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A partir de ahora....
El Uruguay del siglo XXI

por Héctor Valle

Elecciones Municipales: La izquierda ganó 8, 7 intendencias por primera vez, Partido Nacional 10, Partido Colorado 1, radical cambio en el mapa político uruguayo

- Este es, a no dudar, un momento de reflexión.

Es la hora clave donde la inflexión se da cita en la historia del Uruguay y un nuevo fenómeno político cobra vida: la izquierda ha tomado cuenta, democrática y limpiamente, del poder en este país, a través del sufragio, tanto en lo nacional como en varios departamentos, además de repetir la conquista de Montevideo.

En estos próximos cinco años, pues, un modelo irá emergiendo junto con la experiencia de cuadros de gobierno que hoy apenas asoman en un primer intento no exento de errores y algunas improvisaciones, propios de una fuerza política que jamás se tuteó con el poder central.

Asimismo, convengamos, un nuevo bipartidismo acaba de nacer por imperio de la defección de los partidos tradicionales, uno que amenaza desaparecer como tal, el llamado Colorado, en tanto el Partido Nacional, pese a contar con hombres y mujeres de real valía, no pudo, al estar de las tensiones entre los grupos de mayor peso específico en el mismo, ofertar de mejor forma el propio caudal que, igualmente, permanece a la espera de un mejor momento.

Por su parte, el Partido de gobierno, Frente Amplio-Encuentro Progresista, tiene ante sí desafíos tan vastos como profundos en responsabilidad práctica y cotidiana para con el país todo y en perspectiva histórica para con aquellos que dieron cabida al hoy triunfante conglomerado político.

Desafíos estos que tendrán que tutearse con lo absurdo del cotidiano vivir cual es la praxis misma de la labor de gobierno, con ideales plasmados en libros y folletos y sustentados, con no poca heroicidad en tiempos oscuros por hombres y mujeres comprendidos en los diversos grupos ideológicos que lo componen, al arbitrio de la administración de lo posible, ese otro nombre para la acción rutinaria del poder que, si no se renueva en ideas y personas, aquellas para traer mejores perspectivas y estas para alternar y dar sentido al proyecto en camino, podrá no ya naufragar sino, lo que sería mucho peor, perder sentido histórico y práctico, algo nefasto antes que para el propio partido, para la sociedad uruguaya en su conjunto.

Así, pues, ha comenzado un nuevo tiempo político en el Uruguay y con él van nuestras expectativas y nuestros más caros anhelos, independientemente del matiz ideológico que a cada uno de nosotros nos marque o signe.

La realidad es, o creo que es, mejor dicho, algo que está antes que nosotros y a pesar de nosotros pero a la que nunca podemos, o frente a la cual nunca podemos alegar, esto sí, lo remarco, ni indiferencia y menos aun, prescindencia.

La realidad nos convoca, hoy como nunca, a asumir nuestras responsabilidades societarias, nuestro compromiso como personas que en la esfera de lo público debemos brindar lo mejor en aras de una corresponsabilidad entre todos que permita que este país, salvajemente postrado por las hordas mafiosas que lo vaciaron de dineros y de haciendas, pueda siquiera atisbar a un mañana mejor, medido tal mañana en lustros, para las próximas generaciones que no la nuestra, por cierto.

Y es que debemos hablar claro.

Vivimos en un país altamente hipócrita, donde un porcentaje importante de su población vive extramuros; donde hemos asistido a una fiesta desenfrenada de corrupción y alienación tan bochornosa como patológica en los últimos lustros; donde de cada tres embarazos uno termina en aborto clandestino, y, entre tanta hipocresía dable de observar en diferentes actores sociales, un hombre, un hombre común, un ciudadano más entre ciudadanos y ciudadanas de una misma Nación, por más encumbrado que esté, se golpea el pecho diciendo “yo respeto la vida” y otro lo bendice, mirando a Roma, en tanto se torpedean salidas serias en materia de políticas en salud reproductiva silenciando voces y entorpeciendo procedimientos varios en la materia; donde hay un diez por ciento de su población que será irremediablemente pobre, más allá de cualquier política social que se aplique; donde la droga va tomando día a día mayores capas de población, a la vez que asentándose, a través del mercadeo de la muerte, en los sectores socialmente más pobres; donde la educación ha pasado a ser, en la más tierna infancia, la mera, pero vital, posibilidad de tomar un vaso de leche; donde la enseñanza media se mide en fotocopias y se enajena al libro; donde la política es vista como tarea ajena con algo que le compete a otros, dando paso así a que esos otros sean de la peor calaña al tiempo que la renuncia a la responsabilidad quita sentido democrático a una sociedad; donde la tarea de un secretario de Estado, en materia económica, en vez de propender a un renacer productivo del país, ensaya más de lo mismo en el maquillaje de los grandes números; donde las prebendas son lo permanente o fueron, queremos pensarlo; donde aun nos preguntamos dónde estarán enterrados nuestros muertos....

El Uruguay, convengamos, es un país joven, miremos nuestra historia para comprobarlo sin muchas discrepancias.

Tenemos, entonces, posibilidades ciertas de madurar, con responsabilidad y en valores éticos, en tanto en cuanto todos y cada uno de nosotros busquemos, verdaderamente, un cambio cualitativo, un cambio en el sentido de la ética, un cambio en el sentido del humanismo, un cambio en serio.

No podemos talentear, no lo debemos hacer, porque es inmoral, ya bastante dejamos que otros lo hicieran por nosotros, porque nosotros los dejamos, recordémoslo una vez más.

Tenemos un Presidente determinado a conducir a este país a nuevos y mejores rumbos, hermanado con naciones de la región, en ideales y en políticas específicas. Tenemos un Parlamento que dice estar a la altura de los acontecimientos y buscará, así lo expresaron, dotar al Uruguay de una caja de resonancia donde expresarse y dirimir, más y mejor, las cuestiones esenciales a una sociedad que pretende crecer en dignidad y en libertad.

Tenemos un Poder Judicial que, a poco que le se le dé, efectivamente, independencia, de la cual hoy, prácticamente, carece –y hablo de rubros específicos que le permitan equiparse tanto en hombres y mujeres idóneos como aggiornar la tipificación de delitos a la época en que vivimos- y que merece todo nuestro respaldo pero también toda nuestra atención para con un funcionamiento tan transparente como efectivo.

Y nos tenemos a nosotros mismos. Y a nuestra conciencia. Que ella, la conciencia moral, nos juzgue y permita continuar esta marcha que hoy se renueva y busca, en lo ancho de nuestro horizonte, y ahora vuelvo al horizonte que viera Artigas, al de los “americanos del Sur”, preanunciar un mañana con sentido, con vida buena, no solamente, reitero, para la vida dentro de la madre sino para la vida toda, porque pensamos en los niños, en nuestros niños y en nuestras niñas.

La vida, como expresión primera del anhelo del hombre, tiene sentido sin que medie una espacialidad que la limite. Por ello, las categorías del “adentro” y del “afuera”, son apenas esquemas limitativos y políticas hipócritas en tanto no privilegiemos el apagar un llanto con una sonrisa, con un vaso de leche y con la narración de un oportuno cuento, que ilustre y a la vez enseñe, mientras que, acariciando a ese niño, miremos juntos al horizonte y una sonrisa nazca en los labios de ambos, porque un Uruguay pleno de sentido ético ha vuelto a nacer.

En este nuevo tiempo que hoy comienza, tenemos por delante, gobierno y oposición, en sus diversas expresiones ideológicas y operativas, bien como el conjunto social todo, porque lo sociopolítico nos comprende a todos, la posibilidad efectiva de cambiar para bien la vida de este país. Y es de recibo preguntarse el cómo lograrlo.

Apenas es necesario visitar nuestra voz interior, recordar nuestra conciencia moral.

Luego laborar en pos de lo mejor para todos, junto con todos, sin beligerancias, que no impide sino favorece la coexistencia pacífica, con las lógicas disonancias en pareceres y medidas a tomar, pero con un tono social que diga de una Nación que va por un mañana mejor, repito que en dignidad y en realizaciones materiales también, para con todos sus habitantes, hombres y mujeres de una patria superior, de una patria más vasta y a la que debemos aproximarnos sin que medie tregua alguna: la Patria Grande.

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