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Miguel Insulza, es el triunfo de
una idea, de una esperanza, hacer
de la OEA un ente útil
Finalmente el 2
de mayo la OEA eligió al chileno
José Miguel Insulza como nuevo Secretario General
Electo Para el presidente de Chile Ricardo Lagos:
"El triunfo de Insulza no es el triunfo de un país, es el
triunfo de una idea, de una esperanza, de hacer de la
Organización de Estados Americanos (OEA) un ente útil al
desarrollo de todos nuestros pueblos".
El resultado de la votación dio como ganador a Insulza con 31
votos a favor, dos abstenciones (Bolivia y Perú) y un voto en
blanco. La reunión estuvo precedida Ministro de Relaciones
Exteriores de Panamá, Samuel Lewis Navarro, quien auguró a
Insulza, en nombre de todos los Estados miembros, sus deseos de
éxito a favor de la unión americana. Al aceptar y agradecer su
elección, el Secretario General Electo convocó a los países de
las Américas a aprovechar la “oportunidad para reforzar la OEA,
para fortalecerla como espacio de concreción de los valores
democráticos y de cautela de los diversos intereses del
hemisferio”.
Por su parte el presidente de Cuba Dr. Fidel
Castro
leyó una declaración de Insulza a la prensa en la
que subrayó que la OEA trabajaría por promover un progreso
importante en materia de democracia y derechos humanos,
inclusive en países como Cuba, que no integra el foro
interamericano por haber sido expulsada en 1962.
"Para que meterse a
decir estas basuras que no estamos dispuestos a tolerar",
agregando "El muy bobito se ha creído que tiene derechos
a meterse aquí (..) Será para darle las gracias a la señorita
(secretaria de Estado estadounidense Condoleezza) Rice y al
caballerito (subsecretario adjunto del Departamento de Estado
Roger) Noriega" por facilitar su elección en la OEA, añadió el
gobernante cubano.
Discurso
completo de José Miguel Insulza
al asumir como nuevo secretario de la OEA
“Agradezco profundamente la distinción que me han concedido al
elegirme como nuevo Secretario General de la Organización de los
Estados Americanos.
Quiero expresar mi gratitud a los Estados miembros que
compartieron mi propuesta programática desde el comienzo y
aquellos que con generosidad se sumaron a la amplia votación
alcanzada, que es reflejo de lo que la región y la OEA
necesitan.
Deseo también agradecerle a Ud. los esfuerzos que, como
presidente de la Asamblea, ha efectuado.
A mis hermanos bolivianos, quiero asegurarles que en mis
acciones como Secretario General nunca haré nada que pueda
perjudicar objetiva o subjetivamente sus intereses. Manifiesto
mi esperanza de que los problemas que han dividido a Chile y
Bolivia, dos países cercanos con un destino común, puedan
resolverse a través del diálogo para beneficio mutuo.
Agradezco al Presidente Ricardo Lagos la confianza que me otorgó
al presentarme como candidato de Chile para ocupar tan alto
cargo. No puedo dejar de mencionar también a todas las fuerzas
representativas de mi país que dieron su apoyo a esta
postulación para asumir responsabilidades y obligaciones en la
común tarea hemisférica.
Reitero al Presidente de México, y especialmente al Secretario
de Relaciones Exteriores señor Luis Ernesto Derbez, mi
agradecimiento por su decisivo gesto en beneficio de la unidad
hemisférica. Ello demuestra, una vez más, el compromiso
interamericano del noble pueblo mexicano, al cual me unen los
sentimientos y vínculos más profundos.
Quiero también expresar mi especial reconocimiento al Secretario
General Adjunto Embajador y amigo Luigi Einaudi y a todos los
funcionarios de esta Secretaría, por el trabajo realizado en la
Organización, particularmente en este crítico periodo.
Hace tres meses, cuando tuve la oportunidad de exponer algunas
ideas ante el Consejo Permanente, señalé que mi principal
preocupación era empeñarme en que esta Organización fortaleciera
su relevancia política y su capacidad de acción.
Dije que una OEA efectiva debía constituir un espacio de
expresión y movilización de los intereses de sus todos Estados
miembros y de las sociedades que éstos representan. Señalé,
igualmente, que debía existir una clara coherencia sobre la base
de los principios que compartimos: la consolidación de una
cultura democrática y el reforzamiento de la gobernabilidad; La
promoción y protección de los derechos humanos, civiles y
políticos, económicos, sociales y culturales; el desarrollo
integral y la seguridad multidimensional.
Hoy quiero renovar este compromiso con el fortalecimiento de la
OEA y con su vocación de integración hemisférica. Aspiro a que
ese sea el espíritu que guíe, tanto a los Estados miembros como
a la Secretaría, para abordar, con sentido realista, la
coyuntura y las necesidades regionales, así como también las
demandas ciudadanas.
Tengo claro que la Organización vive un momento complejo. Sin un
apoyo político de todos sus miembros, es difícil pensar en una
revitalización, en iniciar una nueva etapa, en tener la
capacidad de priorizar y focalizar nuestro trabajo. Ello implica
también abordar con realismo el déficit presupuestario crónico
que afecta a nuestra Organización.
Debemos ser capaces de forjar los consensos que nos permitan
superar la equivocada percepción de irrelevancia que perjudica
nuestro esfuerzo hemisférico. Estoy convencido de que la OEA
tiene un papel clave que jugar en el establecimiento de reglas
que conduzcan un mundo global hacia formas más justas y maduras
de integración, proyectando una perspectiva regional rica en su
diversidad.
Contamos para ello, en nuestro Sistema Interamericano, con un
acervo importante de instrumentos que deben ser aprovechados
para reforzar la gobernabilidad y promover el desarrollo social
con pleno respeto de la dignidad humana.
Tengo la convicción que para hacernos cargo de los desafíos que
nos impone la agenda del Siglo XXI, es fundamental renovar el
compromiso colectivo con los principios y valores consagrados en
la Carta de la Organización.
Esta es la convocatoria que les hago hoy. Los llamo a hacer del
momento en que vivimos, una oportunidad para reforzar la OEA,
para fortalecerla como espacio de concreción de los valores
democráticos y de cautela de los diversos intereses del
hemisferio.
Los pueblos de las Américas tienen derecho a la democracia y los
gobiernos tienen la obligación de generar las condiciones de
gobernabilidad y ejercer su mandato de manera también
democrática. Es indispensable garantizar el pleno respeto de los
derechos fundamentales de los ciudadanos, el Estado de Derecho,
las libertades públicas, el respeto por las minorías y las
instituciones del sistema democrático. Sólo así se podrá
promover efectivamente el desarrollo social, político, económico
y cultural que nuestras naciones merecen.
Es imperativo que los compromisos asumidos en la Carta
Democrática Interamericana se cumplan integralmente. La OEA debe
tener una capacidad de conducción que la habilite para anticipar
las crisis que surjan, en sus múltiples dimensiones y causas;
para actuar cuando éstas ya se han desencadenado y acompañar los
procesos de rehabilitación institucional y recuperación
democrática. Si no abordamos en forma sustantiva este tema,
seguirá latente el riesgo de inestabilidad y persistirán las
debilidades estructurales que nos hacen vulnerables al
populismo, al autoritarismo y a la indiferencia ciudadana.
Si aspiramos a una OEA con relevancia, debemos privilegiar la
misión de este organismo que nos reúne a todos.
Pondré mi trabajo y experiencia al servicio de los Estados
miembros. La OEA debe tener en cuenta los intereses de todos sus
integrantes y atender particularmente las prioridades de los
países más pequeños. Debemos contribuir eficazmente, mediante el
diálogo y la cooperación, a construir un futuro con más
democracia, crecimiento, integración social, libertad y
diversidad cultural.
Esta es una tarea política y estoy convencido de que la OEA
tiene las condiciones, las capacidades y la convocatoria para
enfrentarla con éxito.
Yo pido a todos los Estados miembros que le demos a esta
Organización un lugar en los sueños y esperanzas de los pueblos
de las Américas.
LA
ONDA®
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