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Argentina
- Brasil
En primer lugar, la distancia en Eurasia y América del Norte, que en general implica seguridad, aislamiento, independencia, flexibilidad y continuidad en la política de Itamaraty, no lo representa en el diálogo de Washington con el Palacio San Martín y, marcadamente por el resto de las cancillerías de la región, con cierta excepción de Chile luego del largo periodo de la dictadura de Pinochet., país éste que ha tomado caminos más independientes. En segundo lugar, Brasil mantiene una política exterior orientada geopolíticamente, caracterizada por ser típicamente cautelosa, moderada y capitalista, a pesar de estar actualmente por un gobierno de tendencia socialista. Esta perspectiva, creo, refleja en gran parte la tradición geopolítica del país, nacida desde la llegada del Imperio Portugués al territorio continental sudamericano, que tuvo como resultado equilibrar cuidadosamente las ventajas y riesgos debidos a su ubicación y recursos. En tercer lugar, con el largo tiempo y posterior cambio del Imperio de manos de Portugal del de Brasil, los diplomáticos que conformaron el cuerpo armónico de Itamaraty, acentuaron un consenso entre las líneas geopolíticas en lo que a política exterior se refiere -en parte debido a los éxitos de su expansionismo histórico, sumado a las contribuciones de los teóricos geopolíticos en la toma de decisiones de seguridad y desarrollo. Siete tratados importantes, desde aquel de Tordesillas de 1494 hasta los celebrados con TODOS sus vecinos, comenzando con Uruguay en 1851, colmaron sus ansias de adquisición de buenos y ricos territorios. Se debe anotar que con la excepción de la Guerra de la Triple Alianza, cruel enfrentamiento acompañado por Argentina y el Uruguay del Gral. Flores, todas las ganancias territoriales (aproximadamente 830.000 kilómetros cuadrados), se lograron por acuerdos diplomáticos, firmados en la gran mesa que usara el Barón de Río Branco y que se contempla en uno de los principales salones de Itamaraty en Brasilia.
La coyuntura
actual Todo ello hace aparecer a Brasil como líder de la región, sin descuidar considerar al gobierno de Brasilia como estabilizador e integrador en los asuntos del Cono Sur, al analizar las reglas de juego regionales, que muchas veces son motivo de disensos que América del Sur ha presentado y presenta en sus organismos creados, entusiastamente a favor de la integración continental; que por uno u otro motivo, cualquiera de ellos por la prepotencia provocadora del Imperio Gigante del Norte, sea por la la idea hegemónica del ALCA, o bien a raíz de la elección del Secretario de la OEA, vinculada a la designación del Secretario General de la Organización Mundial del Comercio (actuación reciente de la Sra. Condolezza Rice) , impide alcanzar un consenso regional, pues el permanente objetivo de Washington ha sido -y lo sigue siendo- dividir internamente posibles bloques de poder económico y político, mediante sutiles juegos por disputas de poder. Así ocurrió con las ideas unificadoras planteadas por Artigas, Bolívar, Vasconcello, Vargas, Perón, Gral. Ibáñez del Campo, y tantos otros, que en el correr de dos siglos alcanzaron el fracaso estratégicamente planteado por el Imperio. “Actualmente, Brasil desde Itamaraty aparece como el diseñador primario de las reglas de juego regionales, como garante de la integridad territorial y opositor a todo tipo de conflictos que se susciten con los países del área”. Personalmente discrepo con el informe cuando en su letra expresa::”Brasil desarrolla una fuerte política de integración de toda América del Sur (la alianza MERCOSUR-Comunidad Andina) a la vez que pese a sus graves problemas internos, se halla en busca de su recuperación y desarrollo nacional. En este papel enfatiza los proyectos de conexión, en especial en la Cuenca Amazónica y también en la del Plata siempre y cuando respondan a redes Este-Oeste que no converjan en el Rio de la Plata”. En disenso se plantea con el papel que debe integrar Uruguay y la Argentina platense, en el marco pleno del Cono Sur. El informe contradice las expresiones del presidente Lula da Silva, pronunciadas el 1º de enero de 2001 al asumir en el Planalto, ante la Asamblea Legislativa la presidencia de Brasil: “ Lograr una América del Sur políticamente estable, próspera y unidad por ideales democráticos y de justicia social”. Al marginar la importancia geopolítica del río de la Plata, (vieja aspiración geopolítica desde las épocas de la Colonia de Sacramento y luego la Cisplatina) la alianza estratégica con Argentina se ve disminuida; una alianza con matices diferenciados a los que Enrique Fernando Cardoso estructura en sus mandatos. Argentina, a la vez, debe presentar una política externa -y más aún interna- para que pueda ser considerada como un actor confiable con voz dispuesta al diálogo firme, sincero, sin variaciones en el tiempo, ni manteniendo como actuales, actitudes superadas en las páginas de la historia. Uruguay bien conoce la historia de “hermanos” Paraguay también.
¿Brasil como
candidato de gran potencia? El papel de Brasil debe desarrollarse primero, indudablemente, en el Cono Sur, por lo cual en su agenda de objetivos debe figurar diseñar una política que contemple un entendimiento estratégico firme, consolidado, sin fisuras, con Argentina para luego, ambos países y la sociedad que pueda establecer el MERCOSUR con el CAN convertir a América del Sur en un respetable polo de desarrollo a nivel internacional. El asiento al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, es un tema que podrá traer prestigio, pero no para soldar una integración socio-político-económica a favor de los pueblos sudamericanos. Lo primero, es lo primer, y los primero son los pueblos. Entre el disenso y el consenso argentino-brasileño, figuran varios escenarios: el ALCA divergente al MERCOSUR;, la reciente crisis ecuatoriana; la presidencia de la utopía de la Comunidad Sudasmericana (que la ansía Duahalde); en la OMC Pérez del Castillo-Lamy ; Estados Unidos aceptó el programa nuclear brasileño y observa con cuidado las fisuras en el frente político interno de Argentina; Kirschner mantiene buenas relaciones con el gobierno de Caracas, pese a la presión de la “derecha” argentina y, en tanto Brasil que no tiene acuerdo militar con Estados Unidos -al decir de Lula- en este asunto “no somos el chico de los mandados”. La Triple Frontera” es otro tema relativamente prioritario en la agenda de Washington, que integra el juego estratégico de Estados Unidos referido a América del Sur. Más que por el supuesto asiento terrorista lo que realmente le importa, (como en el Amazonas al norte y en la Patagonia al sur), es la explotación, administración y control de la rica cuenca acuífera que, con el “Guaraní” y el “Raigón” incluye a Uruguay. Entre disensos y consensos, Paraguay y Uruguay son convidados de `piedra. en este tablero regional, tan ligado a intereses internacionales. Es de esperar que la reunión de Brasilia entre los máximos jerarcas del mundo árabe y los cancilleres de América del Sur, que en estos momentos se está realizando, abra un frente romisor. Y a esperar, no muchos años, el mercado asiático. Europa, como Estados Unidos, al redactar su nueva constitución europea, comenzó a delinear un neocolonialismo, aunque más moderno o más disimulado. LA ONDA® DIGITAL |
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