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El comunismo empresarial
por Daniel Mordecki
El
viejo Marx pintó un futuro comunista, un futuro que se regiría por la
consigna "De cada cual según su capacidad, a cada cual según su
necesidad" y dedicó su vida a construír una columna que peleara por
hacer realidad ese futuro. Lo que no imaginó es que ciento cincuenta
años después tendría como militantes activos de esa columna a una parte
del empresariado uruguayo, militantes tan comprometidos con la causa que
fueron mucho más allá de las intenciones y transformaron la consigna en
realidad.
De cada cual según su capacidad
El primer paso es comprar, heredar, construir o conseguir una empresa.
No importa si se trata de un banco, o varios bancos, o un campo pequeño,
o un campo grande, o una megaconcesión, o una pequeña concesión, o una
aerolínea.
Lo sustantivo es manejarlo de forma a todas luces displicente, incumplir
todos y cada uno de los compromisos, pagar tarde y mal los impuestos,
pagar tarde y peor las deudas, y si es necesario patear el tablero
vendiendo por debajo de los
costos al ritmo de una floreciente campaña publicitaria. Los más
militantes, los revolucionarios de todas las horas, encontrarán la forma
de agregarle a esto fraudes, estafas, robos y todas las malversaciones
que estén a su alcance, ejecutadas donde fuera posible con alevosía,
premeditación, nocturnidad y escalamiento. Ante las críticas, quejas,
juicios, y otras molestias ecológicas de la misma índole reaccionarán en
público rajándose las vestiduras del progreso, los
puestos de trabajo, la inversión extranjera y el aumento de la torta. En
ámbitos más privados, guiñarán un ojo y comentarán socarronamente: "Es
lo que hay valor, hacemos lo que podemos".
A cada cual según su necesidad
Claro, nada dura para siempre, así que a veces la capacidad no alcanza y
la empresa se va al tacho, o mejor dicho, se destapa el tacho. Allí se
ven balances edulcorados, pasivos descomunales, modelos de negocios
inviables, ineficiencias dignas de la peor oficina pública.
Pero en vez de reclamar la insensible libertad de mercado, que
implicaría que la empresa quiebre, que se rematan su bienes y se divida
lo recaudado entre los acreedores, que si falta se ejecute el patrimonio
de los responsables y si hubo delito, estos además vayan a la cárcel,
los empresarios comunistas, cumpliendo con su deber militante, reclaman
el tierno y humanitario camino del comunismo empresarial: "¡Hay que
salvar esta empresa! No por mí, sino por Doña
María, y por el país". Así Doña María, sólo en los últimos 20 años, pagó
como para ser dueña de varios bancos, envasadoras de cítricos, unas
cuantas toneladas de pollos, campos chicos y.grandes, eurobonos,
carreteras como para dar la vuelta al mundo, y de yapa un cupón cero. La
próxima que le prometieron es un taburete en la cabina del avión, para
viajar al lado del piloto...
¡Empresarios del mundo, uníos!
¿No fue suficiente? ¿No alcanzó? ¿No es hora de que los buenos
empresarios, que los hay y muchos, grandes, medianos y pequeños digan
basta y se separen de una vez por todas de los empresarios comunistas?
Sin duda es hora de deshacernos de quienes proponen con desparpajo y
cara de jugador de poker privatizar las ganancias y socializar las
pérdidas.
daniel@concreta.com.uy
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