Tecnología. Se entiende que para ello se requiere en primer lugar una nueva arquitectura institucional ya que “la políticas de innovación deben cortar transversalmente a todos los ministerios, entes autónomos, servicios descentralizados y gobiernos departamentales” y se sugiere la creación de una “unidad institucional o agencia a nivel de la Presidencia para el diseño, la ejecución de políti as proactivas y la ccoordinación de las ins ituciones o t dependencias estatales, paraestatales y privadas de Ciencia y Tecnología”. 

2) El PROGRAMA PROGRESISTA DEL 2004

En el material del FA-EP difundido en la campaña electoral respecto al Uruguay Innovador se propugna en s primer punto la construcción de “u u n diseño institucional favorable a la innovación” qu e comprenda: “políticas proactivas y de coordinación entre las instituciones públicas y privadas en el marco de un Sistema Nacional de Innovación que integre a sectores de la producción, a los portadores del conocimiento moderno y a otros múltiples

actores locales” así como la articulación entre “todos los ministerios, entes autónomos, servicios descentralizados y gobiernos departamentales”, entre “lo público y lo privado, la academia, el estado y la sociedad” respetándose la “autonomía universitaria y de los organismos de la educación”. 

Luego se postula la definición de “ un Plan Estratégico de Innovación” jerarquizándose algunas áreas y sectores y se propone un conjunto de medidas entre ellas “la promoción de instrumento a más de articulación y sinergias entre los centros de investigación científico-tecnológicos y las empresas privadas y sociales”.

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