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Los Estados Unidos y
El famoso periodista Seymour M. Hersh, de la revista “New Yorker”, reveló que estos abusos y torturas en la prisión de Abu Ghraib y también en el campo de concentración en Guantánamo, violando la Convención de Ginebra, no provinieron de inclinaciones criminales de algunos pocos soldados del Ejército americano, sino de una decisión aprobada por el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, con el objetivo de extraer de los prisioneros más informaciones sobre Al Qaeda y la resistencia en Irak. Y el Departamento de Justicia, en agosto de 2002, admitió en un memorando a la Casa Blanca que torturar terroristas de Al Qaeda, en el exterior, “puede justificarse”; que las leyes internacionales contra la tortura “pueden ser inconstitucionales si se aplican a interrogatorios” en la guerra contra el terrorismo; y que la necesidad de autodefensa “podía proveer una justificación que eliminaría toda responsabilidad criminal”. Y probablemente fue previendo el empleo de tales métodos que George W.Bush retiró la firma de EE.UU. del tratado creando la Corte Penal Internacional, para crímenes de guerra y contra los derechos humanos, e hizo una intensa campaña por medio de presiones y chantaje sobre otros países, de modo que no entregasen soldados americanos para su juzgamiento, privilegio que ninguna otra nación procuró obtener. Los métodos de tortura empleados en Guantánamo y en Abu Ghraib no son nuevos. Son similares a los consustanciados con el manual de entrenamiento “Kubark Counterintelligence Interrogation July 1963”, elaborado para Vietnam, y en otro manual – “Human Resource Exploitation Training Manual 1983” -, que se destinara a enseñar a los servicios de seguridad de América Central – Nicaragua, El Salvador y Honduras – a extraer informaciones de los sospechosos de subversión. Este manual fue usado en numerosos países latinoamericanos como instrumento de instrucción por la CIA y por los boinas verdes, de las Fuerzas Especiales de Operación, entre 1983 y 1987, y se tornó objeto de críticas en el Comité de Inteligencia del Senado americano, en 1988, debido a los abusos y violaciones a los derechos humanos cometidos por los militares de Honduras, entrenados por los norteamericanos. En marzo de 1992, fue enviado al entonces secretario de Defensa, Dick Cheney, un informe de investigación realizada internamente en el Pentágono sobre los manuales de contra-inteligencia e interrogatorio usados por el Comando Sur (Southcom) a través de América Latina y que suponían contener material “objetable”. Los investigadores trazaron los orígenes de las instrucciones sobre el uso de castigo, confinamiento, ejecuciones simuladas y aplicación del suero de la verdad hasta el Proyecto X, un programa ejecutado por las unidades de la inteligencia militar del Ejército americano en la década de 1960. Los oficiales latinoamericanos que cursaron la Escuela de las Américas entre 1966 y 1976 fueron entrenados de acuerdo al programa Proyecto X, presentado como “paquete de entrenamiento para proveer técnicas de contra-insurgencia aprendidas en Vietnam y en los países de América Latina”. Este entrenamiento fue suspendido en virtud de la comisión de interrogatorio en el Congreso y por temer el gobierno de Carter que contribuyese a la violación de los derechos humanos. Pero fue restaurado, en 1982, por el presidente Reagan. Frente a la repercusión altamente negativa que los escándalos de Abu Ghraib produjeron, la CIA anunció la suspensión de las técnicas “stress and duress” de interrogatorio, o sea, de las técnicas de tortura aprobadas nuevamente por la Casa Blanca y que resultaron en la muerte de prisioneros. Y el escándalo fue ocultado, con la condena de algunos soldados a penas leves, sin alcanzar a los mayores responsables en la cadena de mando. Con todo, la general Janis Karpinski, responsable por la prisión de Abu Ghraib, dijo la BBC, reveló, después de ser apartada del cargo, que escuchó a un comandante de la inteligencia militar, general Geoffrey Miller, que los prisioneros deberían ser tratados “como perros”, y alegó que ella y sus soldados estaban para servir como “chivos expiatorios” para abusos ordenados por otros. Pero los prisioneros continuaron enclaustrados, sin ninguna acusación y juicio, limitado hasta el acceso de la Cruz Roja, tanto en Guantánamo como en Abu Ghraib y cuarteles en otros países, para donde fueron secretamente transferidos. La CIA y el Pentágono mantienen prisiones clandestinas en Tailandia, Qatar y Afganistán, entre otros países, y escondieron de la Cruz Roja centenas de prisioneros, por orden del propio Donald Rumsfeld. Durante la audiencia de confirmación, el secretario de Justicia, Alberto Gonzáles, confirmó que la CIA no tenía prohibido usar tortura u otro método inhumano, siempre que fuese fuera de los EE.UU. Muchos prisioneros fueron entregados a otros países, como Egipto, Siria, Arabia Saudita, Jordania y Pakistán, de conformidad con el programa de “rendition” aprobado por la Casa Blanca, de modo que fuesen torturados y la CIA pudiese recibir después las informaciones. El profesor Scott Horton, especialista en derecho internacional de la escuela de derecho de la Universidad de Nueva York estimó que cerca de 150 personas habían sido transferidas para otros países y torturadas desde 2001. El diputado Ed Markey (demócrata) dijo que un número más preciso es difícil de obtener, pues la CIA se rehusaba a dar informaciones. Ni la Convención Contra la Tortura, ratificada por los EE.UU. en 1994, ni las leyes internas respeta Washington. Y busca redefinir el concepto de tortura, con el uso de términos como “manipulación ambiental” o “manipulación sensorial”, para justificar sus técnicas de interrogatorio. No sin razón, en el informe de 2005, Amnistía Internacional comentó que las flagrantes violaciones de los derechos humanos y de las leyes humanitarias, “en la guerra contra el terrorismo”, tornan una burla la pretensión de George W. Bush de presentar a los EE.UU. como campeones globales de los derechos humanos. Traducido para LA ONDA DIGITAL por Cristina Iriarte Otras notas del autor:
www.uruguay.com/LaOnda/LaOnda/238/B2.htm *Luiz Alberto Moniz Bandeira cientista político, profesor titular (aposentado) de la Universidade de Brasília autor de várias obras, entre ellas: A Reunificação da Alemanha: do ideal socialista ao socialismo global, De Marti a Fidel: a Revolução Cubana e a América Latina e Conflito e integração na América do Sul - Brasil, Argentina e Estados Unidos (Da Tríplice Aliança ao Mercosul). LA ONDA® DIGITAL |
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