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¿100 Días o cinco años?
Desafíos, retos y riesgos para el gobierno
por Carlos Zapiola
Si nos preguntamos como
hizo la izquierda para lograr ser la mayoría absoluta del país debemos
repasar su historia. Y no podemos escribir de la de los últimos treinta
y cinco años, quizás se pueda hacerlo sobre más de cien, y quien fue el
primero que imaginó que eso fuera posible en Uruguay es creíble que
nunca se haya dado cuenta que integraba la corriente del progresismo en
el país.
Porque en verdad ¿gobierna la izquierda, el progresismo, el Encuentro
Progresista – Frente Amplio – Nueva Mayoría o todo mezclado en parte
bajo este lema y en algún sentido sin bandera?.
Ponerle fecha al crecimiento de la izquierda es como querer ponerle la
cola al burro en los cumpleaños de niños, quizás como intentar sacarse
el 5 de Oro o ganar en el Casino. Al menos en estos casos se sabe que se
gana dinero. El otro es un trabajo dialéctico, de resultado discutible y
al que nunca adherirán todos los que se pongan en el camino de la
discusión.
La Concertación, la forma elegida para la salida de la dictadura y la
resistencia a la misma, muchas veces ha sido ya estudiada y tampoco se
ha logrado un acuerdo sobre qué fue lo mejor, si el Pacto del Club
Naval, esperar un par de años más para lograr el debilitamiento real de
los militares en el poder –que mantenían fuerza explica la Ley de la
Pretensión Punitiva del Estado aprobada recién en diciembre del 86, casi
dos años después de la asunción de Julio María Sanguinetti como
Presidente constitucional por primera vez.
Negociar o concertar fue un dilema, como si parte de una concertación no
conllevase implícitamente una etapa de negociación en la que se logran
cosas y otras se dejan por el camino.
Los partidos no actuaron monolíticamente ante la Dictadura y tampoco
compartieron la forma que se encontró al buscar la salida. Dentro de los
mismos partidos había políticos más dispuestos a lograr que los
militares abandonaran el gobierno, así eso costase una elección con
proscripciones o a pesar de reconocer que ese era el costo. Además buena
parte de la dirigencia del Frente Amplio estaba fuera del país, otros
presos, y hasta algún partido fundador apartado del mismo desde varios
años antes. Existía Convergencia Democrática y aunque luego su
importancia fue relativizada y hasta casi ignorada por alguno de sus más
conspicuos integrantes, el hecho no desmerece en modo alguno la
actividad que la misma cumplió fuera de fronteras.
Los de afuera son de palo pero opinan, se pudo decir en determinado
momento, cuando la información era muy fragmentaria, las reuniones
políticas semi o sin semi clandestinas, y los logros que se conseguían
eran de mucho peso pero de escaso alcance temporal. La derrota del Sí a
la nueva Constitución en 1980 cambió todos los planes de los militares,
pero lograr una elección de autoridades de partidos, con TODO el Frente
Amplio proscrito y con un llamado al voto en blanco para marcar
presencia que no surgió en San José y Yí de la pluma de Seregni, sino
que éste se suma a lo que se vivía en muchas de esas reuniones fuera de
su temporal lugar de habitación forzada, costó dos años. Y el resultado
electoral había sido aplastante.
Los partidos tradicionales más tradicionales que nunca hasta se
regocijaron en nota escrita en El Diario de la Noche por el hoy extinto
ex senador Luis Bernardo Pozzolo que decía poco después del 28 de
noviembre de 1982 que el Frente Amplio, con su escaso 6 % de votos en
blanco había desaparecido para siempre y que el bipartidismo se había
vuelto a instalar en Uruguay.
Aún hoy algunos sesudos analistas sostienen que entre 1971 y 1984 no
pasó nada con el crecimiento de la izquierda, ya que de 18 solamente
pasó al 21 % entre una y otra elección, dejando de lado expresamente esa
magra votación de 1982, producto entre otros factores, del llamado de
algunas fuerzas frentistas a apoyar candidatos blancos y colorados y de
la tendencia del uruguayo de votar a alguien, aunque no los represente
cabalmente, en vez de hacerlo en blanco, que era automarginarse en buena
medida de las futuras negociaciones.
El fracaso de los modelos políticos y económicos que gobernaron el país
desde 1985 hizo que hubiera alternancia de partidos en la Presidencia, y
de sectores dentro del coloradismo en los dos últimos períodos. No
entraremos aquí a estudiar en profundidad cuáles fueron los errores
cometidos, pero el crecimiento de la pobreza y la marginalidad se hizo
ostensible, y la necesidad de implementar un plan como el PANES en el
día de hoy exime de mayores comentarios.
El Uruguay en muchos lugares y pensamientos quedó estancado en la década
del 50. Y el fracaso de la guerrilla y los frentes no amplios entra en
esa misma lógica. No se entendía el país, a los ciudadanos en su
comportamiento electoral ni lograba armarse una estructura que englobara
a la mayoría de la población. La reforma de 1996 complicó el acceso a la
Presidencia de la izquierda ya que le obligaba a ser mayoría absoluta en
una elección, ya fuera en primera como en segunda vuelta. Pero el mayor
fracaso sufrido por los partidos tradicionales estuvo en estos años en
no saber como conseguir figuras de recambio con peso real y capacidad de
estadista, una vez que los anteriores dejaron de ser creíbles para la
mayoría de los ciudadanos.
La felicidad que embargó al pueblo que votó a Tabaré Vázquez fue similar
en grandes números a la tristeza y el dolor de ya no ser más los dueños
del gobierno de blancos y colorados. Que tampoco son un solo partido y
menos aún tienen en sus internas una sola línea identificatoria.
El nuevo Uruguay con respecto a los 50 no tiene nada que ver. En verdad
nada tiene por qué tener que ver. Ni con el del 50 ni el del 70 ni el
del 90.
El nuevo Uruguay no existe. Es el resultado de una acumulación de
décadas como escribíamos al principio, en el que se promete el fin del
clientelismo político, lo que complica y en grado sumo, la forma de
trabajo de los partidos fundacionales.
Las últimas elecciones –y aquí escribimos tanto de octubre como de mayo-
marcan un notorio retroceso en el apoyo a los partidos tradicionales,
mucho más explícito en las municipales, porque el oficialismo ha ganado
Intendencias como nunca había ocurrido antes, salvo en Montevideo una
vez en poder del FA y dos del EP-FA si es que se los puede mostrar como
fuerzas diferentes.
Un nuevo país pero no tan nuevo pues, termina de mostrar claramente su
rostro el 8 de mayo. Los nuevos liderazgos blanquicolorados no han
logrado consolidarse, y eso lo sienten sus partidos. Las derechas e
izquierdas duras, tanto de pensamiento como de acción no mueven más que
unos pocos miles, quizás cientos ni siquiera miles de adherentes. Y el
futuro no pasa por su accionar político ni por la puerta de sus lugares
de reunión.
El futuro obliga al gobierno recién asumido a lograr una mejor
distribución de la riqueza, quizás solamente con ello cumpla su cometido
y dentro de cinco años la ciudadanía le renueve el crédito para que
intente seguir con los cambios por otro período igual.
LA
ONDA®
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