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Parte ll
Política Exterior de Brasil - 1990-2004
por el profesor Luiz Alberto Moniz Bandeira*

El comando de la Marina, responsable por las ultra-centrífugas para enriquecimiento de uranio, y las agencias brasileñas del sector advirtieron al gobierno de que por detrás de las presiones de la AIEA, tras las que se movía el Departamento de Estado, podría existir el objetivo de espionaje de la tecnología de punta desarrollada por Brasil y considerada superior a la americana y a la francesa. Y el vice-almirante Othon L.P. da Silva, en la reserva, apuntó el motivo estratégico-militar que determinaba las presiones desencadenadas por los Estados Unidos43. Aclaró que los artefactos bélicos nucleares podían ser clasificados de dos formas: los de destrucción masivo y los inhibidores de concentración de fuerzas. Armas de destrucción masiva eras las de fusión (bombas de hidrógeno) y las de fisión de mayor porte. Las de baja potencia eran inhibidoras, pues cualquier operación militar para invasión u ocupación de un territorio implicaba la previa concentración de fuerzas. La existencia de artefactos nucleares de baja potencia en el territorio-blanco, con un vector adecuado de lanzamiento, funcionaría como poderoso inhibidor, y obviamente no agradaban a los “países que tienen como opción política permanente la intervención militar – independientemente de la aprobación de la ONU”44.

La existencia de una usina de enriquecimiento de uranio disminuye el tiempo entre la denuncia de todos los acuerdos y tratados ya celebrados, y la eventual fabricación de artefactos, ej.: making nuclear weapon on short notice. Según el vice-almirante Othon L. P. Da Silva, la intención del presidente George W. Bus de reiniciar pruebas nucleares y desarrollar nueva generación de pequeños artefactos con el objetivo de usarlos de forma “quirúrgica”, hasta incluso contra países no nucleares, era preocupante para el mundo. Y tales actitudes, sumadas a agresiones, sin el respaldo del Consejo de Seguridad de la ONU, como sucedió en Irak, constituían un fuerte estímulo a la proliferación nuclear, principalmente en los países islámicos con los cuales había potencial de confrontación. Diversos motivos tenía, por lo tanto, Brasil para no permitir el tipo de inspecciones intrusivas que la AIEA iba a pretender. Y la perspectiva era de que la cuestión se reabriese en 2005, durante la conferencia del Examen del Tratado de No-Proliferación de Armas Nucleares, posibilitando que Brasil denunciase que las cinco potencias nucleares (Estados Unidos, Rusia, Inglaterra, Francia y China) no iban a cumplir el “compromiso inequívoco” en cuanto a la eliminación total de sus arsenales atómicos.

Otros acontecimiento, mientras tanto, contribuyeron a complicar aún más las relaciones bilaterales entre Brasil y los Estados Unidos, par quien el problema principal lo constituía la política exterior. El canciller, embajador Celso Amorim obtuvo otra victoria con la decisión de la OMC, en la cuestión de los subsidios a los productores de algodón, que causaban pérdidas comerciales a Brasil del orden de los u$s 480 millones. Durante una audiencia en la House of Representatives Agriculture Committee, el 28 de abril de 2004, el USTR Robert Zoellick declaró que iría a recurrir la decisión, pero diversos diputados reconocieron que Estados Unidos tendrían que desistir del ALCA, si el veredicto fuese mantenido, al final de la disputa. El diputado Robert Etheridge (Demócrata, Carolina del Sur) advirtió que, si la decisión prevaleciese, sería “una pérdida de tiempo” llevar el ALCA para la votación en el Congreso. Y, comentando la decisión a favor de Brasil, el diputado Bob Goodlatte, presidente del Committee on Agriculture, resaltó que ganar acceso para los productos agrícolas de los Estados Unidos era “the most important objective of the ongoing WTO negotiations”45.

Poco tiempo después, el 9 de mayo, The New York Times publicó un largo artículo, firmado por el periodista Larry Rohter, en el cual atribuía al presidente Lula da Silva la costumbre de beber, resaltando, ya en el título, que esta costumbre se convertía en preocupación nacional. El artículo, muy vago y sin ningún fundamento serio, liviano e inflamante, afirmó que la “president’s predilection for strong drink” iba a afectar la performance de su gobierno46. Y aún acentuó que históricamente los brasileños tenían razón de estar preocupados ante cualquier señal de “heavy drinking by their presidents”, pues Jânio Quadros, electo en 1960, era un notorio alcohólico y renunciaría al cargo, después de menos de un año de su investidura, dando origen a un período de inestabilidad política que “led to a coup in 1964 and 20 years of a harsh military dictatorship”47. Este artículo provocó la indignación del gobierno y la repulsa de todos los líderes políticos, hasta de la oposición, así como de la propia prensa brasileña, y el propio presidente Lula da Silva determinó la cancelación de la visa de trabajo de Rohter, implicando su expulsión de Brasil, medida ésta que recibió varias críticas en los medios políticos, aunque contase con el apoyo de la gran mayoría de la población brasileña.

Como Dora Kramer, columnista política del Jornal do Brasil, observó, Rohter hizo “un relato con respecto a rumores que, ni por lejos, figuran en la lista de las principales preocupaciones nacionales con relación al gobierno de Lula”48. Y exactamente por esto, debido a su falsedad, la publicación del artículo en The New York Times, menos de dos semanas después de la victoria de Brasil en la OMC, en conjugación con el artículo del Washington Post sobre la producción de uranio enriquecido en las instalaciones de la INB, en Resende, y otros hechos, fortaleció la conjetura de que estaba en curso una campaña para desacreditar a Lula da Silva, mostrarlo como incompetente, y crear una situación de ingobernabilidad, de modo de permitir la adopción del parlamentarismo con un jefe de gobierno más paliativo para Washington. La comparación con Jânio Quadros, más allá del inconveniente49, fue capciosa, al insinuar que Brasil podía caminar hacia una situación similar a la creada, con su renuncia a la presidencia de la República, el 25 de agosto de 1961. Todo indicó que los artículos publicados en The Washington Post, y por The New York Times, no fueron casuales ni eran inocentes. El ministro de Planeamiento, Guido Mantega, resaltó que cuando un diario, como The New York Times, pasaba a publicar este tipo de difamación, algo atrás había. “Si fuera un diario de la prensa amarilla, que viviera de esto, todo bien. Pero lo que vemos es que con el artículo trataron de desgastar la imagen del Presidente Lula”50. En su opinión, este intento de desgaste era orquestado por intereses norteamericanos, en virtud de que Lula da Silva había alentado la formación del G-20 (grupo de 20 países en desarrollo), combatía los subsidios agrícolas concedidos por los Estados Unidos e iba a dificultar la creación del ALCA. Círculos militares y diplomáticos igualmente sospecharon de que la CIA iba a desarrollar una guerra psicológica (prensa), en el estilo de la grey y black propaganda, emprendida usualmente por la CIA51, y su razón constituía la política exterior de Brasil, que contrariaba los intereses de los Estados Unidos.

Aunque mantuviese la política de estabilización monetaria, con más rigor aún que Fernando Henrique Cardoso, y promoviese dos reformas estructurales (previsional y tributaria), disgustando a los segmentos más radicales del PT y de la izquierda, pero ganando el respeto y la simpatía del empresariado y de los inversores extranjeros, la política exterior del gobierno de Lula da Silva, al defender, con firmeza, los intereses nacionales de Brasil, tanto en Cancún como en Port of Spain, entró en un camino de colisión con las directrices de la política exterior de George W. Bus. No fue sin razón, por lo tanto, que la revista americana Newsweek, en la semana de la reunión de Miami, circuló con el retrato de Lula da Silva en la tapa y el título: “The Two Faces of Lula: Wall Street Loves Him. Washington Loathes Him”52.


St. Leon (Baden-Württemberg, Alemania), mayo de 2004

Traducido para LA ONDA DIGITAL por Cristina Iriarte

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