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No se puede aplicar la política del soplete
Sin fumar, espero...

por Jorge García Alberti

Las consecuencias que va dejando en la sociedad el hábito de fumar son como para tomar acciones concretas, que permitan erradicar el problema.
Uruguay no se puede permitir que mueran 15 personas por día a causa de enfermedades relacionadas con esa costumbre. La cifra es espeluznante y si se le suma la saga de secuelas, aún más.

Por ese motivo, esta semana, amparado en el artículo 44 de la Constitución, que señala que el Estado debe legislar en todas las cuestiones que tengan que ver con la salud y la higiene pública “ procurando el perfeccionamiento físico, moral y social de todos los habitantes del país”, el Gobierno implementó una serie de medidas que intentan corregir algo con el fin de proteger, especialmente, a los ciudadanos que no fuman e informar de los riesgos que corren los que decidan hacerlo.

Si bien la normativa se lanzó en el marco del Día Mundial Sin Humo de Tabaco, según las estadísticas, en Uruguay existen otros temas relacionados con la salud que son altamente peligrosos para el conjunto de la sociedad y para los cuales también habría que tomar medidas.

De acuerdo a un estudio de la Junta Nacional de Drogas, (JND) se calcula que unos 300.000 uruguayos tienen serios problemas ante el consumo de alcohol y su derivación, el alcoholismo.

El consumo y abuso de alcohol está extendido entre los jóvenes y es la droga lícita de mayor difusión en todos los sectores de la sociedad.

Los accidentes de tránsito también están considerados una “ pandemia” y son la causa de muerte más frecuente entre los uruguayos menores de 35 años. Este punto está muy relacionado con el consumo de alcohol. Además, los accidentes dejan secuelas muchas veces irreparables y causan gastos millonarios a las instituciones de la salud que deben cubrir la asistencia a los heridos.

En cuanto a las drogas ilícitas, el 6,6% de las personas tienen tendencia al consumo de marihuana y el 1,2% al de cocaína, según el mismo estudio de la JND. Realmente preocupante.

Por todos estos argumentos, no aparece muy claro el por qué del embate al consumo de tabaco, con medidas espectaculares, algunas de ellas de dudosa aplicación en la práctica. Y dejo constancia que no soy fumador.

En estos últimos días, tras conocerse los cuatro decretos, corrió, en los distintos ámbitos de la sociedad, todo tipo de especulaciones sobre su comprensión y aplicación.

Un amigo fumador me dijo que, a partir de ahora, iba a confeccionar una lista entre sus conocidos para saber quien tenía el hábito y quien no, y así coordinar las salidas porque tendría que ir a lugares distintos.

Algunos decretos están muy claros pero otros presentan asuntos que, en la práctica y como está estructurada la sociedad uruguaya, aparecen como algo muy difícil de cumplir.

Por ejemplo, se dice que habrá que dejar áreas delimitadas para fumadores en restaurantes, bares y lugares de esparcimiento. ¿ Los estadios son lugares de esparcimiento?. Parecería que sí. Algunos dirán, sí, pero son lugares abiertos. Y yo le podría decir: porque no le ha tocado un fumador adelante suyo, encendiendo un cigarrillo cada cinco minutos, con el estadio lleno. Entonces, el fumador se tendría que parar para cumplir con su hábito en los lugares determinados.

Otro tema que circuló estos días es el de los boliches nocturnos. Alguien puede imaginar que en plena temporada ( 1 de diciembre su cumplen los 180 días) en Punta del Este, habrá locales con lugares determinados para fumadores y no fumadores, con entradas independientes y que los turistas los respeten.
El departamento de Maldonado, durante el verano, es el lugar con el consumo de cigarrillos más alto de América Latina.

Un empresario gastronómico me hizo un comentario. Me dijo que iba a confeccionar una jaula de vidrio, muy pequeña, dentro del local, cuya puerta diera hacia la calle. Allí adentro iba a colocar una mesa con dos sillas y afuera de ese habitáculo colocaría un cartel que dijera “ área para no fumadores”. Según su criterio, estaba cumpliendo con el decreto.

En otro apartado, se indica que se prohibirá en forma total “la venta de productos de tabaco a menos de 200 metros de centros educativos públicos y privados de enseñanza Preescolar, Primaria y Secundaria”. Para el caso de Montevideo, debido a la concentración de centros de enseñanza que se dan en ciertas zonas de la ciudad, habrá lugares donde por decenas de cuadras no se podrá vender tabaco. Alguien podría pensar, que el consumidor lo compre antes. Quienes no van a estar muy de acuerdo son los establecimientos comerciales de esos lugares.

En este sentido, ya hay algún rumor que señala que la reacción de las tabacaleras a las medidas será la de bajar el margen de ganancia a los comerciantes, para lograr que se enfrenten al Gobierno.
El problema del daño que produce el tabaco es real y estoy de acuerdo con combatirlo.

Creo que no se puede hacer sin un estudio a fondo de las posibilidades reales que tiene de éxito. De otra forma, todo caerá en un saco roto y serán sólo medidas efectistas.

En mis años de adolescente, tenía un vecino que odiaba las hormigas porque le comían todas las hojas de sus plantas, prácticamente, en una noche. Eso ocurría todos los años.

El hombre no soportaba más de una semana. Un día se levantaba, tomaba un soplete y prendía fuego todo el camino de hormigas, hasta la superficie del hormiguero.

El remedio servía, pero por pocos días. Las hormigas volvían y él no entendía por qué.

Para este tipo de temas, no se puede aplicar la política del soplete.
Esta historia tendrá una segunda parte dentro de seis meses.
Sin fumar, voy a esperar a ver que pasa.

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