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Las disputas en el peronismo
Este factor se evidenció nítidamente en la crítica del canciller Rafael Bielsa a la Comunidad Sudamericana de Naciones. La prioridad, dijo el, es el MERCOSUR y no se puede pretender “saltar 2,10 mts. cuando no se llegó a salta 1,40 mts.” Y agregó: “Tenemos un déficit institucional en el MERCOSUR que nos parece que está como prioridad para solucionarse antes de dar instituciones a la Comunidad Sudamericana”. Hay un déficit institucional en el MERCOSUR, pero la tarea de solucionarlo no impide que el MERCOSUR se torne el núcleo fundamental de una Comunidad Sudamericana de Naciones. La idea de constituir esta unión estaba en gestación desde el gobierno del presidente Itamar Franco (1992-1995). En aquel momento, se comenzaron a tejer con los demás países de América del Sur acuerdos comerciales, para formar el Área de Libre Comercio de América del Sur (ALCSA). A pesar de que después no se mencionase más el nombre, el gobierno de Fernando Enrique Cardoso dio continuidad a las negociaciones y culminó por convocar a una reunión de los presidentes de América del Sur, en Brasilia, en el año 2000. Brasil tiene una política exterior que evoluciona, se transforma, sin embargo mantiene su continuidad. El embajador Celso Amorim, al volver a la función de canciller, en 2003, enfatizó el proyecto de la unión sudamericana, a fin de dar un carácter político al MERCOSUR (Mercado Común del Sur) – nombre que reflejó el espíritu meramente comercial y libre cambista, predominante en el tiempo de los gobiernos de Fernando Collor de Melo y Carlos Menem – y aumentar su poder de trueque en las negociaciones internacionales. La idea de formar la Comunidad Sudamericana de Naciones, que ser formalizó en la cúpula presidencial de Cuzco (2004), fue, sin embargo, lanzada públicamente por Eduardo Duhalde, como presidente del Consejo de Representantes Permanentes junto al MERCOSUR, cargo para el cual fuera escogido por indicación de Kirchner, que intentó, así, apartarlo de la política interna de Argentina. Esta maniobra falló. Duhalde continúa involucrado en la política interna y Kirchner se imagina que él se convirtió en “útil instrumento de Itamaraty” contra las posiciones de la chancillería argentina. Esta sospecha no tiene fundamento, como no la tienen los alegatos explicitados para justificar la actitud de Argentina. El canciller Bielsa criticó el hecho de que Brasil haya lanzado la candidatura del embajador Luiz Felipe de Seixas Corrêa a la dirección de la OMC, contra el candidato de Uruguay, el embajador Carlos Pérez del Castillo, con el cual Argentina estaba comprometida. Sucede que el ex-presidente de Uruguay, Jorge Batlle, que siempre le hizo el juego a los Estados Unidos contra el MERCOSUR, habría lanzado la candidatura de Carlos Pérez del Castillo sin consultar a Brasil. Asimismo, Argentina se habría comprometido a apoyarlo, sin oír ni acordar con Brasil. El gobierno del presidente Tabaré Vázquez, por motivos de política interna, no podía retirar la candidatura de Pérez del Castillo, pero Brasil, al no ser consultado por ninguno de los dos países, no se sintió obligado a apoyarla y lanzó el nombre de Seixas Corrêa. Otra crítica fue la supuesta falta de apoyo de Brasil a la Argentina en el FMI. El canciller Bielsa no se acuerda que Brasil, en el gobierno de FHC, se manifestó a favor de Argentina, cuando ocurrió el default, al contrario de los EE.UU., que la repudiaron, a pesar de las “relaciones carnales”, de haber enviado navíos a la Guerra del Golfo y de convertirse en socia de la OTAN. Sin embargo, aunque quiera el apoyo en el FMI y un tratamiento diferenciado en el MERCOSUR, Argentina se opone a que Brasil obtenga un asiento como miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU, cuando no hay chance de que ella pueda venir a ocuparlo, aunque se instituya la rotatividad (hipótesis muy remota). Como dijo el profesor argentino Aníbal Jozami, rector de la Universidad 13 de Febrero, Argentina no puede jugar políticamente el protagonismo con Brasil, que tiene un peso económico y político que ella no posee. Es preciso ser realista. Argentina es un país importante en América del Sur, un gran país, con un pueblo culto y emprendedor. No obstante, ya no es más una potencia regional. Y Brasil no fue el responsable de su decadencia. Este ocurrió debido a varios factores, entre otros, la política de sus gobernantes, de las dictaduras militares hasta Carlos Menem, que destruyeron la industria, con la teoría de las “ventajas comparativas”, “relaciones carnales”, “realismo periférico”, procurando reconstituir con los EE.UU. el tipo de relaciones que Argentina tuviera con Gran Bretaña, especie de quinto dominio. Argentina, desde la década de los 90, tuvo constantemente saldos positivos en su comercio con Brasil. Sólo en 2003, sufrió un pequeño déficit de u$s 36 millones y, en 2004, de u$s 1,1 billones. Ningún país puede tener siempre superávit en el comercio con otro. Así es la balanza comercial. Mientras tanto, Argentina crea fricciones con Brasil, su mejor socio comercial y aliado estratégico, fricciones que son explotadas, a través de intrigas, por los que quieren dividir y debilitar el MERCOSUR e, al generar intermitentes tensiones en sus relaciones bilaterales, proyecta no sólo en la Unión Europea sino también en los EE.UU., la imagen de un país diplomáticamente inmaduro, sin política exterior coherente y consecuente, una vez que su orientación siempre oscila de acuerdo a los “humores buenos o malos del gobierno”, como bien observa el periodista Oscar Raúl Cardoso. Traducido para LA ONDA DIGITAL por Cristina Iriarte LA ONDA® DIGITAL |
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