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Escribiendo para el 2050
por Carlos Zapiola
Hoy es un día especial.
No voy a plantearles interrogantes, ni les voy a obligar a reflexionar
sobre nada.
Quiero que miren a su alrededor. Vean el mundo que tienen. El que les
hemos dejado los que ya no estamos.
Ustedes no tienen ni idea sobre qué pasó en los primeros cien días de
gobierno de Tabaré Vázquez y menos saben aún, diferenciar los cien que
le siguieron de aquellos.
La tecnología ha avanzado tanto que esta moderna computadora desde la
que les escribo, no la usan ni los niños en las guarderías –si es que
aún las hay-, y son un mero divertimento en el Museo de Antigüedades del
Siglo XX.
A nadie importa si fui el primero, el segundo o no hice nunca nada en
una actividad profesional, o siempre fui socio en algún emprendimiento
que ya hace mucho desapareció de la faz de la tierra.
De los líderes políticos del fin del siglo pasado y principios del
presente, no quedan más que algunos retratos, pocos escritos valiosos y
utopías propuestas que nunca pudieron llevar a cabo, pero que son la
base de lo que hoy se vive. Y esto solamente en el caso de aquellos que
algo han dejado como legado, puesto que son miles los que se tragó
ignominiosamente la Historia.
Haya paz pues en nuestras tumbas. Allí estamos todos reunidos. Los que
creímos que un país mejor era posible y que por él había que trabajar.
Los que hacían lo imposible para no perder sus privilegios, así la moral
no cuente en sus actitudes y la ética sea algo de lo que poco se conoce.
Más allá de escritos de la antigüedad.
Lo que ustedes ven es lo que quedó de ese enfrentamiento. Que es el
mismo que se da desde el principio de la vida humana. El hombre tratando
de superarse, otros hombres tratando que ello no ocurra, y otros más
allá ajenos a todo ello, sin conciencia de lo que alrededor de ellos
ocurre.
Las instituciones que ustedes tienen ahora, y rigen vuestra vida, son un
remedo con un remoto parecido a las que existían antes de la era de la
globalización, posterior a la Contemporánea. Meras clasificaciones
vacías de contenido por las que la humanidad se ha hecho trizas en
innumeras oportunidades.
A nadie importa si el MSP actuó bien o mal en mayo del 2005, si el PANES
está muy lento en su implementación y el Ministerio que lo dirige tiene
solamente 84 empleados, si la seguridad ciudadana se deteriora cada vez
más y si Uruguay clasificó o no para el Mundial de Fútbol del 2006. Ni
siquiera conocen que existe alguien que se llama Francisco Casal o
Eugenio Figueredo. Conocen a la FIFA porque ha seguido lucrando con el
deporte más popular del mundo, desconociendo a los jueces locales –y
esto que es un disparate de pronto tiene su lógica, aunque la misma sea
perversa-, y dictando justicia por mano propia.
Es así. No me puedo imaginar en verdad como es el mundo en el que
ustedes viven, soy como Julio Verne relatando el primer viaje a la luna.
Y no me importa.
Porque mi tarea hoy es seguir diciendo lo que por aquí pasa. Opinando.
Defendiendo a capa y espada el derecho de todos a opinar y a defenderse.
Marcando los errores y pensando hacia delante que nunca más debe ser
aceptado que un ciudadano electo para un cargo puede luego de ello
renunciar a lo que el cuerpo electoral marcó. Tiene la obligación de
ocupar una banca si así lo dispuso la ciudadanía y no es posible que
solamente haya servido para atraer votos de incautos encantados por
cantos de sirena.
En caso de no ocupar la banca no puede tener otro cargo de poder, deberá
ser un simple trabajador más pero no representar a nadie –si es que en
verdad lo hace-, y menos aún tomando posición a favor del grupo político
por el cual se presentó a las elecciones.
Nadie debería ser candidato en elecciones separadas como las que hay hoy
de Parlamento e Intendencias si es electo en una instancia debería estar
inhibido de presentarse en la otra. Se llame como se llame.
Quizás todo esto ustedes los del 2050, ya lo hayan solucionado, aunque
sea en parte. Quizás hasta tengan un sistema de partidos funcionando y
una Seguridad Social que cubra realmente a todos los ciudadanos. Quizás
hasta puedan tener una vida digna y la deuda externa sea solamente un
documento de la era anterior. Quizás los jefes de las barras bravas de
los partidos de fútbol, ya desaparecidos y en nuestras tumbas contiguas,
no deban ser llamados por un jefe policial diciéndoles que los
espectáculos son para disfrutarlos y no para matarse como
entretenimiento.
Quizás todo esto nunca lo lean, pero nunca lo comprendan. Ojalá que sea
porque el medio ambiente ha sido protegido, la capa de ozono ha vuelto a
la normalidad y los pobres del mundo, los sin voz, hayan tomado asiento
en los sitios de poder.
Son nada más que 45 años los que nos faltan para llegar a ustedes.
Sinceramente, me parecen muy pocos para todo lo que aún nos falta hacer
por los demás y lamentablemente serán muchos los que entiendan mi
escrito lamento de hoy.
Chau. Y por suerte no tuvieron que hacerme una estatua, porque hubo
muchas en el siglo pasado que luego fueron derribadas. LA
ONDA®
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