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En Uruguay hubo una revolución,
sobre la que se empieza a escribir

por Raúl Morales

La izquierda uruguaya acaba de tener un resultado excelente en las elecciones municipales del pasado 8 de mayo: ganó ocho de 19 Intendencias. Esto ocurrió 15 años después de que el Frente Amplio ganara, por primera vez la Intendencia de Montevideo, y siete meses después de llevarse el triunfo en las elecciones nacionales.

A un observador extranjero quizás esto no lo impacte, dado que en muchos países democráticos es común que el partido que gane las elecciones nacionales, también sea el vencedor en elecciones municipales. Pero en Uruguay la historia es otra y por ello es otra la significación.

En las elecciones nacionales de octubre de 1999, cuando la izquierda se transformó en la primera fuerza política del país – en noviembre perdió el gobierno en un balotaje- solo pudo triunfar en Montevideo, perdiendo en departamentos (provincias) donde había ganado en la primera vuela de los comicios nacionales.

Esta realidad no hacía más que mostrar a una izquierda eminentemente urbana y montevideana. Incluso indicaba que la fuerza política presentaba un desarrollo desigual. Hoy, luego de las elecciones del primer domingo de mayo, la izquierda se presenta como una fuerza mucho más homogénea y con dirigentes departamentales y locales de fuerte arraigo en sus comarcas.

Caras nuevas
A la vez, junto a esta nueva situación, la fuerza política logra renovar sus cuadros dirigentes, cosa que desde el retorno de la democracia en 1985 no ocurría. Renovación que no se produce por causa de crisis internas de los sectores que la componen, como ocurrió en 1992 con la fractura del Partido Comunista, sino por el surgimiento de líderes naturales.

Incluso que ya se esté hablando de que el futuro intendente de Canelones, el doctor Marcos Carámbula, puede ser uno de los aspirantes a la Presidencia de la República en 2009, está indicando que la actual dirigencia comienza a perder presencia.

A la vez importa destacar el origen social y profesional de los nuevos intendentes. Dos de ellos son maestros – Ramón Fonticella (Salto) y Juan Giachetto (Florida)-, dos son médicos- Marcos Carámbula (Canelones) y Gerardo Amaral, también hay un científico, el doctor Ricardo Ehrlich (Montevideo), dos productores – Nino Pintos (Paysandú) y Artigas Barrios (Rocha) y un obrero, el pintor de obras Oscar de los Santos (Maldonado), cuya elección hace saltar a la clase obrera del escenario sindical y la coloca al mando de la sociedad.

Estamos ante un cuadro multicolor que expresa la riqueza social de la fuerza política, demostrando que no solo es la expresión de una variedad política muy rica, sino que se está ante una organización policlasista, muy identificada con el Uruguay productivo que se propone el gobierno del doctor Tabaré Vázquez.

Este significativo cambio político, electoral, social y de liderazgos, se pondrá a prueba en la acción de gobernar. Si la experiencia es exitosa, se puede afirmar que hay izquierda para rato en este pequeño país del sur de América. Si fracaso llegara, el destino del Uruguay será incierto, no solo porque no aparecen fuerzas alternativas serias, sino también porque la construcción histórica de esta fuerza política estaría gritando que los uruguayos no pudieron cumplir con sus sueños. Que todo sea para bien: en la previa las posibilidades de éxito son muchas. Pero los partidos se juegan en la cancha y no en el mundo de los deseos.

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