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José Gervasio Artigas,
El evocar a Artigas trae
consigo, junto al aspecto histórico y formativo de la
idiosincrasia de nuestras gentes, el rememorar, desde un
punto de vista psicológico, la figura mítica del padre. Y
reconocer al padre supone el riesgo de aceptar y tolerar,
creativamente, la distancia que separa al hombre de la
función que se ve convocado a encarnar.
Hablamos de la persona y la imagen que su figura proyecta. En nuestro caminar, iremos, en un sentido simbólico, del adoquinado aldeano a pisar la tierra negra de la vasta y sugerente llanura de nuestra espacialidad oriental. El paso de la aldea al campo, de lo estructurado a lo abierto será, en definitiva, un viaje del espíritu que buscará, en unidad espiritual con las gentes de la campaña, recrear una manera de ver y de pensar el mundo a partir de la propia percepción, aunque apoyado en el conocimiento que la Ilustración trajo y cuya prédica instaló en los espíritus libres tal inquietud, que devino en fermento libertario, el cual es dable observar tanto en Artigas bien como en quienes estuvieron a su lado.
La primera Biblioteca Pública Esto sucede en agosto de 1815. En esa orden al Cabildo, dice Artigas: “Yo jamás dejaría de ponerle el sello y mi aprobación a cualquier obra que en su objeto llevase inculpido, el título de pública felicidad. Conozco las ventajas de una biblioteca pública y espero V.S. cooperará con su esfuerzo e influjo a perfeccionarla, coadyuvando a los heroicos esfuerzos de un tan virtuoso ciudadano. Por mi parte, ya adopté las gracias a dicho paisano, protestándole mi más íntima cordialidad y cuanto dependa de mi influjo para el adelantamiento de tan noble empeño”. Para su inauguración, en mayo de 1816, hay actos e incluso un himno. Curioso himno éste, compuesto por Francisco Araucho, cuya letra habla ya del espíritu que las gentes de entonces comenzaban a tener por propio y que a la postre será aquel que signará nuestra identidad: el librepensamiento, el que proviene de la Ilustración. Atendamos algunas de estas estrofas:
Gloria al numen sacro
Ya se abren las puertas
Del libre sistema
Noble empresa ha sido
Que honra la memoria
Salve Biblioteca! Al recibir el texto de la alocución de Larrañaga, en tal ocasión, extraemos parte de la respuesta de Artigas, desde Purificación: “Estamos para formar los hombres, inspirando a los jóvenes aquella magnanimidad propia de almas civilizadas y formar en ellos aquel entusiasmo que hará ciertamente la gloria y felicidad del país. Doy las gracias a usted por su decidido empeño y ojalá que el resto siga el ejemplo de usted, interesándose en desplegar las luces bastante para afianzar los bienes que vemos renacer en nuestra infancia política.”
Por todo título el de ciudadano “La moral del más puro republicanismo”, dice Pereda, “brilla en cada una de sus líneas pues no se concretó a rechazar los títulos y honores que entrañaban los términos de la resolución, sino que por el contrario exhortó a sus autores a fijar la mirada, sobre todo, en la conquista de la libertad y bienestar de la Provincia, sin perder el tiempo, por lo tanto, en asuntos de carácter secundario cual lo eran para él los simplemente pomposos. Quería eliminar para siempre los homenajes que pudieran confundirse con los acordados durante el coloniaje por la monarquía hispana.” ¿Qué título mejor para un patriota de sus relevantes cualidades, que el de ciudadano de una patria libre? Así lo comprendió y así lo expuso Artigas en su respuesta fechada en Purificación, febrero 24 de 1816, y que dice lo siguiente: “Es superfluo que empleemos lo precioso del tiempo en cuestiones inútiles, los títulos son los fantasmas de los Estados, y sobra a esa ilustre Corporación tener la gloria de sostener su libertad sobre el seguro de sus derechos.” “Este rasgo de filantropía, le constituye superior a cualquier otro homenaje que eternizará ciertamente la memoria de sus representantes. Yo quiero prescindir por un momento de los motivos que han justificado hasta la presente la posesión de su tratamiento, pero no puedo persuadirme sea ajustado a una crítica juiciosa.” “El mundo espectador observa aun nuestros menores movimientos y los hombres libres miran con indignación que besemos todavía las cadenas de nuestro envilecimiento. La España recompensó los servicios de Montevideo con esa gloria efímera, y su memoria debe sernos odiosa.” “Hemos rotos los vínculos con la Provincia y debemos borrar hasta las heces de nuestras antiguas amarguras. El cielo quiere proteger nuestros votos y mientras se acercan tan felices momentos es mi parecer que V.S. ajuste su tratamiento al que le conservan los demás cabildos. Por lo mismo, he conservado hasta la presente, el título de un simple ciudadano, sin aceptar la honra con que el año pasado me dio el Cabildo que V. S. Representa. Día llegará que los hombres se penetren de sus deberes y sancionen con escrupulosidad lo más representante al bien de la Provincia y honor de sus conciudadanos. Tengo la honra de saludar a usted con mi más afectuosos respetos, José Artigas.”
Artigas, fraternidad y simbolismo “Cuartel General, 21 de mayo de 1815”. Dice Artigas: “Acabamos de perder el virtuoso ciudadano, Comandante de División Don Blas Basualdo. La muerte le arrancó de nosotros después de una dolencia dilatada, y el lleno de sus destinos señalando su carrera con mil servicios brillantes que reclaman el reconocimiento de la patria y el llanto de los hombres de bien.” “Yo he regado su sepulcro con mis lágrimas y he tributado a su memoria todas las honras debidas a su mérito admirable, sin embargo, sus trabajos y sus glorias piden una demostración más general. La Provincia le debe fatigas de cinco años, la victoria coronó tres veces sus esfuerzos y sus resultados bienhechores halagaron la consolación pública.” “Excito todo el civismo, la ternura y la gratitud de esa ilustre corporación, a que acompañe el justo dolor y el del Ejército, lleve a su memoria al pie de los altares, dedicando un día la piedad religiosa en su obsequio.” “Y para eternizarlo, como corresponde a nuestra historia, y a la gloria particular a que es tan dignamente acreedor, he tenido a bien determinar un convite fúnebre que deberá seguirse a las exequias del templo. V. S. tendrá la dignación de celebrarlo en su casa consistorial haciendo sentir con la mayor frugalidad, concurriendo con ropa de ceremonia y presentando al fin la única copa que habrá a la memoria de aquel ciudadano fiel. Derramará todo su licor sobre una palma que ocupará desde el principio el centro de la mesa.” “Llevemos así su nombre glorioso a la posteridad y uniendo constantemente nuestras lágrimas, démosle un ejemplo de gratitud y enseñémosla a honrar la virtud de un hombre que vivió para servir a sus hermanos y bajó al sepulcro con tan preciosos anhelos. Tengo el honor, etcétera... José Artigas al Muy Ilustre Cabildo de Montevideo.” Queda en nosotros el meditar respecto de tan sentidas y profundas palabras y poder apreciar, consecuentemente, la profunda imbricación de Artigas con lo americano, con lo indígena puesto que, rituales como el descripto refieren, por qué no, a una de las grandes líneas de sangre de nuestra América del Sur: los guaraníes y, al mismo tiempo, habla de una apertura de miras, ante lo trascendente, por parte de Artigas que lo desafecta, a mi criterio, claro está, de dogmas limitantes y limitativos del espíritu, dando por el contrario la mayor apertura (recordemos esa famosa frase “...en toda su extensión” al desarrollo de la potencialidad humana, luego racional, de lo humano en el hombre (irguiéndolo de su animalidad, de su mera nuda vida, vida viviente, elevándolo, pues a la vida inteligente con visión, desde la finitud de la vida, pero eterna en la concepción de quien se sabe, pasará pero descubierto y aceptado tal extremo, se aboca a vivir la vida, en cada instante, como una eternidad, con sentido y, principalmente, con responsabilidad. Asimismo, notamos aquí, como en tantos otros ejemplos, documentados, relacionados en su acervo, cómo Artigas comprende la amistad y cómo entonces la enmarca en una fraternidad que va más allá de aspectos corporativos, de defensa de una misma suerte de hombres, sea por su función, sea por sus aficiones y toma a la relación con el otro, como el centro mismo de su vida, como el faro al que el hombre debe dirigirse: al otro, hacia el otro, para luego reconocerse y aceptarse en su condición de hombre, pero de hombre en relación con otro hombre, con el otro, con la otra, que no es un aspecto de género, sino de especie, de vida inteligente y sensible, pues. El trato que él daba al diferente, es el trato que da a todos, no haciendo cuestión de piel ni de credo ni de especie alguna.
Su patria, la América del Sur Luego, toda idea de integración, de complementación entre los pueblos de la región, es una idea que viene con la historia, que está en la tierra y en el cielo de nuestros respectivos horizontes de vida. Y en esto, que se sepa, la permanencia de un anhelo, la vigencia de una idea, trasciende al individuo y se inserta en la lógica misma de los procesos históricos: América del Sur tiene un destino y este no es sino el de su vigencia como nación de naciones, tierra de un solo patio sin diferentes y sí con hermanos, como Artigas solía llamar a los suyos, a los americanos del Sur.
La ley de la ternura Dice Artigas al contar la tragedia de uno de los suyos en momentos dramáticos: “Si hay un cuadro capaz de comprometer la humanidad hasta el exceso de excitarse en los mismos enemigos, no hay otro más propio que el que presenta este caso. La miseria no se ha separado de sus filas desde que se movió. Todo se ha reunido para atormentarle y yo destinado a ser el espectador de sus padecimientos, no tengo ya con qué socorrerlo. No se pueden expresar las necesidades que todos padecen expuestos a la mayor inclemencia, sus miembros desnudos se dejan ver por todas partes y un poncho hecho pedazos, liado a la cintura es todo el equipaje de los bravos orientales. Mil veces he separado mi vista de un cuadro tan consternante. He recurrido a la más rígida indulgencia pero su resignación impone con más rigor la ley de la ternura. Y es preciso ceder.” Artigas al Triunvirato, Salto Chico Occidental, 24 de diciembre de 1811. Ejemplo este, como otros tantos, de la madura concepción que el hombre Artigas tenía de lo femenino y de lo masculino, aquello que a posteriori, por ejemplo, tan bien tratara el psiquiatra Carl Gustav Jung. Porque un hombre que sabe de la ternura y no encuentra reparos –consideremos que estamos hablando de un hombre a comienzos del siglo XIX- en su exteriorización, es un ser maduro, psíquicamente hablando.
Un verbo y sus complementos De ahí que Artigas procede de tal verbo y nosotros hoy hemos intentado artigar la historia, al quemar el monte bajo de lo estridente para allegarnos al hombre que fue José Gervasio Artigas.
Un nombre y sus calificativos Artigas, el ilustrado, impulsor, como hemos visto, de la educación y de la promoción del conocimiento para todos los habitantes de estas tierras; Artigas, el hombre sensible, el hombre que, aun en la tragedia, se irguió, constituyéndose en claro y magnífico ejemplo de nobleza a imitar; Artigas, el hombre que se permitió llorar y decir que lloró, a la vez pudo ser tierno, porque supo amar; Artigas y lo trascendente, su contacto y apego con el simbolismo guaraní a partir de aquella lengua que, como sabemos se basa en el Ñ´E´, que significa palabra, siendo pues el guaraní un lenguaje que gira, se nutre y vive, de lo espiritual, de lo simbólico. En definitiva, José Gervasio Artigas fue un hombre cabal, un librepensador y un americano auténtico; un americano del Sur. LA ONDA® DIGITAL |
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