|
Mujer, ciencia e investigación:
América Latina y Uruguay
por Licenciada Ana Buti
La
presencia de datos incipientes en la materia en estos últimos
años responde a los avances que ha tenido la reflexión sobre la
cuestión de género. La consolidación de los estudios de género
como un campo específico de estudio de lo social, permitió
trascender sus discusiones iniciales centradas básicamente en la
problemática de la familia, la división sexual del trabajo y las
clases sociales, y abordar desde esta perspectiva temáticas
diferentes a las tradicionales. En esta tendencia se sitúa el
abordaje actual de las relaciones de género en el campo
científico.
En lo que hace a la vinculación
entre género y ciencia en América Latina, los datos señalan a
grandes rasgos las siguientes tendencias. En términos generales,
en los últimos años, se ha dado un incremento notorio en la
participación de la mujer en las actividades que implican
niveles de educación superior. Esto se debe a un proceso más
amplio que se evidencia en el aumento de la participación
femenina en todo el sistema educativo.
Efectivamente, a
fines de la década del 70 se produce en América Latina un
incremento en el acceso de las mujeres a la educación formal en
sus tres niveles. A nivel de educación primaria, la matrícula de
mujeres en la región alcanza promedios equivalentes a los de las
matrículas de varones. En relación a la educación secundaria, se
ha observado un incremento similar que
incluso
ha superado el acceso de los hombres en algunos países. En la
educación superior, finalmente, este incremento también se
produce aunque ya de forma más moderada y con diferencias
sustantivas entre los diversos país (Almerás, 1994).
Sin embargo, este fenómeno global
no muestra los procesos diferenciales en la participación y el
acceso de la mujer al ámbito educativo, procesos que
repercutirán posteriormente en su inserción laboral al campo
científico y tecnológico. En este sentido, las distinciones de
género que se verifican en las diversas sociedades se
complejizan en términos socio-económicos, de etnia y de
generación, al interior de las realidades urbanas y rurales, no
pudiendo desprenderse de estas diferencias, para su comprensión,
la participación de las mujeres en actividades científicas. Así,
al mismo tiempo que se observa este incremento de la
participación femenina en el sistema educativo, las mujeres
indígenas de América Latina continúan teniendo un acceso
restringido a este sistema debido, entre otras causas, al
repertorio de la lengua étnica, a pautas culturales propias y al
hecho de estar preferentemente localizadas en zonas rurales de
difícil acceso (Almerás,1994). Una situación similar se puede
verificar para los varones indígenas y el resto de hombres y
mujeres que viven en zonas rurales.
Por otra parte, también debe
señalarse que aunque la mayoría de las mujeres acceden a
educación primaria, ello no significa que todas las que
comienzan dicho ciclo continúen dentro del sistema educativo
hasta el ingreso a la educación superior. Las mujeres que
alcanzan la educación universitaria son aquellas que han podido
vencer ciertas barreras vinculadas con su situación
socio-económica, de género y de etnia, siendo aún un grupo
reducido dentro de las propias mujeres. Encontramos entonces
que, respecto de la educación universitaria, el progresivo
aumento en el acceso de la mujer a estudios de nivel terciario
no se da de forma homogénea.
En términos de opciones
vocacionales, las tendencias señalan concentraciones de la
matrícula de mujeres en áreas consideradas "tradicionalmente
femeninas": disciplinas vinculadas a la educación, a la salud, a
las ciencias sociales. En las carreras vinculadas a las ciencias
básicas y tecnológicas, existe una clara concentración de
varones. Sin embargo, debe señalarse que se ha producido un
aumento en la participación de las mujeres en estas carreras
"tradicionalmente
masculinas", sobre todo en las
ingenierías y las ciencias agrarias. Del mismo modo, es notoria
la participación cada vez mayor de las mujeres en la carrera de
Química (Almerás, 1994; FLACSO,.1993; UNESCO, 1998). Esta
diferenciación por género de las elecciones vocacionales se
reflejará posteriormente en la inserción de las mujeres en la
actividad científica.
En cuanto a la carrera docente
universitaria, la participación de las mujeres también se ha
incrementado en los últimos años. Pero así como la participación
de las mujeres es mayoritaria en la docencia de los primeros
niveles de la educación formal, esta relación se invierte en la
docencia de educación superior. Aquí, la presencia de las
mujeres docentes es tres veces inferior a la de los varones en
la mayoría de los países latinoamericanos. Esta relación
inversa entre la docencia femenina en la educación primaria e
inicial y la educación universitaria expresa la tendencia de
concentración de la participación femenina en los ámbitos de
menor jerarquía y poder institucional (FLACSO, 1993).
Para
leer la totalidad de este
trabajolo invitamos a ingresar aquí:
1 En las últimas
discusiones relativas a políticas científicas para la mujer en América
Latina (Foro Regional UNESCO, Bariloche, 1998) se observó la necesidad
de generar de forma sostenida datos referidos a Género y Ciencia..
Ana Buti: es Estudiante de la Maestría en Estudios Fronterizos y
Licenciada en Antropología Social y Cultural de la Universidad de la
República, Uruguay; Profesora Asistente de la CSIC y Estudiante del
programa de doctorado en “Filosofía, Ciencia, Tecnología, Sociedad” de
la Universidad del País Vasco.
. LA
ONDA®
DIGITAL |
|