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Asilo no es arma política
Y el canciller Rafael Bielsa habría declarado que “el problema de Ecuador es que todos los actores son pecadores” y que Argentina estaba tratando el asunto en la OEA, que es el ámbito más adecuado”. Dichas críticas – si las noticias son exactas – no tienen el menor sentido. Brasil no ofreció asilo a Gutiérrez. Fue el propio Gutiérrez que lo buscó, refugiándose en la Embajada de Brasil, que lo acogió, porque no podría haber dejado de hacerlo. Brasil cumple los tratados. La cuestión del asilo territorial es diplomática, en América Latina, está consustanciada con instrumentos regionales. Si Gutiérrez hubiese corrido para la Embajada de Argentina, ella tendría que haber procedido de la misma forma que la Embajada de Brasil. No podría rechazarlo. Ambos – Brasil y Argentina – son signatarios tanto de la Convención sobre Asilo (Habana, 1928) como de la Convención sobre Asilo Político (Montevideo, 1933). No cabe discutir ni analizar con otros países, ni en la OEA, la concesión o no del asilo político. El asilo se concede o no se concede. Es un acto de soberanía. Y, en el caso de Gutiérrez, no podía ser negado. Sea corrupto o dictador, pecador o no, él no estaba condenado por un crimen común ni siquiera sometido a ningún proceso judicial. Su deposición del gobierno, constitucional o no, fue un acto político y él sintió su vida amenazada. El derecho de asilo es una institución humanitaria, asegurada al “delincuente político” y la concesión, según la Convención de La Habana, sólo es vetada a las personas acusadas o condenadas por delitos comunes y a desertores de tierra y mar. Si Gutiérrez es corrupto, cometió crímenes comunes, que sea sometido a proceso judicial, condenado y requerida su extradición a Brasil. Brasil no tiene la práctica de reconocer formalmente todos los gobiernos que se instalan en un país. Las relaciones diplomáticas son establecidas y mantenidas entre Estados. En caso de que Brasil no quiera reconocer un gobierno, retira su embajador y toma las medidas que juzgue necesarias. También Brasil, contrariamente a lo que escribió el periodista argentino Horacio Verbitsky, no “pretende conducir todo lo que suceda en América del Sur”, ni busca, mucho menos, establecer ningún tipo de hegemonía. Sin embargo, se quiera o no, Brasil es una potencia regional, dada su enorme dimensión territorial, población y economía y, además, tiene fronteras con todos los países de América del Sur, excepto Chile y Ecuador, con el cual, sin embargo, comparte la región de la Amazonia, región estratégica, a cuya defensa presta cada vez más atención. Quiérase o no, Brasil está involucrado en todos los acontecimientos de los siete países (Bolivia, Ecuador, Perú, Colombia, Venezuela, Guayana y Suriname), con los cuales comparte la Amazonia y tiene la preocupación de contribuir para mantener la estabilidad política, económica y social del sub-continente, con su acción diplomática. Este no es el caso de Argentina. Lo que sobretodo parece envenenar sus relaciones con Brasil, es su deseo de de un banca como miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU. Una ilusión. Si hubiese reforma, probablemente será por la fórmula que aumenta el número de miembros permanentes y Brasil es el candidato obvio, apoyado ya por cuatro de los actuales permanentes, además de la mayoría significativa de miembros de las Naciones Unidas. Muy difícilmente se elegirá el sistema de rotatividad, como defiende Argentina. Y, aunque fuese adoptado, cabría a Brasil la rotatividad no con Argentina, sino, aunque muy remotamente, con Méjico, que, por lo menos, posee casi tres veces la población y más del doble del PBI argentinos. Y, aunque esté lejos de Dios, está cerca de los Estados Unidos. Traducido para LA ONDA DIGITAL por Cristina Iriarte
Otras notas del
autor: *Luiz Alberto Moniz Bandeira cientista político, profesor titular (aposentado) de la Universidade de Brasília autor de várias obras, entre ellas: A Reunificação da Alemanha: do ideal socialista ao socialismo global, De Marti a Fidel: a Revolução Cubana e a América Latina e Conflito e integração na América do Sul – Brasil, Argentina e Estados Unidos (Da Tríplice Aliança ao Mercosul). LA ONDA® DIGITAL |
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